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Fiestas Fundacionales Hijo predilecto

"Cuando era pequeño creé mi propio museo de Las Canteras en casa"

"En el futuro me gustaría que dejaran la playa como está. Ella funciona por sí sola", sentencia el fundador de la Asociación de Amigos de Las Canteras

Francisco Bello García, ayer, desde el balcón de su casa.

Francisco Bello García, ayer, desde el balcón de su casa. JOSÉ CARLOS GUERRA

¿Cómo se siente al recibir esta premio?

Estupendamente (Ríe). Un poquito nervioso, pero como la gente me está llamando ya me lo voy creyendo un poco más (ríe), porque es un poco fuerte; ahora me van a exigir más.

¿Qué vinculación tiene con Las Canteras?

He vivido aquí toda mi vida, llegué con dos años. Mi padre era canario pero se fue a Alemania a estudiar ingeniería industrial. Cuando vino, como sabía alemán y estaba especializado, sacó un trabajo de ingeniero en Unelco, en La Cícer. El sitio más cerca para vivir era una casa en la playa de Las Canteras que había por la zona de Nicolás Estévanez y allí nos vinimos de alquiler. Era una casa enorme, con torreón, con un jardín, garaje.

Y ya no se movió...

No, incluso hice un museo del mar en mi propia casa cuando tenía siete u ocho años. Mi padre era socio del Museo Canario y nos lo enseñaba, y yo emulando hice en un cuarto un museo con todo lo que me encontraba en la playa. Y me fui enganchando a la playa, aunque fui nunca pescador, me daban pena los peces .

¿Cómo era entonces la zona?

Todas las casas eran pequeñitas, el acceso a la playa era como ésta [su casa], unas escaleritas y bajabas. La limpieza la llevaba un carro con un burro, que recogía la seba. Y todos nos conocíamos.

¿Ha mejorado la playa?

Diría que se ha mantenido; empeorado no, aunque tuvimos una época mala en los años 80 cuando había mucha suciedad y estaba el entorno muy deteriorado. La playa estaba muy abandonada; por desconocimiento, claro. Había gente que la cuidaba pero la playa es tan grande y tiene tantos problemas. Y entonces apareció el senador Gregorio Toledo y me puse a trabajar con él; sin ganar un duro (ríe), con otras personas. Recogíamos colillas, dábamos charlas sobre cómo cuidarla, llamábamos la atención a las instituciones públicas.

Y entonces crearon la Asociación de Amigos de Las Canteras.

Sí. Íbamos hasta los hoteles, a Tenerife, a concienciar a la gente.

¿Cómo recibía la gente estos mensajes?

Bien. No había ningún vecino, chiquillo, ni mayor, que no fuera consciente de su cuidado.

¿Qué hubiera pasado de no haber existido la Asociación?

Pues quizás no la tendríamos tan bien cuidada como hoy. Entonces venía un amasijo de gente y hasta se cocinaba en la playa, después lo prohibieron, lo mismo ocurría en el día de San Juan. Se fue concienciando a la gente de que no se podía abusar de la playa.

¿Entendían los gobiernos municipales las peticiones de los Amigos de la Playa?

Sí, me hicieron caso (ríe), era insistente.

¿Le tentaron alguna vez políticamente?

No, me llevaba bien con todos. A lo mejor lo intentaron, pero no me di cuenta (ríe) o no lo intentaron porque sabían que no estaba por esa labor.

¿Alguna vez pensó en dejar la asociación por el trabajo que conllevaba?

No, no daba tiempo. Estábamos todos los días de reuniones y, cuando querías pensar, estábamos con la limpieza de los fondos, llamando a la Guardia Civil para que nos ayudara; involucrando al Club Victoria, al Metropole, porque a la playa venían los nadadores y yo había sido federativo, comenzamos con las travesías. Y me iba metiendo en más cosas o me iban metiendo, no lo sé (ríe), e implicando a toda la familia y a los amigos. Y sigo con asuntos de la playa.

¿Cuáles diría que son hoy los problemas de la playa?

El socorrismo; que se preste bien el servicio; la contaminación de los plásticos, nos hemos encontrado trocitos que yo creo que vienen de alguna fábrica o que se tiran en algún barranco y que cuando llueven derivan en la playa; o de otro lado y vienen con las mareas. El Ayuntamiento ya tiene un tarro con trozos; hay que averiguar de dónde vienen. La tercera cuestión es la limpieza de los muros del paseo y, por supuesto, averiguar de dónde viene esa contaminación del Confital.

Hablaba de los socorristas de la Cruz Roja, ¿sería un problema si no salen en el concurso público?

Lo bueno sería que siguieran ellos porque abarcan muchos ámbitos, pero no creo que sea difícil encontrar hoy socorristas preparados.

¿Está contento con que se hayan tirado los aparcamientos de La Cícer?

Sí, no conducían a nada.

¿El asunto de la acumulación de la arena en la playa habría que seguir estudiándola?

Está estudiado; los que han salido de Ciencias del Mar ya se saben la playa de memoria. La propia playa nos ha enseñado cómo funciona. Cuando era chico no podía ir al colegio Viera y Clavijo por la playa por las montañas de arena y, de repente, otras veces te resbalabas por el barro porque se había ido toda. Antes salía por el viento y ahora, como no hay manera, sale por La Puntilla o para La Cícer, o se la lleva la marea si es fuerte.

Las terrazas de los restaurantes no dejan apenas espacio para pasear y contemplar el mar, ¿debe controlarse?

Hay que controlarlo; ya se hizo hace años, pero se ha enfriado con el tema de que no había trabajo. Pero la gente tiene razón cuando dice que no puede sacar ni una foto porque todo está ocupado. Pero hay que pensar también en el turismo, hay muchos que viven de ello. Hay que vigilar sin pasarse, o dar algo a cambio. Por ejemplo, arreglar las casas abandonadas que se están cayendo en la segunda línea.

¿Y el alquiler vacacional?

Sí. Pero somos también los vecinos los que no debemos de irnos. A mí me han ofrecido dinero, pero no he querido.

En un futuro, ¿cómo le gustaría que fuera la playa?

Que la dejaran como está. Ella funciona por sí sola. Eso sí, seguir limpiándola y estudiando el movimiento de la arena.

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