Decenas de bañistas de la playa de Las Canteras pudieron ser testigos, ayer por la mañana, de cómo se puso en libertad a una tortuga que había sido encontrada enredada en una malla el pasado diciembre. Se trata de un ejemplar de tortuga boba que fue rescatado por el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre del Cabildo en la zona de El Confital, junto a otro quelonio, después de que Aramis Blanco, un usuario que suele salir a correr por el litoral, avisara a los servicios de emergencia de la presencia de estos animales.

"Fue una mañana cualquiera. Yo me disponía a hacer running por la zona de El Confital y una persona fue la que avistó, en primer lugar, a las tortugas, ubicó la zona y me pidió que llamara por teléfono. Yo alerté al 112, para que contactara con los centros especializados y me dispuse a localizarlas en la zona donde me había dicho este señor. Estaban a unos 100 metros de ese lugar y, una vez las vi, simplemente me limité a esperar a que llegaran los servicios especializados y a refrescarlas, ya que sabía que había que intentar que no se movieran para que las heridas que sufrían no se acrecentaran", explicó Aramis Blanco.

Desde el momento del rescate de las tortugas, estos animales han recibido en el Centro todo el cuidado necesario para sanar su heridas y poder ser puestas en libertad nuevamente. Una de ellas ya fue liberada en diciembre, ya que sus cortes eran superficiales y su mejora fue inmediata, pero el otro ejemplar ha pasado un proceso de varios meses recuperándose debido a que, según contó la consejera de Medio Ambiente, Inés Jiménez, se encontró en muy mal estado, totalmente enredada en varios kilos de redes y plásticos. "Si no llegamos a intervenir, el animal no habría podido sobrevivir", añadió la consejera. "La tortuga, que pesa tres kilos y medio, estaba enredada en 17 kilos de malla, que es como si una persona tuviera 350 kilos de basura encima de sus hombros y tuviera que comer, desplazarse y hacer todo con ese peso encima", explicó Manuel García, operario de flora y fauna del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre.

En cuanto al proceso de recuperación, Manuel García declaró que se ha seguido un tratamiento con antibióticos y ha sido bastante rápido y muy bueno, aunque, al principio, a la tortuga le costó un poco comer. "Ha sido un trabajo en equipo. Yo soy el que las trae al mar, pero esto es un trabajo interdisciplinar entre veterinarios, biólogos y personal del Cabildo que, desde que estos animales ingresaron en diciembre, les han hecho un seguimiento diario", recalcó García.

Actuación ejemplar

El operario del Centro también quiso destacar la forma de proceder ejemplar de Aramis Blanco. "Es muy importante actuar como lo hizo Aramis. Lo que no hay que hacer es intentar atender a la tortuga y devolverla al mar porque, aunque aparentemente esté bien, cuando ingresan en el centro lo primero que se le hace es una radiografía, un análisis de sangre y, por último, son los veterinarios quienes determinan el tratamiento a seguir". "Lo que se debe hacer es, en primera instancia, llamar al 112 y ellos nos pasarán el aviso a nosotros, para proceder a la recogida" añadió Manuel García.

Aramis Blanco, por su parte, confiesa estar muy contento con la repercusión que se le ha dado a este gesto. "Es la primera vez que me sucede algo así. La suelta ha sido muy emocionante y lo he vivido con más intensidad por mis hijas, que han sido quienes han soltado a la tortuga en el mar. Y es que, de repente, ves en ellas cómo esta actividad promueve conciencias sobre cómo se debe realizar este acto".

La tortuga boba es la especie de quelonios más común en el Archipiélago, donde fundamentalmente se alimentan durante la etapa juvenil de su ciclo vital para, luego, poner rumbo a sus colonias de origen, normalmente en el Caribe o Cabo Verde, y depositar allí sus huevos. La presencia de este tipo de redes y plásticos en el mar está haciendo que cada vez sea más común encontrar ejemplares varados y malheridos en las playas. Aunque este año aún no se ha producido la entrada de ninguna tortuga en las instalaciones del Cabildo, Manuel García aclara que "la mayoría de los ingresos de tortugas en el Centro, unas 50 o 60, son por enmallamiento de plásticos, residuos sólidos y residuos que todos los usuarios de las playas dejamos tirados y terminan en el mar. Esos residuos acaban formando parte de la cadena alimenticia de las tortugas o enredados en sus extremidades".

El Centro de Recuperación de Fauna Silvestre acoge ejemplares procedentes desde diferentes lugares de Europa, además de tortugas. La media de ingresos anuales supera los 2.000 ejemplares de diferentes especies y, por ello, se ha convertido en pionera en la organización de campañas de rescate y atención sanitaria especializada. Aunque su labor es muy importante, desde el Cabildo recuerdan que es una tarea de cooperación conjunta con la sociedad. "Parte de este trabajo es la coordinación con la sociedad, porque unos las encuentran y nos ponen en conocimiento de la situación del animal y nosotros lo recuperamos y difundimos que hay que cuidar la naturaleza, sobre todo el mar", quiso concluir Inés Jiménez.