Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las lavanderas de Tenoya que plantaron cara a Tejero

Un grupo de mujeres impidió que entubaran la acequia del pueblo en 1966 l Los vecinos quieren homenajearlas

Era 1966, un año en el que las lavadoras e incluso el agua corriente eran auténticos lujos en muchos hogares canarios. En aquel entonces, una treintena larga de mujeres, lavanderas y vecinas de Tenoya, decidieron plantar cara a la Guardia Civil ante lo que ellas consideraban un atropello. La Heredad de Aguas del Valle de Tenoya había decidido entubar la acequia que cruzaba el pueblo. Acompañadas por el letrado y futuro diputado Fernando Sagaseta, tuvieron que hacerle frente al entonces comandante de la benemérita en Las Palmas de Gran Canaria: Antonio Tejero, quien asaltó el Congreso en el golpe de Estado del 23-F.

La asociación de vecinos Las Medianías tenía previsto rendir la memoria de estas lavanderas con motivo del Día de la Mujer, el 8 de marzo, por haberse enfrentado a la benemérita en plena dictadura. Un acto en el que el propio alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo, habría descubierto una placa en recuerdo de lo sucedido. Pero, según estipula la vigente ley electoral, las administraciones públicas no pueden realizar actos de este tipo desde el pasado 5 de marzo, al quedar menos de dos meses para las elecciones generales. De esta manera, el homenaje tendrá que trasladarse a las jornadas posteriores al 26 de mayo, fecha en la que se celebrarán las elecciones municipales y autonómicas.

Aquellos acontecimientos aún siguen nítidos en los ojos de muchos vecinos de Tenoya. Según desprende la prensa de la época, la Heredad llevaba planteándose construir una acequia desde los años 30, una obra que encontró la total oposición del pueblo. Varias décadas después retomaron esta idea, sin resultado alguno, hasta que en 1966 operarios de la entidad dispusieron una tubería a lo largo del curso de agua. El conflicto estaba servido.

Al parecer, el agua bajaba con gran cantidad de detergente y jabón industrial hasta las fincas adyacentes. Los dueños de las plantaciones de plataneras denunciaron entonces que estas se estaban "estropeando" y que, al mismo tiempo, "muchos animales" habían muerto por beber este agua, según detalló el Diario de Las Palmas en aquel entonces.

Una vez la Heredad comenzó a entubar la infraestructura, las mujeres del pueblo se opusieron. "Ellas hicieron mover a la sociedad civil, empezaron a traer la democracia", señala José Esteban, vecino de Tenoya, quien recuerda aquellos días en los que tenía apenas 15 años. Apunta que durante "unos cuatro días al menos" miembros de la Guardia Civil estuvieron acudiendo al vecindario para disolver los piquetes contra la obra.

Entre estos estaba el comandante Tejero. "Imponían", rememora Esteban, "llevaban fusiles con culatas de hierro". En el transcurso de los disturbios, este vecino recuerda que hubo, al menos, una herida, pues a doña Rosarito, la Pava, "la tiraron dentro de la acequia de un culatazo".

El abogado Sagaseta, quien acababa de salir de prisión, acudió hasta el barrio para defender a la muchedumbre. "Intercedí ante el Gobierno Civil para revocar la orden de cerrar la acequia", señaló el letrado al historiador Sergio Millares en su libro Fernando Sagaseta: La vida de un luchador irremediable.

El letrado le comentó entonces a Tejero, mientras este se bebía un ron en una tienda de aceite y vinagre, que estaba dispuesto a defender a las mujeres del pueblo. Al parecer, el comandante le respondió "eso no cuenta para nada porque lleva mucho tiempo resuelto el caso y es deseo del ministro [de la gobernación] que se cumpla de una vez".

El día en el que subió a Tenoya, Sagaseta le comentó a Millares que eran "todo mujeres y un montón de guardias civiles". En un momento preciso, una de estas mujeres le preguntó al abogado "¿Los echamos al barranco don Fernando?". Tiempo después, descubrió que se trataba de una "provocación" y que esta tenía instrucciones de la Benemérita.

"Los hombres miraban de lejos, no se atrevían a actuar por miedo a ser detenidos", señala Esteban. Finalmente, el grupo de tenoyeras bajó hasta la capital junto a Sagaseta y lograron paralizar la obra ante los juzgados, tal y como desprende el libro de Millares.

Los vecinos de Tenoya resaltan en estos días, en los que se destaca el papel luchador de la mujer, que fueron ellas quienes lograron poner el agua de abasto en el pueblo "y a día de hoy el 20% sigue sin tener alcantarillado", resalta Esteban. Diario de Las Palmas tomó en 1966 el testimonio de una "viejecita" que señaló que "el día en el que el Ayuntamiento de Las Palmas, término al que pertenecemos hace solo unos años, establezca el alcantarillado y proporcione agua suficiente al pueblo, permitiremos que la acequia sea tapada".

A su vez, los vecinos lamentan que el homenaje no se haya podido realizar ahora, en la mismísima calle Acequia, tan simbólica para los tenoyeros. Esperan que el gobierno resultante de las elecciones de mayo retome la iniciativa y honre a estas mujeres.

Compartir el artículo

stats