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aquí la tierra

Nostalgia del futuro

Una foto de los años setenta muestra a un grupo de escolares mientras ascienden por una de las últimas dunas del arenal de Guanarteme

Fotografía de los escolares mientras ascienden por la duna del arenal de Guanarteme. MIPLAYADELASCANTERAS.COM

Quizá, de entrada, lo pertinente sea desvelar que este reportaje se escribe en la vivienda de un edificio en el entorno de El Corte Inglés, donde hasta principios de los años sesenta solo había arena. Esta arena, que ha reaparecido transitoriamente en los últimos meses con las obras de la MetroGuagua, formaba parte del gran arenal de Guanarteme, que se extendía desde las faldas de las montañas de La Isleta hasta donde hoy se encuentra el barrio que, no por otra razón, se llama Arenales. Al mismo perteneció también la duna que se ve en la foto, por la que suben los escolares que compiten divertidos para alcanzar su cresta.

Si para empezar el reportaje su autor ha creído necesario dar una pista sobre el sitio en el que lo redacta, ello obedece simplemente a que la fotografía que lo ocupa le produce sentimientos encontrados: le embelesa y a la vez le incomoda, esto último porque su visión le despierta ese sentimiento cuyo nombre es nostalgia que puede anegar de almíbar su escritura. Le cautiva y simultáneamente le contraría, esto último porque las grúas y el edificio en construcción que aparecen en la imagen prefiguran lo que sería la desaparición de casi todo el arenal de Guanarteme, a lo que contribuyó igualmente el edificio donde el periodista da forma al reportaje.

Para conjurar la posibilidad de caer en la nostalgia edulcorante que le provoca la evocación de este valioso paisaje natural de Las Palmas, y la contrariedad de pensar que su desaparición no es solo responsabilidad de promotores, arquitectos y políticos, sino también, en mayor o menor medida, de todos los ciudadanos, que por necesidad o deseo de prosperar se han beneficiado de su urbanización, el reportero podría haber optado por no escribir sobre ello. De hecho ha tenido durante mucho tiempo almacenada esta foto en su ordenador -la extrajo de la web miplayadelascanteras.com- y de vez en vez la contemplaba pasmado. Pero la parálisis también socava, de modo que aquí está reportaje.

Escribir como quien navega por un estrecho donde en orillas opuestas acechan los peligros de la nostalgia de un pasado no anterior a 1972 -ese año se inauguró el "Edificio de los Taxistas", que asoma en la foto- y el malestar, a la vez, de reconocerse habitante de una de estas construcciones que destruyó casi totalmente el paraje natural añorado. Quizá el canal puede ser atravesado con éxito mediante el examen de la propia nostalgia, de la parálisis que provoca por la pérdida irreparable del pasado.

Naufragio con espectador. Es probable que el lector asista, confortablemente acodado en la lectura, al fracaso de la tentativa, pero el reportero obstinado cree comprender que lo que le embelesa en esta imagen, y puede embelesar a quien le acompaña, no es tanto la posibilidad de recuperar aquellas últimas dunas, vestigios de un tiempo en que la urbanización de esta parte de Las Palmas no era completa. Lo que ocurre, o eso cree el periodista, que tal vez avanza desnortado hacia el desastre, es que estos vestigios de dunas que aparecen en la foto recuerdan que puede haber una relación con la naturaleza no del todo absorbida por la urbanización. "Mientras el progreso mutilado en sentido utilitarista haga violencia a la superficie de la Tierra", dice el filósofo, "la percepción no se deja convencer (pese a todas las pruebas de lo contrario) de que lo que está más acá de la tendencia y ante ella es en su retraso más humano y mejor". Los niños que juegan en la duna también recuerdan que los humanos pueden mantener relaciones no instrumentales con la naturaleza.

Quizá, entonces, no sea la nostalgia del pasado lo que aguijonea la conciencia del reportero cuando contempla la foto, sino la nostalgia del futuro. De un porvenir que se presenta sombrío, pero que si los políticos y demás ciudadanos de Las Palmas, como los del resto del planeta, ponen algo más de su parte, tal vez no se imponga fatalmente como una sombra sin tiempo.

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