AQUÍ LA TIERRA
"La oscuridad de la noche"
Un enjambre de langostas peregrinas penetró en el Estadio Insular en 1954 y obligó a parar el partido entre la UD y el Atlético de Bilbao

Foto de Martínez publicada por Diario de Las Palmas en la que se observa cómo una langosta se posa en el larguero de una de las porterías del antiguo Estado Insular el 17 de octubre de 1954. / LP/DLP
Mariano de Santa Ana
Algunos testigos le han transmitido el recuerdo al reportero. Probablemente habrá lectores que lo recuerden por sí mismos o que, como el reportero, han recibido la transmisión del recuerdo: 17 de octubre de 1954. Veinte mil espectadores abarrotan el antiguo Estadio Insular para presenciar el partido entre la Unión Deportiva Las Palmas y el Atlético de Bilbao. El equipo local gana por un gol cuando un enorme enjambre de langostas, integrante de la mayor plaga de estos insectos que asoló a Canarias en el siglo XX, penetra en el recinto. Por unos instantes se impone la oscuridad y luego los bichitos se despliegan por el césped, aunque les resulta incomestible. El partido es suspendido transitoriamente. Luego se reanuda. Acaba con empate a tres.
Junto a los testimonios de los testigos directos de F., ya fallecido, y P., que aún vive, el reportero conserva una valiosa fuente indirecta para hacerle hueco entre la actualidad informativa a este suceso de la historia de Las Palmas: el delicioso libro La langosta 'peregrina' en la prensa canaria. Crónicas del siglo XX, obsequiado por su autor, el historiador Manuel Ramírez Muñoz, un investigador con propensión a la investigación micrológica, que es la que mejor rescata algo del pulso de la vida pasada.
En esta compilación de informaciones periodísticas sobre la Schistocerca gregaria, que es como se denomina científicamente a las langostas procedentes del Sahara que asolaron Canarias hasta no hace tanto, destaca la crónica publicada en Falange por Eduardo Carque Gil, el 21 de octubre de 1954. Con una exuberancia estilística similar a la de los locutores del NODO, el redactor del periódico del régimen franquista dice que "la plaga de ortópteros que ha invadido el Archipiélago, aunque eficazmente combatida por las disposiciones de las autoridades que se afanan para paliar, ahuyentar o pulverizar su existencia, ha invadido sin la menor reserva los campos deportivos". Y continúa: "No solo pretende mermar nuestras embrionarias cosechas de rico tomate, sino también actuar en el Estadio Insular en una tarde cuajada de emoción y sobresaltos".
Se volverá sobre lo que relata con su florida prosa el periodista de Falange, pero antes hay que dar voz a alguien que, más que testigo, fue protagonista de aquel insólito momento: Marcial Sánchez Egea, "Marcial", defensa de la Unión Deportiva que tuvo que vérselas entonces tanto con los futbolísticas bilbaínos como con la langosta. En la Historia de la UD Las Palmas de Antonio de Armas de la Nuez, el jugador recuerda aquel que es recordado como "el partido de las langostas" como uno de los momentos más impresionantes de su carrera: "El choque debió ser suspendido ya que la multitud de langostas era tan grande que provocaban la oscuridad de la noche".
A lo que se ve, y esto añade más rareza al asunto, el torneo no se suspendió nada más interrumpir el enjambre de animales de la clase Insecta y del subfilo Mandibulata. Vascos y canarios estuvieron unos minutos contendiendo en el Insular, mezclados con las langostas, de tal modo que el propio Marcial cuenta que "íbamos ganando el partido y en un avance de la delantera bilbaína, cuando me disponía a despejar el balón, resultó ser una bola de langostas con forma de esférico, recogiendo el verdadero balón Arteche para introducirlo en la red". Quizá hoy, con unas reglas de arbitraje tan estrictas que incluyen hasta sistemas de vídeo y cámaras de televisión para revisar las jugadas, la irrupción de un "balón" de langostas en el campo, hubiese hecho que del dictamen arbitral fuera otro, pero el caso, es que, como se ha dicho, la UD ganaba y los insectos no solo propiciaron el cambio en el marcador sino que insuflaron brío en el equipo visitante. Así cabe deducirlo de las palabras de Marcial: "Yo me quedé aturdido y perplejo, sin saber lo que hacer, mientras el extremo bilbaíno corría a celebrar el gol."
En fin, Marcial evoca el acontecimiento como un "recuerdo aciago", pero Eduardo Carque Gil no solo no lo vio así, sino todo lo contrario. Vale la pena concluir citándole largamente: "el empate a 3 goles contra el Atlético de Bilbao es una heroicidad llevada a cabo por el Unión Deportiva. El Atlético de Bilbao es un equipo fuerte, conjuntado y de mucha clase. Y mantener a raya a un coloso de esa naturaleza ya es hazaña. Eso fue lo que movió a la langosta a acudir al Estadio. Saludar, a su paso por estas islas, a un equipo pundonoroso que sabe poner en su conducta el amor propio, la dignidad profesional, la moral y todas esas nobles y relevantes cualidades que tanto dicen del hombre".
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