El parque del mirador de La Minilla, situado en la ladera frente al campo de golf Las Palmeras y el hospital Doctor Negrín, muestra un aspecto bucólico pese al ruido que viene de la Circunvalación. En el recinto habitan desde hace tiempo dos personas sin hogar, que han instalado allí sus tiendas de campaña al amparo del escaso tránsito de usuarios. El recinto, inaugurado el pasado año, no cuenta con luz, por lo que la falta de iluminación les hace aún más invisibles para los vecinos de la zona.

Los usuarios del pipicán de La Minilla se quejan de que el parque para perros carece de luz, lo que les impide disfrutar de este espacio con sus animales en cuanto se hace de noche. Y reclaman al Ayuntamiento que les instalen farolas dado que los puntos de luz que se colocaron en las escaleras de acceso y algunos muros han sido rotas e inutilizadas por el vandalismo.

Comida a los animales

Los dueños de perros han tenido además algunos problemas con las sin techo debido a que uno de ellos echa comida a los perros, mientras que el otro no es muy amigo de los animales. Una de las personas sin hogar ha instalado la caseta bajo una palmera justo a la misma entrada del parque, mientras que el otro se oculta tras un muro.

La inexistencia de iluminación obliga a los usuarios a acudir a otros parques para perros fuera de La Minilla con las consiguientes molestias, también para los residentes y vecinos de otros barrios al saturar estos espacios, mientras el recinto permanece vacío. "A las seis de la tarde ya te tienes que ir porque no hay luz, también le falta una fuente de agua para los animales", comenta Laura Pérez, dueña de un perro, que señala que los usuarios lo que buscan es que les instalen farolas dado que los puntos de luces no duran mucho tiempo por el gamberrismo. Ella y otros dueños se están organizando para reclamar al Ayuntamiento mayor atención al parque.

El parque, en el que se invirtieron 28.000 euros se encuentra en la zona conocida como mirador de La Minilla, junto a la escultura de Juan Antonio Giraldo dedicada a la Sabina (2003) que se puede ver desde la Circunvalación a la altura de los túneles de Luengo. El recinto, que se encuentra dentro de una zona ajardinada y arbolada muy agradable, tiene 1.300 metros cuadrados y dispone de un área de juegos para adiestrar a los perros en agility justo al lado de la escultura.

El parque cuenta con la ventaja de que no tiene horario de cierre como ocurre con otros puntos similares de la ciudad al estar alejado de las viviendas, pero dicha prebenda no sirve para mucho sin iluminación, se quejan algunos de los vecinos.

Al parque se accede por dos largas escaleras y rampas desde la calle La Minilla. Una está justo detrás de la gasolinera existente al lado de la rotonda de acceso a la avenida Juan Carlos I, mientras que la otra entrada está en la otra punta de la calle, a la altura del mirador de Guanarteme. Los puntos de luz se encuentran rotos y, en algunos, solo ha quedado el cajetín.

Una usuaria, que no quiere dar su nombre, también se queja de que el parque canino no está vallado del todo por lo que los perros pueden escaparse y bajar incluso a la Circunvalación con el consiguiente problema que ocasionarían para los automovilistas si llegara el caso. "Entre que no tiene luz y no tiene seguridad he dejado de ir", comenta esta vecina de La Minilla que tiene a un tiro de piedra el recinto y que ahora acude al parque Romano. En su opinión, el parque se encuentra "descuidado y abandonado" pese a que el Ayuntamiento capitalino ha potenciado este tipo de recintos.

El pipicán está vallado pero jus-to está abierto en la parte que coincide con la empinada escalera de acceso desde la calle La Minilla, por lo que los perros tienen una salida cuando están en el recinto. Los propios usuarios han instalado incluso cable de valla para jardinería para que los canes no se escapen.