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La rueda del navegante

Naufragio a la italiana

Una llamada desde Ginebra alertaba de un hundimiento en aguas marroquíes

Naufragio a la italiana

Naufragio a la italiana

Me encontraba en la oficina cuando a la 13.15 horas recibo una llamada de Ginebra. Stela me dijo que su hermana y su compañero, ambos de unos 32 años, se habían hundido en aguas próximas a Marruecos a las 8.30 horas. Me dio la posición y las características del barco: siete metros y un fuera borda Evinrude de 8 hp.

La información meteorológica última la habían obtenido en Gibraltar. Vieron una baja presión muy profunda más o menos en medio del Atlántico y pensaron que no les alcanzaría, que les daría tiempo suficiente en llegar a Canarias. No fue así, les cazó a la altura de Safi. No sé la experiencia que tenían ambos navegantes, lo cierto es que venían con el foque atangonado; al quitarlo se disparó el tangón a la mayor y la rajó por completo. Bajaron las velas y el barquito se atravesó a la mar, dos o tres golpes de las olas por la banda de estribor los hizo volcar. Frenético zafarrancho y a la balsa salvavidas con lo puesto y el GPS que era un modelo que podía transmitir mensajes.

Habían comunicado a las autoridades italianas el suceso y estas a las de Marruecos, pero este país no tiene los medios adecuados. De hecho una patrullera sa-lió desde Safi, pero poco podía hacer con aquel temporal y escasa visibilidad. Esto lo supe porque en ese puerto marroquí estaba el yate español Toro, esperando mejor tiempo para arribar a Las Palmas, el cual me informó de la salida de la patrullera sobre las once de la mañana y de su regreso poco después pues no podía aguantar ni avanzar por la tremenda mar gruesa que además podía hundirla.

Creo que Italia debía de haber avisado también a España, pues aunque el hecho sucedió en aguas de Marruecos, este país concede con gran celeridad los permisos correspondientes para que se opere en su área sin restricción alguna, mientras el avión y el helicóptero ya en camino, se dirige a la zona del rescate.

La tardanza en avisarme se debió a la creencia de que las autoridades italianas estaban haciendo lo correcto y en realidad así era, pero no cayeron en la cuenta de la escasez de medios y experiencias en estas lides del país alauita.

La noticia transcendió porque uno de los email que lanzaron los náufragos, no llevaban radio baliza, con su Maguellan 100, fue a parar al amigo y compañero Pier Luigi, que hace lo mismo que la Rueda, pero en Italia. Este lo comentó en la Rueda del Caribe que tienen los italianos a eso de las once de la mañana, todos los días. Uno de los escuchas, el yate Krike que me vino a visitar antes de largarse al Caribe le dio mi teléfono por si podía contribuir al rescate de los náufragos.

Este compañero pasó mi numero a la familia y esta a su hija en Suiza por ser la que hablaba perfectamente español, ya que trabajaba en una organización de la ONU; por ello es por lo que se tardó tanto en avisarme, unas cinco vitales horas.

Inmediatamente contacté con el SAR en donde trabajaba mi buen amigo y radioaficionado Severo y con Salvamento Marítimo de Las Palmas. Un avión Foker y un helicóptero Superpuma despegaron sobre las dos de la tarde. A eso de las 17.30 horas, cuando ya se estaba poniendo el sol en aquel lugar, los náufragos eran localizados, primero por el avión que iba delante y rescatados de la balsa salvavidas, por el helicóptero que siempre va detrás, entre olas de ocho metros que hicieron muy difícil y arriesgado para el rescatador, que solo cobra 120.000 pesetas al mes, el poder engancharlos y subirlos al helicóptero en medio de un muy respetable ventarrón y oleaje, que salpicaba la barriga del helicóptero, y con principios de hipotermia a pesar del traje de buceo que se habían puesto.

¡Que tíos esos del SAR! Hay que ver el valor que le echan en esos rescates. ¡Gloria a ellos por siempre! Hay que estar en el mar a punto de perder la vida y al cabo de varias horas de angustia, ver algo que se mantiene encima y te salva la vida. Cómo lloraban los náufragos de gratitud, nerviosismo y admiración por la actuación admirable del ejercito del aire.

Por la escasez de combustible fueron trasladados a Casablanca a repostar y en donde el cónsul de Italia los repatrió a este país de donde me llamaron para darme las gracias más efusivas toda la familia que fue desfilando ante el teléfono.

Las cosas a veces se complican y ello era debido a que en la proximidad estaba emitiendo una radio baliza con indicativo de Francia, pero lo curioso era que emitía una hora y estaba dos en silencio. Por esta causa, el SAR me llamaba para que les confirmara si los italianos tenían o no radio baliza. Podía ser, pues algunos navegantes no tienen un duro y se venden y compran por esos puertos de Dios, las cosas más disparatadas y entre ellas la radio baliza no es una excepción. De todas formas, la familia me confirmaba que no tenían este aparato, al menos cuando salieron de Italia. Se trataba del yate francés Petit Loup que lo estaba pasando muy mal en la misma zona y proximidad a los italianos y optó por pedir socorro y darle un adiós a su barco...

Una vez rescatados los italianos, el avión fue a por la señal, que aparecía y desaparecía, pero no localizó a nadie fundamentalmente porque ya se había hecho de noche y por no captar la Estación Espacial del INTA - Maspalomas una señal continua que permitiera obtener una posición más exacta.

Con posterioridad me enteré de que fue rescatado, su al parecer único tripulante, por un mercante que se dirigía a Huelva, que vio los cohetes y bengalas que lanzaba desesperado ante la proximidad del barco salvador. ¿Fue este barco el que contestó a la llamada de socorro hecha por los italianos en VHF y que luego no obtuvo respuesta alguna? Nunca se sabrá. Jamás olvidaré aquel 22 de Diciembre, no me tocó la lotería, pero yo que soy abstemio total, me tomé un whisky a la salud de aquellos dos náufragos italianos a los que había contribuido a rescatar.

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