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Restauración | Sabor de la tierra en San Lorenzo

Cuatro décadas de carne de cabra en el Bar San Lorenzo

Paco Batista abrió hace 40 años el establecimiento que fue epicentro de tenderetes y tertulias hasta la madrugada en el pueblo

Paco Batista García aprendió a preparar la carne de cabra ayudando a su padre, Gregorio Batista Morales, en la cantina que este regentaba en la Sociedad Recreativa La Amistad de San Lorenzo. Allí, en una pequeña plancha de 30x30 colocada sobre una bombona busi, se elaboraba el único plato que a día de hoy sigue teniendo fama en el pueblo. Y es que Batista García se llevó la receta al Restaurante San Lorenzo que abrió justo debajo del ya desaparecido local de ocio que fue punto de encuentro y entretenimiento para los vecinos de la zona. Una aventura en la que se embarcó gracias a la ayuda de su progenitor, quien le dio 60.000 pesetas de la época para poder alquilar por tres meses el establecimiento que, 40 años después y más espacio, todavía sigue abierto.

A Paco Batista siempre le había gustado el mundo de la hostelería, si bien sus pinitos comenzaron en la construcción, entre otros trabajos a los que se dedicó en la juventud. De hecho, también estuvo empleado en una empresa de paquetería de donde fue despedido "cuando salió del cuartel", explica su mujer Soraya Lorenzo Santana. Fue en ese momento cuando familiares y amigos le animaron a montar su propio negocio. El apoyo de su padre fue primordial para que así fuera el 1 de junio de 1977, día en que abrió sus puertas el primer Bar San Lorenzo en la esquina de la planta baja del edificio donde todavía se mantenía activa la Sociedad Recreativa. "Se trataba de un local pequeño en el que solo había una mesa, aunque poco a poco lo fuimos ampliando", explica Lorenzo Santana. No obstante, las limitadas dimensiones no impidieron que entre aquellas cuatro paredes se creasen lazos de amistad tan grandes que duran hasta la fecha.

Enseguida, el bar se convirtió en epicentro de tenderetes y tertulias hasta bien entrada la madrugada que los dueños recuerdan con nostalgia. "Las cosas han cambiado mucho", asegura Soraya con la añoranza de los días en los que se vendía el ron a 12 pesetas y el whisky John Haig a 30. "Una vez me llegué a ver con 100 cajas de botellas de ron en el almacén", recuerda Paco Batista, quien no desaprovechaba las oportunidades para comprar al mejor precio lo que más se bebía en aquella época.

Además de la bebida, el otro gran reclamo seguía siendo la carne de cabra que en un principio continuaban haciendo en la plancha de Gregorio sobre una cocina de dos fogones. Allí se asaba el manjar al que poco a poco, con el tiempo, ha ido acompañando en la carta otras comidas que Lorenzo recita de memoria y sin pestañear. "Ahora también tenemos codillo, carrillada, sancocho de cherne, arroz caldoso, paella y los fines de semana cambiamos las sugerencias con seis u ocho platos diferentes".

No es de extrañar oír hablar a Soraya con orgullo de los platos caseros de su restaurante. Entre otras cosas porque ella siempre ha estado al frente de la cocina, aunque al principio eso le supusiera el rechazo social. "Antes las mujeres no trabajaban en la hostelería, pero cuando Paco cogió el bar, su hermana Margarita y yo veníamos a ayudarle y eso no estaba muy bien visto", rememora. No obstante, ninguna mala cara, ni siquiera la de sus padres, pudo hacerla cambiar de opinión en lo que a sacar el negocio para adelante se refiere.

Prueba de ello es que el establecimiento cada vez ha ido a más, consagrando una clientela fiel que a lo largo de estas cuatro décadas ha contado con personalidades conocidas de todos los ámbitos. Entre sus nombres, los propietarios recuerdan el de "Juan Fernando López Aguilar, Mary Sánchez, Jimmy Giménez-Arnau, el propietario de Aguas Firgas o los directores de la antigua Caja de Ahorros". También han ido incontables alcaldes, si bien la pareja sobre todo presume de los clientes que nunca les han abandonado, ni siquiera en los malos tiempos.

"Hemos vivido tres crisis fuertes, pero ninguna como esta", cuentan. También les han robado en 17 ocasiones y hace 10 años, el 13 de diciembre de 2007, tuvieron que trasladarse a su actual local, ubicado en el número 153 de la Carretera General de San Lorenzo a apenas unos metros del anterior, al verse "sin nada después de 30 años de trabajo". De todo ello se han repuesto, no sin la constancia y el esfuerzo diario que marcan la tónica del restaurante que ahora cuenta con 17 mesas repartidas por la zona del comedor y tiene hasta página de Facebook.

Los hijos del matrimonio, Carlos e Isaura Batista Lorenzo son los que actualmente abanderan la nueva línea de trabajo que mantiene a flote el negocio que, inevitablemente, ha tenido que adaptarse a los tiempos. Una actualización que no solo ha pasado por crear la nueva carta de la que Soraya habla con orgullo, sino también por el mimo de cada detalle que siguen haciendo que la clientela se vaya contenta. "A nosotros nos gustaría seguir con el bar porque es el trabajo de nuestros padres y a él se lo debemos todo", apunta el primogénito del matrimonio.

A pesar de los cambios, que no han sido del todo fáciles para los empresarios que llevan al pie del cañón la friolera de 40 años, en el Restaurante San Lorenzo se mantienen algunas tradiciones. Una de ellas es la faceta de museo agrícola al que los agricultores de la zona empezaron hace años a llevar sus mejores productos de la tierra, para lucirlos en el local, como si de obras de arte se tratase. "Se peleaban por ver quién traía lo más grande", cuentan divertidos. Esto sigue siendo así, como también lo es la costumbre de regalar muchas de estas frutas, hortalizas y hierbas aromáticas a todo aquel que le haga falta y pase por el bar. "Somos como un supermercado", apostillan.

De antaño también mantienen la relación con algunos de sus proveedores como Santiago Ojeda Cabrera, compadre de Paco, quien todavía les suministra los quesos. Con cariño recuerdan también a Antonio, ´el de la fruta´, que les traía las cabras cuya carne ahora compran a Lorenzo Santana en el Mercado Central de la capital. El restaurante no es el único negocio de la familia que no hace mucho creó la sociedad Salia Las Palmas con la que también gestionan la floristería Mi lindo jardín que también tienen en San Lorenzo.

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