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La rueda del navegante

Una anécdota del 'J. S. Elcano'

El buque insignia viajó a México en 1933 y años después, en 2001, una de las señoras que habían visitado el barco volvió a poner los pies en la cubierta

El ´Juan Sebastián Elcano´, en una visita

El ´Juan Sebastián Elcano´, en una visita

Tuve la gran suerte de conocer en éste puerto a Jaime Rodríguez Toube y señora, comandante de nuestro buque escuela de la Armada, a su paso por el mismo en el año 2001. Recibí el gran honor de ser invitado a su cámara, en un almuerzo exquisito y a una amena y entrañable sobremesa. Es una persona encantadora por su desbordante simpatía y sencillez, propia de los grandes navegantes y caballeros de nuestra Marina de Guerra. Y además, un consumado regatista con varios premios en la copa del Rey en Palma.

Durante su periplo tuvimos la ocasión de charlar por radio varias veces. Un día, al final de uno de estos parlamentos, se hizo presente un radioaficionado mejicano, Joaquín Solana, encantadora persona, muy aficionada al modelismo naval, coches y barcos antiguos, radio, etc. Un hombre muy polifacético.

Me contó una anécdota interesantísima que quiero que ustedes disfruten, pues creo que es un milagro más de los muchos que hemos tenido en esta Rueda de los Navegantes. Vi enseguida la noticia bomba y me apresuré a hacer las gestiones oportunas con su comandante, para que fueran invitados la familia Solana a la llegada de nuestro emblemático buque a México.

En el mes de Abril de 1.933 nuestro bergantín-goleta arribó en su primer viaje al puerto de Veracruz, con la entonces bandera republicana. En esa visita, el abuelo de Joaquín, D. Moisés Solana Gómez, un español my acaudalado, que tenía que ver con todo lo relacionado con los residentes españoles en México, el club España y directiva de la Sociedad de Beneficencia Española y muchas más cosas, visitó el barco en compañía de las tías de Joaquín, Guadalupe, Amalia y otros familiares que eran, entre otras, representantes de la Cía. Trasatlántica Española.

Agasajados

Nuestros marinos, como es habitual, y en este viaje del 2001, fueron agasajados y agasajaron a estos y otros invitados en unos días muy entrañables que nunca olvidaron y que derramaron lágrimas en ambos compatriotas por ese primer encuentro después de tantos años sin relaciones diplomáticas, pero sí afectivas.

En la ciudad de México de aquellos años, se les hicieron varios homenajes al comandante, oficiales y guardias marinas, entre los que destacaron un gran desfile por el Paseo de la Reforma, un baile en el Casino Español y un banquete con las autoridades de la República en Xochimilco. Los marinos fueron transportados desde Veracruz a la capital mexicana en los autobuses que les proporcionó su propietario y mecenas D. José A. Solana, tío de Joaquín. ¡Menuda tirada!

Pero lo curioso del caso es que Joaquín pudo rescatar del baúl de los recuerdos las fotos, invitaciones y saludas de aquel memorable encuentro. Una de ellas tiene una longitud original de metro y medio en la cual se puede ver a todos los oficiales y otras autoridades de aquella época. Esta foto y las demás, son de las originales y están reducidas a efectos de envío. Supongo que no vivirá ninguno, pero es posible que algún marino o familiar de hoy pueda reconocer a algún antepasado. Yo sí reconocí a D. Manuel Montojo, que por los años 55 más o menos fue comandante militar de marina de S/C de Tenerife y director de Escuela de Náutica en la que estudié. También vienen las firmas de los fotografiados aunque de forma poco legible dado el deterioro de los años y la poca calidad del material de aquellos tiempos.

Accediendo cordialmente a mi solicitud, Jaime invitó a este amigo y familia a bordo, le apunté la gran sorpresa que le esperaba y la historia irrepetible que iba a vivir. No quise extenderme en más detalles, pues quería guardar en secreto lo emotivo para el final. Lo que le esperaba en Veracruz era verdadera historia del J.S. Elcano.

De aquellos invitados del año 1.933 solo quedaba viva Doña Guadalupe Solana. El día 19 de Mayo del 2001, a las 20.00 horas locales, volvía a poner los pies en su cubierta, después de casi 70 años de haberla pisado cuando solo tenía unos bellísimos 14. Iba acompañada de su esposo, con 90 años, D. Ángel Urraza, y por supuesto de otros familiares y del artífice de este encuentro inenarrable, su sobrino citado. A pié de la escala la esperaba Jaime en posición de firmes, tenso, tragando saliva y con un brillo húmedo en sus ojos al darle la bienvenida a aquella parte de la historia, pequeña si se quiere, de nuestra gloriosa Armada, que volvía anciana y emocionada a subir los mismos peldaños que pisó en su preciosa y alegre juventud, ahora con la bandera nacional.

Lo grandioso de ese encuentro era que durante la larga estancia se había ennoviado con un guardiamarina que al ascender a alférez de navío y ser destinado al Cervantes, murió asesinado con el resto de la oficialidad en la Guerra Civil del año 36. Sus lágrimas estaban compartidas por el recuerdo del amor de juventud perdido y el regreso tan anciana a la cubierta de sus juveniles amores truncados. Las remembranzas tristes o hermosas siempre pasan factura por mucho que pasen los años.

En posterior comunicación me agradeció emocionado la oportunidad de haber sido él el sujeto de tan feliz circunstancia y reencuentro. ¡De nada mi querido comandante y amigo, a mandar siempre!

Fue la nota histórica de aquella escala y viaje. Esta señora, fue agasajada y colmada de atenciones por toda la dotación de nuestro velero y ahí, quedan para la historia, las fotos, en mi poder, de tan entrañable encuentro que desgraciadamente no se volverá a repetir. En el alma de esta dama y familia, y en la de nuestro comandante, quedan marcados para siempre el abrazo de la España gloriosa que dejó hijos preclaros en ambas orillas, que nunca la olvidaron ni la olvidaran mientras nuestro buque insignia siga surcando los mares.

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