Ser fortachón, mayor de edad y tener, al menos, un poco de fe católica son los únicos requisitos necesarios para ser costalero en la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de la Esperanza de Vegueta. La agrupación religiosa se encuentra en plena campaña para captar nuevos adeptos que quieran participar en la procesión de Semana Santa del 2018. Los años no pasan en balde por los costaleros y se ven abocados a un cambio generacional.

Cada domingo de Ramos, la Hermandad saca en procesión dos pasos con gran fervor: el Cristo de la Salud y la Virgen de la Esperanza. El primero pesa unos 900 kilos; mientras, la Virgen supone la friolera de 1.200 kilos sobre los hombros. Por esto, cada trono lo sujetan entorno a unos 35 costaleros, quienes reciben una preparación física durante varios meses. No obstante, cargar con esas imágenes por las estrechas calles de Vegueta puede suponer un auténtico desafío.

"Lograr superar obstáculos como la calle San Marcos supone un auténtico desafío", afirma Francisco José Martín Hernández, capataz de los portadores de la Virgen. Allí los costaleros trabajan "al milímetro". Y no es para menos, la estrechez de la vía, la presencia de balcones canarios de gran porte es algo que se suma a la envergadura de los pasos religiosos. "Vamos un poco deprisa, sin parar hasta llegar a la calle Fernando Galván, que es uno de los sitios con más público del recorrido", reconoce Martín.

Los recodos que circundan la Catedral, por su empedrado y los desniveles que existen, son otros tramos que dificultan el paso de la procesión. No obstante, pasar por este tipo de sitios supone una doble satisfacción: el llevar a Cristo sobre los hombros se une a la superación de una dificultad. "Una vez cargas ya te deja el gusanillo, es la fe por llevar a Jesús o a la Virgen, se siente en el corazón y quieres gozar con ello", apunta José Vicente Navarro y López, Hermano Mayor de la Cofradía veguetera.

La dirección, con sede en la calle Toledo, junto a la iglesia de Santo Domingo de Vegueta, ha puesto a disposición de los interesados un correo electrónico: costalerosdevegueta@gmail.com. Están abiertos a quien tenga la curiosidad o quien quiera cumplir una promesa.

Los preparativos de la Semana Santa son largos y laboriosos. El 4 de febrero comenzarán los ensayos, de tal manera que los hombres se acostumbren, semana a semana, al peso del trono. En cada uno de los ensayos irá aumentando la carga. "Incluso, algunos van al gimnasio esos meses, hay que prepararse bien", señala Navarro. Además de soportar el peso, los futuros costaleros también necesitan saber cómo se realizan las levantadas del trono al comienzo de la procesión y cada vez que se hace una parada durante el recorrido.

No obstante, el 19 de enero se producirá la "igualada". Ese día los capataces de los respectivos pasos procederán a medir las alturas de los futuros costaleros, agrupándolos de cinco en cinco, de tal manera que tengan alturas similares. "Es uno de los mayores problemas que tenemos cada año, es una misión imposible encontrar cuadrillas perfectas", apunta el capataz de la Virgen. Por suerte, las trabajaderas, aquellos palos transversales al paso donde recae el peso del mismo, se pueden bajar o subir una serie de centímetros de tal manera que facilite el trabajo.

Con más de 400 miembros, la cofradía necesita sangre nueva. Para la procesión del próximo año, que será el 25 de marzo, precisan un contingente de hombres. "Muchos de nuestros miembros son militares y están destinados en el Líbano", asegura Navarro. Mientras, otros han decidido dejar la procesión, pues ya no se encuentran en condiciones físicas. "Unos con la pierna, otros dolor de espalda, cumplen una edad y no queda remedio que retirarse", afirma el Hermano Mayor.

Esta institución nació a finales de los años setenta por iniciativa de los propios feligreses. En julio de 1979 consiguieron ser reconocidos oficialmente como cofradía con dos imágenes a su cargo, ambas datan de finales del siglo XIX. Ese año Martín era monaguillo en la iglesia de Santa Domingo. No dudó un segundo en convertirse en nazareno. Pocos años después, tras superar los 18 años, se convirtió en uno de los costaleros de la Virgen de la Esperanza.

Tras 14 años cargando sobre sus hombros la imagen, el anterior capataz le propuso sucederle en el cargo. Desde entonces ha pasado otra década larga. "Los mejores capataces son aquellos que saben cómo es estar ahí, con ese peso sobre las espaldas y lo que ello conlleva", confiesa este hermano. No obstante, su devoción ha sido total, al fin y al cabo, el refrán asegura que la fe mueve montañas.