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La Provincia - Diario de Las Palmas

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San Lorenzo a plazos

Orencita Martín fiaba a las vecinas del pueblo que iban a comprar sábanas o calderos a su tienda, que ahora es el Bazar Murillo

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La ciudad de ayer | San Lorenzo, el pueblo que fue municipio

"Aquí Orencita vestía todas las casas a plazos", cuenta Tere Suárez Rivero mientras ultima la compra en el Bazar Murillo que desde hace 14 años dirigen las hermanas Loli y Begoña Murillo. Se refiere a la época en la que las mujeres de San Lorenzo acudían al pequeño local que "lleva toda la vida" en la esquina de la plaza para comprar sábanas, ropa o calderos que la antigua propietaria, Orencita Martín, recientemente fallecida, fiaba tras el mostrador por el que ahora pasan todo tipo de víveres con el pan de leña de La Milagrosa como producto estrella. En aquel entonces la comida se compraba en las tiendas de aceite y vinagre de Adolfito, Geromito, Fidelito o de don Juan Rivero y pasear era apenas el único entretenimiento que tenían los jóvenes del momento hasta que llegaban las fiestas que a día de hoy siguen siendo todo un acontecimiento en la Isla. Y es que a pesar de que el tiempo no ha pasado de largo ni por sus calles ni por sus gentes, San Lo-renzo tiene una identidad propia que emana de los días en los que fue un municipio independiente de la capital.

En el libro San Lorenzo a mano, Antonio Cardona Sosa asegura que desde antes de la conquista existen referencias a pobladores en la zona gracias a la presencia de agua, "más abundante entonces" y a la piedra de cantería azul. Conocido hasta finales del siglo XVII como Lugarejo de Tamarasayte, logró convertirse en pueblo en marzo de 1681, cuando quedaron definidos sus límites. Un hecho al que también vino ligada la construcción de la ermita que desde hacía 43 años venían reclamando sus residentes.

El municipio fue independiente administrativamente hasta 1939, cuando el franquismo cambió el rumbo de los acontecimientos que estuvieron manchados de sangre. Dos años antes, su alcalde, Juan Santana Vega; el secretario del Ayuntamiento, Antonio Ramírez Graña; el jefe de policía, Manuel Hernández Toledo y los sindicalistas Francisco González Santana y Matías López Morales fueron fusilados. Sus muertes no han sido olvidadas como tampoco ha quedado en saco roto la unión de San Lorenzo a la capital. En ello se ha afanado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica del Municipio de San Lorenzo hasta tal punto que el pasado mes de julio una sentencia judicial obligaba al Cabildo insular a estudiar la anexión, si bien no fue así por un informe municipal.

Aunque la segregación es algo que queda lejos, pocos son los que se refieren a San Lorenzo como un barrio. "Esto es un pueblo", asegura Miguel Kuvin, quien vive en él desde hace casi tres décadas. "Aquí me quedé por amor", explica divertido quien se enorgullece de haber nacido en La Isleta. A pesar de que ha pasado mucho tiempo, todavía recuerda como si fuera ayer el momento en el que, sin saberlo, empezó a echar raíces donde siempre ha vivido Aguedita Martín, su esposa y, además, hermana de Orencita. Precisamente en la puerta de la tiendita que regentaba su cuñada visualiza el día en el que oyó que había fiestas en San Lorenzo y hasta allí que se fue. "Yo conocía de vista a mi mujer del Canarias y el Pinito del Oro, pero cuando pasé por la plaza la vi y entonces me acerqué a preguntarle si el niño con el que estaba era suyo". Por suerte, era sobrino. "Así que le dije que venía a la verbena que estaba anunciada en un cartel enorme en ese árbol y que si quería acompañarme. Y hasta la fecha".

El árbol al que se refiere Kuvin sigue todavía en la plaza, al igual que la casa, justo al lado del Bazar Murillo, en la que nació su pareja y donde ella todavía encuentra refugio en su máquina de coser. "Es que antes las mujeres cosían casi todas y se hacían los trajes para la fiesta", apunta Loli Murillo, conocedora de la vida de antaño por su clientela. Tere Suárez lo corrobora. "Yo creo que era el único día que estrenábamos", asegura entre risas quien también era modista, "aunque no cobraba por los arreglos".

Hace 40 años, también por la festividad del patrono que da nombre al pueblo, la plaza se llenaba de juegos. "Traían una banda, se hacía la procesión y poco más. Los jóvenes nos poníamos a dar vueltas a ver si venía alguien de fuera a quien pudiéramos engañar", bromea con Miguel Kuvin por haber sido él uno de esos forasteros. Su marido, Rafael García también lo fue, si bien ya es tan del pueblo que él mismo es quien desde hace más de cuatro décadas enciende la pólvora que da lugar al espectáculo de pirotecnia más famoso de toda Gran Canaria. "Pero los fuegos antes no eran así", aclara Suárez Rivero, "antes estaban en unos bidones que se repartían por la zona".

Realmente, el meollo de la vida social estaba en la conocida como calle del Pilar, ahora San Sebastián, en la zapatería de Maestro Vicente Hernández. A falta de hogar del pensionista, "allí se reunían todas las personas mayores y era el lugar a donde había que ir si uno se quería enterar de algo del pueblo", recuerda Alicia Marrero, dueña del bar Ca' Suso que hay junto a la casa que en su día fue el Ayuntamiento. "Después hubo un colegio femenino, que es en el que estudié yo". El masculino no estaba lejos, en la calle Antonio Martel Rodríguez donde ahora se erige el actual centro educativo que logró sobreponerse a sus duros inicios en los que apenas había escolares hasta tal punto que ahora hacen falta plazas. "Pero eso en su día fue un campo de fútbol y antes una plantación de millo", apunta Suárez antes de recordar divertida la vez que las señoras del pueblo se armaron con las tapas de los calderos para ahuyentar una plaga de langostas.

No se olvidan tampoco los vecinos de la fuente que había en la plaza que, en el caso de Tere, no echa especialmente de menos. Lo que sí añora a sus 64 años es "la tranquilidad que había antes" en San Lorenzo. Y es que son cada vez más los que, se animan a visitar los domingos su Mercado Agrícola, motivo de orgullo junto al Centro Cívico para los vecinos que desde aquella ermita que hoy preside el casco siempre han luchado por lograr mejoras para su pueblo.

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