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Entrevista | Rafael Marrero, 'Feluco'

"Nos intentaron derribar, pero ahora Guaguas vive un momento de gloria"

"Es importante para nosotros lograr que el Consistorio se sienta orgulloso de tener una empresa como esta", afirma

"Nos intentaron derribar, pero ahora Guaguas vive un momento de gloria"

Usted vivió la época previa a la municipalización, ¿cómo fue todo ese proceso?

Tuve la gran fortuna de conocer los trabajadores de una época, que fueron los años 69 al 80, en la que se movió todo el tema de reuniones en el despacho de abogados como Fernando Sagaseta o Carlos Suárez. Los encuentros eran por la mañana, por la tarde y por la noche e íbamos planificando medidas de presión porque ya Guaguas empezó a pagar los salarios mediante vales, había una quiebra. Ene se momento, aprovechamos para provocar el cambio. Las opciones eran insularizar, municipalizar, hacer una sociedad al estilo de Salcai o la cooperativa, y nosotros optamos por la empresa pública municipal. Lo hicimos en la época en que salió Manuel Bermejo, Enrique Caro y Juan Rodríguez Doreste, apretamos y logramos que en 1979 se produjera un rescate de la empresa por parte del ayuntamiento, que luego la municipalizó, un logro importantísimo porque, a pesar de que ha habido hasta la fecha un montón de escalones de los que han intentado tirarnos, hemos logrado sobrevivir y llegar a un momento de gloria para Guaguas.

Esa lucha por la municipalización también se llevó a cabo en un momento convulso en la historia de España, ¿eso afectó también?

Sí, nosotros salimos de la dictadura a la democracia y no sabíamos lo que era nada de eso. Luchábamos por tener un buen convenio colectivo, en 1969 se negoció un pacto de grupo en el que el Ayuntamiento daba un dinero para Guaguas, pero no sirvió para nada prácticamente, porque no hubo ni convenio ni nada, sino que los patronos lo usaron para tapar determinados agujeros. En 1975 ya cambió todo y pasamos a la democracia y aprovechamos para dar guerra, no teníamos bandera: si estaba la derecha en el Gobierno le dábamos a la derecha, y si estaba la izquierda, le dábamos a la izquierda. Los guagüeros seguimos ahí, pero hemos establecido una línea de colaboración con la empresa porque nos interesa sacar esto para adelante y si las guaguas funcionan, funciona todo mejor. Lo más importante para nosotros es lograr que la empresa siga siendo pública, que sea rentable o no, pero que el Ayuntamiento se sienta orgulloso de tener una empresa como esta al servicio del pueblo.

¿Ha sido combativo el comité de empresa?

Claro, ha sido muy combativo pero en estos cuatro años hemos decidido colaborar, no nos hemos entregado sino que estamos en algo que es positivo para todos.

Después de 50 años aquí, ¿sigue con ganas de seguir, no busca la jubilación?

Guaguas forma parte de mi vida y me he planteado qué voy a hacer ahora cuando me jubile. Veo a mis compañeros que se jubilan y empiezan ya con las enfermedades y tal, y las guaguas son mi forma de vida, las quiero tanto que creo que voy a sufrir las consecuencias. Voy a echar de menos las guaguas, pero las voy a seguir y voy a estar ahí para mis compañeros. No tengo ganas de jubilarme, me siento guagüero y muy feliz en esta empresa: he padecido tanto con ella que la siento muy mía.

Estoy mantenido por el tema sindical, que me gusta un montón, y como mi trabajo no es de conductor no estoy muy agobiado. El del conductor es el trabajo más duro que hay en Guaguas Municipales, debe valorarse más porque son los que dan la cara al pueblo.

¿Cuánta gente hay trabajando en Guaguas ahora mismo?

Hay unas 50 personas en el taller, que hacen mantenimiento, y hay unas 80 en administración. Además de los centenares de conductores... Ahora la empresa ha crecido con el tema de la MetroGuagua, y nosotros no queremos que se hagan dos compañías distintas: que una vaya por un lado y la otra por el otro, sino que queremos una empresa única. Nos interesa que la empresa se modernice y que las cosas se hagan bien para que los trabajadores reciban el fruto.

¿Cómo han cambiado las guaguas en estos 50 años?

Yo entré aquí con guaguas de madera y las puertas abiertas, que la gente iba colgada por los lados, después ya vinieron las guaguas con las puertas cerradas y las palancas de cambio. Ahora todo es electrónico, son una maravilla, parecen aviones. Están viniendo ya guaguas híbridas y eléctricas: el mundo está evolucionando a pasos de gigante, el mundo de la electrónica está comiendo todo y eso nos está influenciando. El tiempo pasado fue mucho mejor que el presente para mí, el presente hay que vigilarlo con mucho tino porque nos comen todo, desaparecen puestos de trabajo... Siempre estamos en pie de guerra porque nunca se sabe lo que va a pasar.

¿Cómo ve el futuro?

El futuro lo veo positivo en estos momentos; el único problema que puede tener una empresa de este tipo son los políticos y su forma de pensar, que gestionan sin ser técnicos en esta materia, pero si se ponen a tono y dejan trabajar a las personas que sí que saben de este tema, yo creo que iremos bien. Viéndolo desde fuera veo una empresa con un gran proyecto de futuro.

¿Ya no se ve la sombra de la privatización?

No, ya no. Se ha firmado con el Banco Europeo de Inversiones un crédito a 25 o 30 años en el que el Ayuntamiento avala que no se va a privatizar de momento. Ahora es una empresa rentable, solvente. El mayor orgullo que podemos tener es que la empresa tenga viabilidad en estos momentos y dar garantía de trabajo. Estamos en continuo crecimiento, y eso significa que estamos bien gestionados de momento.

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