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ANÁLISIS

El valle perdido de palmeras

Tamaraceite era un cantón con abundancia de la 'Phoenix Canariensis', símbolo de muchos pueblos del Archipiélago y al que debe su nombre el barrio

Entorno del valle de Tamaraceite, con la ermita de La Mayordomía en primer plano en los años 20 del siglo pasado. FEDAC

La Phoenix Canariensis ha sido y es el símbolo de muchos de nuestros pueblos, sobre todo en la isla de Gran Canaria. No solo por darle el nombre a su capital sino a muchos lugares de las Islas. Un cantón que especialmente fue abundante en palmitos fue Atamarazait, y al que le debe su nombre. El nombre de Tamaraceite, según Juan Álvarez Delgado en el Anuario de Estudios Atlánticos, viene de "palmital" por estar derivado del nombre guanche bereber alusivo a palmero macho y no a palmeras datileras. Para Antonio Abad Arencibia Villegas, historiador, literato y pintor de Tamaraceite, el término viene de los vocablos Atamaraz-ait, cuyo significado podría ser "paso entre palmeras".

Este autor afirmaba que esto coincidía con las anotaciones de algunos exploradores castellanos que hablan de Tamaraceite como de un hermoso valle cubierto de palmeras por el que discurrían barranquillos de agua. Desde 1476 se data la existencia del cantón de Tamaraceite y fue durante la colonización cuando los historiadores Abreu y Galindo y Morales Padrón hablan de capturas de ganado, productos agrícolas y de la existencia de grandes palmerales señalando que "500 hombres con hachas trajeron de este pago 60.000 palmitos". René Verneau en su libro Cinco años de estancia en las Islas Canarias habla de cómo era este lugar. "He dicho que el agua es abundante en Tamaraceite. Relativamente lo es en toda la isla, pero en ninguna parte como en el norte. A una corta distancia de la carretera, enfrente de Tamaraceite, se ve San Lorenzo, y a lo largo del camino se encuentran aglomeraciones de casas. En esta comarca la naturaleza arcillosa del suelo permite construir sin muchos gastos amplios depósitos. Para conservar el agua es suficiente excavar un agujero en un sitio conveniente", señala.

Pero la isla de Gran Canaria sufrió un gran asedio durante siglos y fue en el siglo XVIII cuando se continúa con la desforestación, sobre todo, de las lomas que llevaban al norte de la Isla por Tamaraceite. A la influencia de la agricultura y de los fenómenos naturales en la desaparición de la palmera y la degradación del paisaje hay que sumar, desde mucho antes, el sobrepastoreo ya que los rebaños de Tamaraceite permanecían aquí desde noviembre hasta julio para después trasladarse a Valleseco o Firgas. La introducción del plátano en el siglo XIX, del tomate y las nuevas construcciones contribuyen a que estas unidades de paisaje que conforman el espacio de Tamaraceite se hayan transformado de manera radical.

La palmera ha formado parte de nuestra historia como Isla y como barrio de la ciudad. Los tamaraceiteros estamos muy orgullosos de llevar a la palmera como símbolo de nuestra identidad. Por estos lares surgen, después de siglos de explotación del suelo, ejemplares de Phoenix Canariensis que llevó incluso al Cabildo Insular de Gran Canaria a realizar un estudio sobre este hecho. Los alrededores del barranco de Tamaraceite son un espacio por donde la palmera todavía pide paso de manera espontánea y en muchas ocasiones son taladas por intereses o por parte de las propias instituciones para plantarlas en otros lugares de la capital. Esta práctica dañina ha hecho que en los últimos treinta años en los alrededores de La Mayordomía no se haya regenerado esta especie de manera natural porque si no ya habría un gran palmeral en este espacio.

Los autores Miguel Ángel González Pérez y Pedro Sosa Henríquez del Departamento de Biología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el artículo La Palmera Canaria (Phoenix canariensis): Diversidad Genética e Hibridación Revista 23 / Año 2002 dan algunos consejos que convendría tener en cuenta como: no introducir especies foráneas en el Archipiélago o, en su defecto, controlar dónde son plantadas y evitar en la medida de lo posible que estas crezcan cerca de palmerales naturales de Phoenix Canariensis. También respetar y proteger las poblaciones naturales existentes en el Archipiélago evitando su reducción, y evitar el trasiego de palmeras entre poblaciones. Y concluyen estos autores que en el caso de que la repoblación sea la única estrategia posible a seguir, esta debe estar controlada, teniendo en cuenta que el número de individuos introducidos no puede exceder al 1% de los individuos de la población de origen (Ellstrand & Elam, 1993).

Cuidemos a nuestra palmera, símbolo de identidad de nuestra Isla, de nuestra capital y de nuestros pueblos. Hagamos posible su regeneración natural y Tamaraceite puede ser ese espacio referente mundial de esta especie, la Phoenix Canariensis, que cada vez es menos visible en nuestro paisaje.

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