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"San Juan tiene el doble de población sin estudios que la media del municipio"

"Casi un tercio de la población de la ciudad vive en barrios vulnerables, en los que hay que actuar", asegura el profesor de geografía de la ULPGC y técnico de Geursa

Santiago Hernández.

Santiago Hernández. TONY HERNÁNDEZ

¿En qué consiste la vulnerabilidad urbana?

Es un concepto que tiene cada vez más importancia en el análisis, diagnóstico y en la planificación de la ciudad, sobre todo porque con la crisis económica muchos barrios han visto amenazadas las condiciones mínimas básicas par tener una calidad de vida digna. Eso tiene su relación con la parte social, con la vida cotidiana de la gente, la accesibilidad, las dotaciones y los servicios, la calidad de sus viviendas, el estado de su entorno cotidiano, los recursos económicos para salir adelante. Luego está la vulnerabilidad ambiental, que es la cualidad o la probabilidad que tiene un barrio para ver afectadas sus condiciones básicas de vida. Por ejemplo, el Risco de San Nicolás o barrios como La Isleta, donde hay una población con escasos recursos económicos, que sufre la degradación de las viviendas y calles, lo que genera un entorno poco grato con el que sentirse identificado.

Llama la atención la degradación y marginación de El Risco pese a estar en el corazón de la ciudad, ¿Por qué se ha producido ese fenómeno?

Por la propia evolución de la ciudad. Es un fenómeno que se da en casi todas las grandes ciudades españolas y, sobre todo, con especial virulencia en las ciudades latinoamericanas. Determinados barrios van concentrando una población que no tiene recursos económicos para poder acceder a una vivienda y se ven obligados a residir en entornos periféricos; en barrios con mala calidad de la urbanización, de la vivienda y el paisaje. La administración pública poco a poco va mejorando esta situación, pero la velocidad con la que se mejora no es la que necesita la población. Son situaciones que se remontan a muchos años atrás, como la que se producen en los polígonos residenciales construidos en los años 60 o 70, como Las Rehoyas, Cruz de Piedra, Jinámar o San Cristóbal. Son una herencia que cuesta solventar en pleno siglo XXI. Los polígonos son resultado de una moda que se desarrolló en los años 60 y 70 en esta ciudad, donde la prioridad absoluta y casi única era habilitar viviendas para los colectivos más desfavorecidos. No se pensaba en nada más. Eso llevó a polígonos con mucha población; con unas viviendas de poca calidad y pequeña superficie.

¿Y cómo se puede combatir la vulnerabilidad de los barrios desde la actuación urbanística?

La administración pública disponía hasta bien entrado el siglo XXI de recursos que permitían tirar abajo un barrio y volverlo a hacer bien, actuaciones de renovación urbana, como se hizo en El Polvorín. La crisis económica y, sobre todo, el control del déficit público que se impuso dificulta bastante esa renovación. Dependemos de fondos europeos. La única solución frente a esa falta de recursos es la inventiva, la participación, que se busque no tanto tirar el barrio y volverlo a hacer sino ir más hacia la rehabilitación, mejorando las zonas verdes, las viviendas, las dotaciones y servicios y todo aquello que afecta a la población. Eso conlleva más participación, confiar más en los vecinos a la hora de decidir qué hacer en un barrio y la integración de los diferentes servicios públicos a la hora de actuar.

¿Cuáles son las herramientas y obstáculos de la planificación urbana?

El antiguo modelo de planificación urbana es cada vez es más obsoleto porque se necesita la intervención de otras visiones, como la ambiental, cultural, con perfiles profesionales de la ingeniería, de la historia, de la salud pública, la sanidad a la hora de intervenir. Y confiar en la participación. En mi intervención hablo de como pasar del urbanismo clásico al de tercera generación o del siglo XXI. El ingeniero José Manuel de la Riva lo denomina la inteligencia del territorio y plantea que la ciudad es una entidad dinámica que no sólo se mueve por lo que hacen las administraciones públicas, sino porque hay unas relaciones muy estrechas entre la población, las empresas, el medio ambiente, las administraciones públicas o los turistas. Esas relaciones se traducen en que un barrio funcione de una manera en una zona y con los mismos ingredientes sea distinto en otros territorios. Esa inteligencia del territorio intenta extraer las potencialidades que cualquier barrio ofrece. Por muy degradado que parezca tiene posibilidad de salir adelante. Sólo falta que alguien lo ponga en valor o en marcha.

El Risco de San Nicolás ocupa el número 18 de barrios más vulnerables de España, ¿Cómo se puede mejorar su situación?

Lo interesante en El Risco es que la población se está moviendo y empieza a reaccionar. Hay barrios que tienen su tradición en ese proceso de participación, como el Risco, La Isleta, Las Rehoyas o Tamaraceite o el Cono Sur. En los años 80 hubo una explosión de participación, luego la gente se acomodó en los 90 o perdió la confianza en la participación y ahora, con la crisis, vuelve otra vez; no sé si porque la situación está tan mal o porque han visto que el Ayuntamiento ha creado una estructura de participación ciudadana. Esa reacción de la población se ha dado sobre todo en el Cono Sur, La Isleta, El Risco de San Nicolás. Eso es lo que hace falta, es la naturaleza de la ciudad. Hay un concepto nuevo: el derecho a la ciudad, que dice que son los vecinos los que necesitan que se les escuche y que sean ellos los que dinamicen.

¿Que decidan los vecinos cómo quieren vivir?

Claro. Esa es la idea, que decidan ellos como quieren vivir, porque a lo mejor hay algunos barrios que son poco exigentes y se conforman, pero hay otros que quieren chalets y zonas verdes y peatonales.

¿Cuáles son los barrios más vulnerables del municipio?

El Ministerio de Fomento puso en marcha en 1990 un observatorio de la vulnerabilidad urbana, que analiza los barrios urbanos vulnerables. La última edición se remonta a 2011 y establece distintos grados de gravedad de la vulnerabilidad urbana. En el grado máximo se incluye al Polígono de Cruz de Piedra. Es el único del municipio que está en el grado máximo. Luego, con vulnerabilidad severa están Jinámar, Las Rehoyas y los riscos urbanos de San Juan, San Nicolás y San José. La Isleta también aparece entre los barrios vulnerables, pero con la gravedad más moderada. Aparecen también Escaleritas, La Paterna y El Polvorín.

¿Qué hace que un barrio tenga ese grado de vulnerabilidad?

El método del Ministerio utiliza hasta cien indicadores, pero se apoya fundamentalmente en una decena, como la cantidad de población de más de 75 años. Por ejemplo, en los Riscos hay un 10% de población de más de 75 años, una situación a la que se añaden la difícil accesibilidad. Además de la edad, se tiene en cuenta el porcentaje de población inmigrante, la antigüedad y estado de conservación de las viviendas, La dotación de servicios y equipamientos, el porcentaje de paro, el nivel educativo de la población. Por ejemplo, San Juan tiene un 16% de población analfabeta o sin estudios y la media de la ciudad está en 7,5%. San Juan tiene casi el doble y es una población relativamente joven. ¿Cómo podemos tirar para delante con una población con ese nivel educativo?. Habría que intervenir con cursos de formación para facilitar el acceso al empleo o la emprendeduría. Son situaciones bastante llamativas. La ciudad tiene un 7,5% de mayores de 75 años. Está envejeciendo bastante, un 1 o 2% más que otras capitales, como Barcelona. San Roque tiene también un 10% de mayores de 75 años. Son situaciones no deseables. Otro indicador es el riesgo de la pobreza de la población. A nivel de Canarias hay un 30% de población en riesgo de pobreza. Si aplicamos esa media nos sale en torno a 100.000 personas en riesgo de pobreza en la capital. Si juntamos todos los barrios vulnerables tenemos que 150.000 personas viven en barrios vulnerables. Son vulnerables. Casi un tercio de la población vive en barrios vulnerables en pleno siglo XXI. No podemos olvidarnos de que hay gente con problemas. El desarrollo y el turismo están bien, pero hay población que tiene problemas. Con este taller pretendemos poner sobre la mesa esta problemática. El derecho a la ciudad, a la vivienda, a la calidad de vida, a un entorno atractivo no son cuestiones baladíes, pero la administración pública, por múltiples causas, no sabe responder a este desequilibrio.

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