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Fiestas Fundacionales Medalla de oro

Un equipo de Primera

El Centro de Atención a Minusválidos Psíquicos graves de El Lasso fue pionero en su área en la Isla

Personal del centro, usuarios y familiares junto a Benítez y Lezcano -en el centro- a las puertas del complejo.

Personal del centro, usuarios y familiares junto a Benítez y Lezcano -en el centro- a las puertas del complejo. JUAN CASTRO

Traspasar las puertas del CAMP Reina Sofía -Centro de Atención a Minusválidos Psíquicos gravemente afectados- es toparse con la vida misma y rubricar sin pestañear que si alguien se merece la medalla de oro de Las Palmas de Gran Canaria son los trabajadores de este microcosmos particular, que junto a las familias y usuarios, ponen en marcha cada día este otro universo que pese a situarse en la periferia física de la ciudad -está ubicado en El Lasso- debe ser el centro de la política social.

Surgido al amparo de la Ley de Integración Social de los Minusválidos de 1982, el centro, de carácter público, fue construido por el Gobierno de Canarias a mediados de los 80 ante la inexistencia en la Isla de un espacio en el que atender a las personas con minusvalía psíquica severa que pasaban la barrera de los 18 años. El inmueble abrió sus puertas en 1991 con cien plazas para servir como centro de día y de residencia, que posteriormente se amplió a 48 plazas más en 2002. En 2015 se crearían 12 plazas para respiro familiar.

En la actualidad, da asistencia a 148 personas, 93 de los cuales están en régimen residencial, mientras que otros 55 usuarios asisten al centro de día. Un total de 175 profesionales, 25 de las cuales son técnicos, dan apoyo asistencial y médico en turnos de mañana, tarde, noche y fines de semana a este colectivo para que, en la medida de su situación, sea posible su habilitación o integración social, como así lo dictamina la ley.

La institución, un referente para los otros tres centros existentes de estas características en Gran Canaria que se construyeron después, está desde 1998 a cargo del Cabildo de Gran Canaria, aunque la gestión de los servicios y de parte del personal es externa. Es además centro docente para el Instituto de Asistencial Sociosanitario.

Tras este historial del centro se esconden, sin embargo, 27 años de duro trabajo y de cientos de experiencias para lograr que hoy sus residentes vivan en las mejores condiciones posibles. Su directora Celeste Benítez Melián afirma que el galardón es un "justo reconocimiento al personal que hay y al que trabajó aquí" porque, al margen de las aptitudes y títulación para ejercer, "hay que tener una especial sensibilidad y sincronía en el trabajo entre todas las áreas" para que funcione a diario.

Ese leiv motiv de "buscar la mejora continúa y la excelencia" ha llevado a que el centro cuente hoy con una veinte de programas terapéuticos en marcha, que van desde el ámbito propiamente sanitario y asistencial hasta social. En este sentido, han logrado que algunos de los usuarios disfruten de experiencias al aire libre como hacer piragüismo en Las Canteras, quinoterapia en Teror, windsurf sobre ruedas en Arinaga o disfrutar en los huertos urbanos de la ciudad. Actividades de suma importancia porque contribuyen a su inclusión social y porque despiertan su sensibilidad sensorial.

"La parte sanitaria siempre está cubierta porque no hay que olvidar que las personas que entran en este tipo de centros tienen aparejados en un deterioro físico propio de sus trastornos neurológicos, afectación psiquiátrica, además de la propia de la edad. La asistencia médica es diaria y la enfermería está abierta las 24 horas; salvo alguna prueba específica que se les envía al centro de salud o al hospital aquí tienen todos sus controles ", remarca su directora, que afirma que han logrado insertarse en El Lasso sin problemas.

Los últimos programas que han puesto en marcha son el de Atención Centrada en la Persona, que trata de atender los gustos y preferencias de los beneficiarios para que la institución sea más un hogar y menos un centro. Lo que ha significado también meses de formación para el personal. También han puesto en marcha la reducción de medicación.

Esa atención y bienestar general que han logrado para los usuarios ha supuesto un incremento en su esperanza de vida - en la actualidad el más mayor tienen 77 años- por lo que el centro se ha convertido en una residencia de la Tercera Edad para algunos de ellos.

Inicios

La construcción del centro hace más de dos décadas supuso un alivio para muchas familias grancanarias que tenían a su cargo una persona con discapacidad intelectual severa. José Lezcano Melián, médico del centro desde hace 27 años y que lo largo de este tiempo ha llegado a hacer varias funciones, incluida la de director, recordaba que algunos chicos iban a la Península porque aquí no existía institución pública alguna con el desarraigo que ello suponía, aunque la mayoría estaba en sus casas, "algunos incluso ocultos" por la vergüenza que suponía tener un hijo de estas características.

"Empezamos en junio del 91 para ponerlo en marcha en seis meses y sin tener ni idea de nada, con poca información, en plan autodidacta, y con alguna ayuda de vascos, cántabros y catalanes que gestionaban centros", añade el doctor, que matiza que han dio aprendiendo a lo largo de los años y aún siguen haciéndolo.

En estas más de dos décadas el perfil de los propios usuarios incluso ha variado, sobre todo desde que hay más controles en los partos. Ahora ingresan más personas con autismo que con discapacidad intelectual, y más jóvenes, lo que implica un nuevo reto para el equipo profesional. Por suerte, las herramientas de trabajo han mejorado por lo que los historiales se han informatizado lo que permite ver la evolución de los pacientes con facilidad.

El trabajo con las familias es también otra de las claves del éxito del centro. No en vano, cuenta desde sus orígenes con una Asociación de Padres y Madres de Alumnos (Ampa). El presidente del Ampa, Aquilino González, muestra también su satisfacción por la medalla de oro que han concedido al centro. "Estamos contentísimos; es un premio a la labor de los gestores y empresas externas; que algunas veces bien y otras regular, han trabajado. Y principalmente al personal, que ha contribuido a su crecimiento".

El responsable del Ampa, que tiene un hijo el centro asistencial de Telde, recalca que sin el equipo humano que hay detrás "sin su voluntad, sería imposible" llegar a donde han llegado. "El dinero es necesario pero sin el personal que hay esto no caminaría. El cuidado de las personas, con o sin titulación, no tiene pago", subraya.

El presidente del Ampa confía en que la medalla de oro de la ciudad no se quede solo en un simple galardón, sino una oportunidad para seguir mejorando. En su opinión, el centro necesita una remodelación y "una ampliación de plazas porque hay demanda". "Hay edificios enormes cerrados del Gobierno y del Cabildo que podrían ser utilizados", dice, mientras sostiene que hasta que los políticos "no viven en sus propias carnes" esta realidad no son conscientes de las necesidades que tienen los usuarios y las familias.

La directora del centro apunta además que muchos padres van envejeciendo y que el centro y el personal se convierte en un referente para ellos porque no pueden hacerse de los hijos.

La medalla de oro que les entregara la ciudad viene acompañada de otro buena nueva. Y es que, por fin, vuelven abrir las cocinas del centro después de años con servicio de catering porque algún político de turno decidió que era lo mejor. Una cuestión que puede parecer banal pero que para los beneficiarios del centro significara estar más cerca de lo que es un hogar familiar.

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