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Entrevista a Alberto Elisavetsky

"Canarias debería estar muy avanzada en la resolución de conflictos en la red"

"Hoy el 90% de la población tiene un celular, por eso hay que construir la paz dentro de la era digital", señala el mediador de conflictos y director de ODR Latinoamérica

El mediador Alberto Elisavetsky en la plaza de Cairasco, en la capital grancanaria, la semana pasada. TONY HERNÁNDEZ

Se puede mediar en una gran cantidad de conflictos, ¿en qué campo se especializa usted?

Mi labor se centra en la mediación a distancia a través de las nuevas tecnologías. Se trata de un campo poco explorado que hasta hace unos años causaba muchas reticencias, pero ahora parece que provoca más interés por su efectividad, facilita mucho la vida a quienes necesitan solucionar un conflicto sin reunirse.

Podría poner un ejemplo de un conflicto donde se pueda mediar de esta manera.

Claro, supón que eres una mujer que vive aquí en Gran Canaria y tu marido, del que te quieres divorciar, vive ahora en Madrid. Bueno, en este tipo de casos es de gran utilidad. Sobre todo si la mujer ha sufrido violencia y no quiere volverlo a ver nunca. Pero es algo que se puede llevar a todos los ámbitos de la mediación.

Entiendo, ¿cómo hace posible esto y qué papel juegan aquí las nuevas tecnologías?

He creado una red social que se llama ODR Latinoamérica, online disput resolution según las siglas en inglés. Se trata de una aplicación a la que puedes entrar desde tu celular. Creas un usuario, la otra parte del conflicto también tiene que hacerlo. Automáticamente se genera una sala de discusión en la que participa un mediador y las dos partes. Cada uno puede estar en un sitio distante del planeta que no pasa nada. En este espacio se habla y, se llegue a un acuerdo o no, la sala se autodestruye al final de la sesión. Además, puedes hacerlo como si fuera un chat, cada uno al mismo tiempo. También puedes entrar, dejar tu petición en la nube y esperar una respuesta, o mezclar eso con reuniones de las partes.

¿La aplicación solo está disponible en América Latina?

Nació en Argentina en 2012, pero cualquier español puede, desde su celular, descargarla.

¿Se centra en algún ámbito de la disciplina?

Hoy día muchos desarrolladores informáticos trabajan para generar plataformas de solución de conflictos a partir de qué tipo de disputas se tratan. Hay unas para problemas societarios, otras de familia, se está migrando a las aplicaciones en celulares. El futuro en esta disciplina será casi exclusivo por ese medio.

¿Por qué?

Solo el 30% de la población del mundo tiene acceso a internet. Pero, el 90% tiene celular. Hasta en los países en guerra. Entonces, pensamos que tenemos que construir la paz en la era digital focalizando en cuál sería el canal adecuado, y ese son las aplicaciones celulares. Ahí marcha el mundo en los próximos cinco años. Y en los siguientes diez se producirá un proceso feroz de canivalización. Es decir, la mediación a distancia se va a comer la modalidad presencial. En la medida que la sociedad pierda el miedo a las nuevas tecnologías la gente va a preferir esta vía.

¿Se enseña en la universidad?

Nadie puede querer dedicarse a esto y no conocer esta vía. Podrá o no aplicarlo en su praxis en el futuro, pero tiene que conocerlo.

¿Cómo está la introducción de esta tecnología en Canarias?

Para ustedes sería perfecto este método. Ustedes tendrían que estar muchísimo más avanzados que en el continente. En una situación entre Gran Canaria y Tenerife, ni que pensar que si se pudiera solucionar virtualmente es mucho mejor que mantener los conflictos.

¿Es posible entonces llevar esto a la vida real?

Te voy a dar un ejemplo. Nosotros hemos desarrollado un programa de resolución de conflictos en la ciudad de Buenos Aires. Ahora cuando alguien se acerca a una oficina del gobierno de la ciudad se le ofrece la mediación presencial o virtual. Si tienes un problema con el propietario del apartamento que rentas o con quien emite humo, todo lo que tenga que ver con la vida del ciudadano.

¿No hay muchas ciudades con esta ventaja, verdad?

He presentado este desarrollo en París y ahora unos abogados de Estados Unidos me han pedido que presente este proyecto en Washington DC.

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