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El tesoro submarino de Canarias, a flote

El Elder acoge una muestra que destaca el trabajo de los buzos históricos y recupera restos de pecios

El tesoro submarino de Canarias, a flote

El tesoro submarino de Canarias, a flote JOSÉ PÉREZ CURBELO / LP/DLP

La inmensidad del océano lo esconde, pero lo cierto es que en Canarias hay un tesoro bajo el mar. Las costas de las islas están salpicadas de pecios, restos de antiguos barcos hundidos que los submarinistas del Archipiélago han recorrido una y mil veces recuperando restos de alto valor histórico y que una vez reunidos permiten recuperar una parte de la historia de las Islas tan importante como ignorada, la de su relación con el mar. Para paliar esa desinformación, la Asociación Canaria de Coleccionistas Marítimos ha organizado una exposición en el Museo Elder de Las Palmas de Gran Canaria titulada El buceo en Canarias: los pecios.

"Cuando nos planteamos hacer la exposición y hablar del buceo en Canarias, el tema resultaba tan amplio que lo centramos en la historia de los buzos y los pecios", comenta el comisario de la muestra, Juan Ortega Machín. La historia de esos submarinistas "que empezaron con tan precarias condiciones a la vez que se construía el Puerto de La Luz" -uno de aquellos buzos clásicos era precisamente Juan Machín Curbelo, abuelo de Ortega Machín- es el hilo conductor de la muestra: "La precariedad de los trabajos submarinos de la época y la historia del tesoro sumergido que tenemos", apostilla el comisario.

La exposición centra esa epopeya submarina en el Alfonso XII y el Ville de Pará, dos importantes pecios hundidos en el temible arrecife de la Baja de Gando que antes de que la navegación estuviera informatizada -e incluso después- arrastró a muchos barcos hasta el fondo. Para ello reúne objetos aportados por coleccionistas como Vicente Benítez, Eduardo Grandío o el propio Ortega Machín.

"El Alfonso XII era un barco de carga y pasaje que transportaba 100.000 monedas de oro en 10 cajas de la Casa de la Moneda con las que se tenía que pagar a las tropas en las Antillas", detalla el comisario. Aquel dinero era demasiado valioso como para dejarlo descansar en el fondo del mar, por lo que dos buzos ingleses, David Tester y Alexander Lambert, se desplazaron hasta la Isla y comenzaron los trabajos para recuperar el buque, o al menos su contenido. La exposición del Elder cuenta con un gran panel cronológico que narra cómo fue avanzando aquella complicada operación día tras día.

También hay en la exposición algunos curiosos restos recuperados de aquel barco. Destaca, por ejemplo, un azulejo que formaba parte de la cubierta de preferente u objetos cotidianos, como jaboneras, jofainas o la que a finales del XIX debió de ser una elegante cubertería de plata, además de distintas botellas y hasta un sifón que conserva parte de su líquido original, pero la joya de la exposición son dos de las monedas que transportaba el malogrado trasatlántico. Al propio Ortega Machín se le eriza el vello cuando recuerda aquel descubrimiento: "En uno de los buceos que hice por allí me salí del barco y vi unas bolas de coral muy características", relata. Al limpiarlas -no del todo, para que siguieran conservando el testigo de su vida submarina- descubrió su auténtica naturaleza.

Del otro gran pecio de la Baja de Gando, el del Ville de Pará, la exposición muestra objetos muy emblemáticos, como el escandallo con el que se medía la profundidad, varias botellas de importantes francesas del momento como Laroche o dos elegantes pipas de espuma de cerámica en las que resulta sencillo distinguir qué parte permanecía enterrada bajo la arena y cuál no. Y no solo de esos dos buques: también hay tesoros rescatados de otros pecios como el Kelmet, "un barco que aparece y desaparece bajo la arena en las tormentas", explica Machín.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el mes de octubre, se completa con fotografías de los primeros buzos canarios y ejemplos de cómo su trabajo ha cambiado con las décadas.

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