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Entrevista | Mathew Vattamattam

"Claret encontró en Canarias el impulso para fundar nuestra congregación"

"Lo que el Papa dice de una manera más accesible a través del lenguaje común es verdad, pero su enseñanza no es revolucionaria, es la continuación de los núcleos de la fe" afirma

El padre Mathew Vattamattam, la semana pasada, en el patio del Colegio Claret de Obispo Rabadán.

El padre Mathew Vattamattam, la semana pasada, en el patio del Colegio Claret de Obispo Rabadán. JUAN CASTRO

¿Había estado antes en la tierra del 'padrito' Claret?

No, es la primera vez.

¿Qué le ha traído a la Isla?

Para mí es una peregrinación personal para conocer este lugar donde nuestro fundador tuvo su impulso espiritual para empezar nuestra Congregación de Misioneros y para encontrarme con mis hermanos.

¿Qué importancia tuvo Gran Canaria para el santo?

Canarias tiene un significado particular en nuestra congregación porque fue un lugar importante para Claret. En su autobiografía cuenta con detalle el tiempo que pasó en esta tierra. Esta experiencia de misión le clarificó e impulsó su llamada a fundar la congregación. Por eso Canarias es una parte importante de la misión de Claret, por su valor histórico y por ser fuente de inspiración

Usted nació en la India. ¿Cómo conoció la figura de Claret allí?

La India entró más tarde en la historia de los claretianos. Fue en los años 70 cuando llegó de la provincia de Alemania el padre Franz Dinberger y empezó la misión. Lo primero de todo fue la formación y por ello los primeros claretianos indios se marcharon a Alemania. Cuando acabaron regresaron de nuevo y comenzaron la misión. A través de ellos conocí a la congregación.

¿Cómo se encuentra actualmente la congregación?

La congregación sigue numéricamente igual, desde unos quince años somos algo más de 3.000 miembros repartidos por 67 países. Acabamos de fundar dos casas, una en Birmania y otra en Nueva Zelanda y la siguiente la vamos a fundar en Bangladés. Lo sí ha cambiado es el rostro de los claretianos. Ahora hay más vocaciones en Asia y África. Tenemos actualmente casi 1.400 jóvenes en nuestras casas de formación. En Europa, en este momento, tenemos pocas vocaciones, solo en España, Portugal y Polonia.

¿A qué se debe este cambio?

Hay varias razones. Una de ellas es el cambio demográfico. En Europa cada vez se tienen menos hijos y la secularización dentro de las familias explica la falta de vocaciones. Así es en este momento de la historia pero esto puede cambiar. En el caso de África la Iglesia es joven. Tiene pocos años de historia y existe un gran entusiasmo por conocer la fe. Las familias se acercan a las parroquias y son muchos los jóvenes que contemplan entre sus posibilidades ser misionero. Cuando se tiene ese contacto tan cercano con la Iglesia el joven piensa: ¿por qué yo no?

¿Cómo cree que podrían incrementarse esas vocaciones en Europa? ¿Cómo puede acercarse la Iglesia a los jóvenes?

Acercarse a los jóvenes es uno de los desafíos que se ha pensado en el Sínodo de los obispos recientemente. La Iglesia es una familia y no es que los jóvenes estén fuera y ahora les tengamos que abrir las puertas. Los jóvenes están dentro como hijos de la Iglesia que son, con sus conflictos, su manera de vivir, sus dispersiones, sus tentaciones, etcétera. Este es el primer cambio que tenemos que pensar. Igual que en cualquier familia los padres sienten dolor si ven a sus hijos en la calle, tomando droga, etcétera... La realidad de los jóvenes hoy es que están en una edad de búsqueda y tenemos que pensar cómo estar presentes con cariño y cambiar con ellos. Esto es algo que Europa tiene que entender. Desautorizar a la Iglesia o la fe a través de la familia para mí es un suicidio cultural. En mi opinión si Europa desconoce sus raíces y sus valores, esto le va a afectar. En otros ámbitos, cuando hablamos de secularización, lo hacemos a través del respeto y el aprecio por las diversidades, es decir, desde el pluralismo de la sociedad. Pero aquí yo veo que muchas veces existe una devaluación de la tradición y de la autoridad moral de la Iglesia, sobre todo en los medios de comunicación.

¿Y las vocaciones?

Nosotros no creamos la vocación, la recibimos. Dios es el que llama y ayudar a escuchar y responder es lo único que podemos hacer. Es necesario que exista un ambiente que ayude a los jóvenes, a todos, a escuchar su propia vocación, porque esto no es solo para los religiosos. Pero para reconocerla y vivirla se necesita un ambiente de escucha. En este Sínodo hay tres palabras que me han tocado mucho: escuchar, discernir y acompañar. Una cultura de escucha, discernimiento y acompañamiento puede crear un mejor ambiente en la Iglesia.

El Papa Francisco es un revolucionario. ¿Está contribuyendo a estas avances?

No veo en él revolución sino continuación. Lo que el Papa dice de una manera más accesible a través del lenguaje común es verdad, pero su enseñanza no es revolucionaria, es la continuación de los núcleos de la fe. No se ha inventado nada, pero invita a la sencillez y autenticidad del Evangelio. Su palabra, su manera de ser es un testimonio.

¿Le ha conocido en persona?

Tuve la oportunidad de hablar con él en persona y me tocó mucho su manera de escuchar como un hermano. Me invitó a una conversación por un asunto y yo pensaba que era una reunión de varios superiores generales, pero cuando llegué me abrió la puerta y hablamos como si él fuera un hermano mayor. Su atención me sorprendió. También la intuición que tiene sobre la realidad del mundo y la Iglesia y la alegría que transmite.

Uno de los temas de actualidad es el papel de las mujeres en la Iglesia. ¿Cómo cree que se podría avanzar hacia una mayor igualdad?

¿Qué cambios crees tú que hay que hacer para que las mujeres se sientan bien acogidas, para que tengan ese papel importante?

Con un trato más igualitario. Deberían poder ostentar los mismos cargos que un hombre porque están igual de capacitadas. Por no hablar de que las mujeres siguen teniendo poca presencia en muchas reuniones.

Antes que nada, juzgar a una mujer como inferior es pecado porque somos iguales ante Dios. La labor complementaria que desarrollan hombre y mujer es lo que hay que respetar. La Iglesia en su naturaleza es femenina y de hecho la figura más importante, María, es una mujer. También hay muchas santas. El suyo es un papel silencioso. ¿Cómo hacer que haya más participación? Que tengan más voz en la Iglesia creo que es importante. Hay un teólogo, Von Baltasar, que habla de dos aspectos: el petrino (jerárquico) y el mariano (espiritual). ¿Qué es más importante? Lo jerárquico está al servicio de la dimensión espiritual de la Iglesia. María es el arquetipo de la Iglesia. Por eso la dimensión femenina define la verdadera naturaleza de la Iglesia. Teológicamente yo aprecio esta manera de ver la Iglesia. Para ser iguales los hombres y las mujeres no tienen que hacer las mismas cosas. Son iguales en dignidad pero complementarios en sus diferencias. Hay que apreciar a las mujeres con su validez, su riqueza y en la Iglesia hay que dar más pasos de participación y darles voz. Pienso que este Papa está en esta línea. La igualdad no puede estar en que las mujeres lleguen a ser Papa u obispo, pero si en algún momento la Iglesia discierne esta posibilidad yo no tengo problemas porque ¿quién soy yo para oponerme?

Ahora también se están viviendo tiempos convulsos donde los abusos a menores copan los titulares. ¿Cómo cree que se podría reparar este daño? ¿Se podrá cambiar la imagen de la Iglesia?

Institucionalmente es un momento para aprender, para mejorar el acompañamiento de los niños y jóvenes y de estar cerca de las personas que han sufrido y de prevenir que sucedan estas cosas. Yo veo que como institución la Iglesia actualmente está respondiendo bien para prevenir estas conductas y prevenir ya es sanar. Cuando hablamos de Iglesia nos viene la imagen de sacerdotes u obispos, pero en realidad la Iglesia somos todos. Porque, ¿de dónde viene un joven sacerdote? De la sociedad, de la familia y en mi experiencia de acompañamiento me he encontrado con personas que vienen con heridas en sus vidas. Por eso no se puede mirar a la Iglesia fuera de la sociedad, sino que debemos crear todos juntos una sociedad donde esta maldad no suceda. La sociedad entera tiene que hacer una introspección porque ¿pueden seguir las cosas como están? La trata de personas, el comercio sexual en todas sus formas es el segundo negocio por detrás de la venta de armas y hay muchos lugares con prostitución infantil. La Iglesia tiene que aceptar su parte y participar en un cambio más integral, más grande, junto con toda la sociedad.

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