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La ciudad de ayer | El primer barrio turístico

Tafira, ciudad de vacaciones

A principios del siglo XX proliferaron en el barrio gran cantidad de hoteles y apartamentos turísticos para la comunidad británica

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La ciudad de ayer | Tafira, el primer barrio turístico

En la primera mitad del siglo XX ir de vacaciones no era sinónimo de sol y playa en el Sur. Por aquel entonces desplazarse hasta esas lejanas tierras era toda una odisea. La burguesía de Las Palmas de Gran Canaria se decantaba entonces por algo más práctico. Un sitio cercano, lejos del bullicio, en mitad de la naturaleza, con un toque exótico: Tafira. Este barrio y el cercano Monte Lentiscal albergaron algunos de los hoteles más emblemáticos de la Isla en aquellos tiempos. La pujanza del Puerto de La Luz desde su construcción en 1883 hizo proliferar una colonia británica que se asentó en estas colinas, donde se alternaron los chalés de veraneo con humildes viviendas de campesinos y antiguas casonas de estilo tradicional canario.

Uno de los primeros hoteles en abrir fue el Victoria. Rosendo Ramos, empleado de la Casa Elder, compró una serie de fincas en Tafira en 1898 y construyó allí una mansión. Años después se convertiría en un hospedaje de renombre entre los británicos, al igual que otros que ya existían en las inmediaciones del Monte Lentiscal, ya en el municipio de Santa Brígida. A pesar de esto, sus herederos traspasaron la propiedad a Manuel Campos Padrón, por lo que el edificio pasaría a ser conocido como "el chalet de Campos".

Este empresario regentaba un negocio de la calle Triana, conocido por la calidad de sus telas, y desaparecido hace décadas: Almacenes Campos. En torno a los años veinte del siglo pasado se aventura en el mundo de la construcción y la agricultura por lo que compra una finca, conocida como La Tornera, en las inmediaciones de la carretera de Tafira a Marzagán. Sería allí donde levantaría una serie de pequeños chalés con la intención de arrendarlos. "Yo siempre digo que mi abuelo inventó los apartamentos del Sur pero aquí en Tafira", apunta Javier Campos Oramas, nieto del empresario y autor de Manuel Campos Padrón, notas para una biografía.

Esos particulares apartamentos se conservan hoy, aunque con modificaciones, en dos grupos diferenciados. El primero está en la carretera a Marzagán y el segundo en el camino a Los Hoyos. El arquitecto Eduardo Laforet fue el encargado de diseñar estos adosados. Campos Oramas destaca que para su construcción se emplearon materiales como azulejos y maderas de riga de Centroeuropa. En cuanto al hotel Victoria, el empresario de Triana vendió el edificio al Cabildo en 1951. A partir de entonces se establecieron allí las monjas Oblatas al cuidado de un hogar de niñas huérfanas. Esta función se mantuvo hasta hace unas décadas, cuando abandonaron por completo el edificio y pasó a tener el aspecto desolador de hoy día.

En las inmediaciones de la finca de La Data y La Tornera se levantan también las ruinas del lugar conocido como Los Frailes. Entre los decrépitos muros se escuchan en la lejanía las risas de amigos que frecuentaron lo que fuera un hotel y restaurante de renombre. Son muchos en la capital los que recuerdan ir allí a tomar la última copa o pasar la tarde del domingo en familia. Un inmueble que acabaría en abandono a finales de los ochenta, después de haber perdido su condición de hospedaje unos años antes.

La presencia de los frailes dominicos en lo alto de Tafira se remonta a los tiempos de la Conquista. El historiador Tomás A. Marín de Cubas relata en su Historia de Canarias que dos monjes dispuestos a evangelizar a los aborígenes fueron despeñados por un risco en esta zona. Poco después, el conquistador Pedro de Vera entregó este valle a la Orden de Santo Domingo. Según relata Javier Campos en su libro La Parroquia de Tafira, los religiosos establecieron un oratorio en las actuales ruinas del conocido hotel Los Frailes.

El pago que nació a los pies de este reducto conventual se convirtió en parroquia en 1847, fecha entorno a la cual la iglesia perdió la posesión de estas fincas tras la Desamortización de Mendizábal. Por ese entonces el pago de Tafira era un modesto pago agrícola en el camino que conducía al interior grancanario. La cercanía a la capital permitiría su desarrollo.

A la influencia británica se le unió más tarde la germana. En la misma plazoleta de la iglesia del barrio abrió sus puertas en los años veinte el hotel Esperanza. "Era un hotel de esos que llaman de leyenda", apunta Campos, en referencia a las historias de espionaje por parte de nazis e ingleses años previos a la II Guerra Mundial. Tal y como muchos recuerdan en el barrio, su especialidad culinaria era la ensaladilla rusa. "Era un sitio muy liberal, no pedían nombre en el registro y había gente que iba por horas", señala el escritor.

El Seminario de Tafira Baja

La explosión turística de Tafira culminó entre los cincuenta y los sesenta. "Fue entonces cuando la gente se asentó aquí y se empezaron a construir las urbanizaciones de hoy día", apunta Campos. Aunque, el gran revulsivo del barrio nacería en Tafira Baja, con la construcción del Seminario Diocesano, fruto de la saturación de las aulas que tenía la Iglesia en Vegueta.

El primer edificio, obra del arquitecto Secundino Zuazo, se inauguró en 1959. "La cantidad de seminaristas obligó a ampliar el recinto con el tiempo", apunta Campos en su libro. Cabe resaltar que, según comenta, muchos de estos jóvenes no tenían vocación, pues eran los hijos de numerosas familias humildes que acudían allí a estudiar.

La caída del fervor religioso y la construcción de la Carretera del Centro en los setenta dieron la puntada final. Parte de las dependencias del Seminario pasaron a albergar las aulas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la cual se funda en 1989, además de otros edificios vanguardistas que se levantaron a su alrededor. Nace así el Campus de Tafira, y donde antes paseaban seminaristas ahora lo hacen los futuros ingenieros o arquitectos de la sociedad canaria.

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