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Puerto | Armas estrena su nuevo catamarán

Armas recupera el espíritu del 'jet foil' en el 'Volcán de Tagoro'

El catamarán que la naviera isleña incorporó a su flota en agosto conecta las dos capitales canarias en poco más de 90 minutos

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Naviera Armas presenta de manera formal el 'Volcán de Tagoro'

Son las 12.28 horas. A esta hora, la actividad es incesante en el puente de mando del Volcán de Tagoro. El barco de Naviera Armas zarpará en menos de dos minutos para realizar una de las trayectorias que realiza cada día en el 'puente marítimo' que une las dos capitales canarias, por lo que el capitán Matías Ramos Chinea se concentra para controlar la maniobra de salida del Puerto desde la consola de mando del barco.

"Aquí tenemos más visibilidad, más eslora y pantallas que, con las cámaras que hay en popa, se convierten en nuestros ojos", explica el joven oficial, que con solo 30 años ya lleva siete trabajando para Naviera Armas y pilota su nueva joya desde hace un mes. Justo a su lado, un práctico del Puerto supervisa la maniobra que permite al barco iniciar el trayecto entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.

Con el Volcán de Tagoro cruzando por fin la bocana del Puerto, el práctico se despide de los oficiales a toda velocidad y el capitán vuelve a su sillón para pilotar el catamarán con una pequeña rueda de unos diez centímetros de diámetro que tiene poco que ver con los timones tradicionales que se ven en los barcos. Por delante, poco más de 90 minutos de navegación que en Naviera Armas consideran herederos de los tiempos del jet foil, la embarcación rápida que en la década de 1980 sentó las bases del transporte interinsular de personas al conectar las dos capitales canarias con una tardanza similar.

Una cosa diferencia este barco de aquellos pequeños bólidos: la capacidad de pasaje, mucho mayor ahora. A bordo del Volcán de Tagoro puede viajar un ´máximo 1.165 pasajeros repartidos en tres tipos de acomodaciones. Además de la habitual clase turista ubicada en la zona central y de la clase premium que ocupa toda la popa, el buque tiene habilitada una zona denominada 'premium economy', justo en la proa, desde la que se puede contemplar la trayectoria que está realizando el barco. Todas las zonas cuentan con amplios asientos de polipiel -en la zona de turista, también butacas- y enchufes o conectores USB para que los viajeros puedan mantener alimentados sus dispositivos electrónicos. El director comercial de Naviera Armas, Jaime Cabrera, asegura que estos detalles son la materialización de la apuesta por la comodidad que supone el Volcán de Tagoro dentro de la flota de la compañía. "En los salones todo es confortable y con una facilidad de acceso notable", subraya.

Mientras en el puente de mando los oficiales preparan todo antes de zarpar y los pasajeros se acomodan en sus butacas, en la bodega los operarios se afanan para repartir los vehículos. El Volcán de Tagoro distribuye los coches en dos cubiertas, algo que de acuerdo con Cabrera redunda en una agilización de las operativas en Puerto. La planta superior de la bodega, a la que se accede a través de una rampa interior, está reservada para los vehículos tipo turismo, mientras que en la zona inferior tienen preferencia los grandes camiones de mercancías y otros automóviles que, como las caravanas, ocupan un espacio voluminoso. En total, las bodegas del barco tienen capacidad para 405 vehículos o 600 toneladas de carga.

Ese mismo peso es el que se utilizó en su día para realizar los test de mar que permitieron a Armas confirmar la potencia de la máquina que estaba incorporando a su flota. El Volcán de Tagoro fue capaz de alcanzar los 43 nudos -equivalentes a unos 80 kilómetros por hora- en pruebas y rozó los 41 durante una de sus primeras operativas entre Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, aunque normalmente navega a velocidades algo más reducidas -sobre los 38 nudos- para contener el consumo de combustible, según aclara Cabrera.

Algunas de las pruebas de velocidad del catamarán fueron realizadas durante el viaje transoceánico que realizó entre Australia y Canarias este verano. El jefe de máquinas del Volcán de Tagoro, Roberto García Pérez, estuvo presente en aquella experiencia, un trayecto que define como "duro, pero bonito".

La tripulación para esa primera travesía, compuesta por algo menos de 20 personas entre jefes, primeros, personal de máquina y tripulantes de cabina, vivió su particular Gran Hermano durante los 25 días que duró la navegación. "Hicimos un puzle que encajó perfectamente; cuando hubo que trabajar y echar horas se hizo y cuando podíamos relajarnos lo hacíamos", continúa García Pérez. Como recuerdo del origen del Volcán de Tagoro y de la travesía que realizó poe medio mundo hasta llegar a su base en Canarias, la tripulación guarda en el puente de mando un pequeño diablo de tasmania de peluche que ya se ha convertido en la mascota oficiosa del barco.

Por el camino entre Australia y Canarias -que incluyó paradas en Nueva Zelanda, la Polinesia Francesa y Panamá- hubo que sortear complicaciones meteorológicas, como las olas de hasta cinco metros que aparecieron en el trayecto entre Nueva Zelanda y Papeete, capital de Tahití, pero también hubo tiempo para grandes experiencias marineras. Entre ellas, el jefe de máquinas destaca el paso por las esclusas del canal de Panamá, aunque también recuerda con especial cariño el viaje entre el país centroamericano y Canarias. "Fue la parte más emocionante, porque también era la llegada". De hecho, cuando el buque pasó por El Hierro se acercó al Mar de las Calmas para situarse justo en la vertical del volcán submarino que le da nombre, el mismo que surgió al sur de la Isla del meridiano como consecuencia de la erupción de 2011.

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