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La recuperación de la Memoria Histórica devuelve a los arrojados a la Marfea

Un monumento en La Laja recuerda a varios asesinados tras el golpe militar del 36

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Inauguración del monumento de homenaje a los represaliados del franquismo

Una escultura en el mirador de la playa de La Laja recuerda desde este jueves a los asesinados por el franquismo, cuyos cuerpos fueron arrojados a la zona de la Marfea meses después del levantamiento militar que acabó con la II República y dio paso a la Guerra Civil. Ocurrió el 3 de octubre de 1936 y ayer volvieron a la vida en un sentido homenaje al ser rememorados por el Foro Canario de Víctimas del Franquismo, promotor del memorial, así como la Asociación para las Víctimas del Franquismo, familiares de víctimas de la represión militar y los principales representantes de la ciudad y del Cabildo de Gran Canaria, que asistieron al acto, entre otras personas que se sumaron a este reconocimiento.

Rafael Martín Vera, Juan Ramírez Llarena, Pablo María de la Cruz, Manuel López Díaz, Rafael Pérez de León -enfermeros republicanos del hospital San Martín-, José Cárdenas Pérez, Ramón Miranda Cabrera, Tomás Bautista Torres y los hermanos Juan y José Álvarez Cruz figuran en el listado de las víctimas que fueron arrojadas al mar desde este al acantilado atados y metidos en sacos de plátanos. Aunque pudieran haber sido más, dada la represión militar y los ajustes de cuentas que se desató tras el golpe de Estado.

El lugar ha quedado como referente de la represión franquista junto a la Sima de Jinámar, los pozos de Tenoya y Arucas, donde se han recuperado ya 34 cuerpos gracias al empeño de las asociaciones de familiares de víctimas, y el cementerio de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria.

El acantilado dejó de utilizarse porque el mar devolvía los cuerpos, un secreto a voces entre los ciudadanos que vivieron aquella época.

El historiador y concejal de Participación Ciudadana, Sergio Millares, que a través de fuentes orales y documentales ha recabado la historia de algunos de estos hombres, explica que el caso de los enfermeros de San Martín -el resto eran obreros y trabajadores del risco de San José-, fue vox populi y muy compartido por la resistencia del franquismo ya que fueron acusados por haber puesto una bomba en el mismo hospital. Según el historiador, el artefacto no fue más que una maniobra del mando de la Policía Local de la ciudad junto con la comisaría, dependiente del Gobierno central, y los mandos militares para detenerlos, como así ocurrió.

"Hace unos años pude entrevistarme con un hombre que en la madrugada del 3 de octubre de 1936 pasaba por el entonces túnel de La Laja con su padre para ir al mercado de Telde y oyeron voces de gente gritando y quejándose de dolor por lo que volvieron a la ciudad por miedo. De ahí que se haya podido datar la fecha", cuenta Millares, quien añade que días después curiosamente apareció en el Diario de Las Palmas un comunicado de la Comandancia Militar en la que los enfermeros "habían manifestado su deseo de marchar al frente de operaciones para luchar en primera línea".

El historiador, que ha incorpora estas historias a un libro que está elaborando, apunta que es "muy extraño, que acusados y confesos de poner una bomba en un edificio público solicitaran ir a primera línea del frente y que se los dejara marchar sin más. Prueba que confirma la teoría de que fueron arrojados al mar. Su pista se perdió tras ese comunicado oficial.

El monumento, dos rocas tocas unidas por una especie de altar, obra del escultor Francisco Pérez Betancor, sorprendió para bien a los asistentes al acto de inauguración por su sencillez pero también por su fuerza y simbología, envuelto en un espacio que invita al recogimiento y a la reflexión.

La inauguración del este tributo coincide con la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos para dar así cumplimiento a una proposición no de ley aprobada en el Congreso el pasado año y acatar la Ley de Recuperación de la Memoria Histórica.

El presidente del Cabildo Antonio Morales, que estuvo presente en el acto junto a algunos de sus consejeros, subrayó que el monumento queda ya como referente para que "nunca más pueda ocurrir tanta atrocidad y dolor gratuito" y para que la memoria de los que perdieron su vida por defender la libertad "nos mantenga unidos en la defensa de la democracia que garantiza la justicia social".

El alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo, por su parte, recordó cuando hace más de treinta años subía con otras personas casi en la clandestinidad hasta la Sima de Jinámar el Día de los Difuntos para homenajear a los represaliados que fueron allí arrojados y de cómo la sociedad ha sabido entender la necesidad de recuperar la memoria de los que fueron víctimas del franquismo. "Ahora se plantea sacar al dictador de su cripta y no está creando ningún revuelo", señaló.

"La reconciliación parte por recordar también a los represaliados, por intentar recuperar los cuerpos de las cunetas. Esa debe ser la hoja de ruta de este país", subrayó.

Al igual que el líder del Consistorio insular y local, hubo representantes de Unidos Podemos.

El Cabildo de Gran Canaria y Ayuntamiento han costeado conjuntamente la obra y el acondicionamiento de la zona, que ha costado 39.000 euros.

La fortaleza de los vivos

  • El momento más emotivo de la inauguración del monumento a los represaliados de la Marfea fue sin duda el testimonio de Balbina Sosa, que junto a su prima Pino Sosa y Lola Tejera son la voz y la mirada de los represaliados del franquismo en Canarias. Su empeño y fuerza colectiva junto a la de otros familiares de víctimas de la represión y ciudadanos ha logrado la apertura de las fosas comunes de Tenoya y Arucas. Balbina recordó que su padre estuvo a punto de ser un arrojado a la Marfea pero en el último momento le indultaron y ella tuvo la oportunidad de nacer. Sus sentimientos son encontrados. Su padre fue ingresado durante años en el antiguo Lázareto y torturado. El progenitor de su prima Pino no tuvo tanta suerte. Este año, su hija pudo recuperar sus restos, arrojados al pozo de Tenoya. La familia de Lola Tejera también pasó la represión franquista. Su padre estuvo encarcelado durante cuatro años en la cárcel, de la que salió con tuberculosis. Un tío suyo, de apenas meses, fue sacado de la cuna una noche y golpeado contra una pared por lo que falleció, cuenta. Su marido busca aún a su padre.

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