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CRISIS DEL CORONAVIRUS Efectos del confinamiento sobre las ciudades

Dióxido de nitrógeno a nivel mínimo

La caída de la actividad industrial y la reducción del tráfico como consecuencia del confinamiento disminuye la presencia de partículas contaminantes en el medioambiente

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Coronavirus en Canarias | La jornada del lunes en la capital grancanaria

"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha". Esa reflexión sobre la relación entre el Hombre y su entorno del novelista y poeta francés Víctor Hugo toma hoy más vigencia que nunca. Aunque con algunos matices, porque hoy la humanidad sí escucha a la madre Tierra pero parece que prefiere mirar hacia otro lado. Tan solo ha sido necesario que un imperceptible virus haya llegado con tremendo sigilo y provoque una crisis sanitaria de alcance global y dimensiones nunca vistas, para obligar a confinar a miles de millones de personas y darle un respiro al planeta. Y está agradecido.

La Tierra es desde hace seis semanas más habitable gracias a que el ser humano está recluido en su casa y no vierte residuos sobre ella. Y no hace falta marcharse muy lejos para comprobar cómo la inacción humana reduce la presión sobre el medioambiente. Gran Canaria es ahora una isla más limpia, con un aire de alto grado de pureza y con niveles de dióxido de nitrógeno reducidos a su mínima expresión.

La autovía GC-1 en el área metropolitana de Las Palmas de Gran Canaria soporta una presión de 200.000 vehículos diarios en circunstancias normales, cifra que apenas ha superado los 20.000 desde que se decretase el estado de alarma y no llegó a los 10.000 coches entre el 30 de marzo y el 9 de abril, cuando se paralizó toda actividad no esencial, según datos del Servicio de Carreteras del Cabildo.

La drástica caída de la densidad de tráfico y de la actividad industrial provocada por el confinamiento ha reducido en el aire de la Islas los niveles de dióxido de nitrógeno, proveniente de la quema de combustible de los vehículos, y de dióxido de azufre, gas vertido por las fábricas industriales y por los barcos. Es decir, el confinamiento ha coadyuvado a disminuir la concentración de gases contaminantes en la atmósfera grancanaria.

Red de Vigilancia

En términos generales, la presencia de estas dos sustancias ha caído, y con ello la contaminación, en más del 70% con respecto a la situación previa al período de cuarentena. Los datos son aún mejores en las estaciones de la Red de Control y Vigilancia de la Calidad del Aire de Canarias ubicadas en entornos urbanos como Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, donde se registra hasta un 85% menos de dióxido de nitrógeno en el aire en algunos períodos, tal y como señala Aridane González, presidente del Comité de Expertos para el Estudio del Cambio Climático en Canarias e investigador de la ULPGC.

Partiendo de estos datos, el índice de calidad del aire en Gran Canaria está siendo estas semanas "muy bueno". Los datos publicados por la Red de Control y Vigilancia de la Calidad del Aire de Canarias durante esta última semana reflejan un alto grado de pureza del aire. El dióxido de azufre no ha superado los 100 microgramos por metro cúbico, cifras similares a la semana previa al estado de alarma del 9 al 13 de marzo, y el dióxido de nitrógeno ha estado por debajo de los 40 microgramos por metro cúbico, frente a los 51 del mismo período.

Todos estos cambios son más que perceptibles para el ojo humano, si bien es cierto que donde más se percibe es en las grandes ciudades. En Gran Canaria y su capital, la reducción de la contaminación puede apreciarse a simple vista hasta el punto de observarse con nitidez espacios distantes, como por ejemplo la Cumbre desde la ciudad. Y por supuesto, estos menores niveles de contaminación redundan en beneficios para la salud pública.

No obstante, si una vez finalizado el período de confinamiento volvemos a emitir gran cantidad de gases, volveremos a ocupar los mismos niveles de contaminación. "El objetivo debe ser aprender de todo esto; sabemos dónde y cuándo contaminamos más, así que si hacemos estudios para primar la movilidad colectiva por encima de la individual lograremos mejorar poco a poco la calidad del aire de forma permanente", señala Aridane González.

En el Sur, el confinamiento ha tenido su reflejo en las dunas de Maspalomas. El espacio ha recuperado las ondulaciones en la arena, sin huellas humanas, dejando una estampa que no se apreciaba desde hace medio siglo. Además, el proyecto de recuperación de las dunas avanza a mayor velocidad de la esperada, según informó esta semana el Cabildo, y más de la mitad de la arena que se extrajo de la Punta de La Bajeta ya se ha reincorporado al sistema y están empezando a nacer nuevas dunas.

Aunque no todo depende de la intervención humana, como ocurrió los días 22, 23 y 24 del pasado mes de febrero, cuando una espesa capa de calima se posó sobre el cielo canario. El domingo 23 Canarias marcó el pico mundial y fue el territorio más contaminado del planeta con valores que en Las Palmas de Gran Canaria alcanzaron los 999 puntos del Índice Mundial de Calidad del Aire, un dato que duplicó los 500 puntos, umbral a partir del cual la calidad del aire empieza a ser peligrosa.

La calidad del aire y el menor grado de contaminación atmosférica de estas pasadas semanas ha dejado estampas que, aunque se ven con asiduidad en la Isla, deben darse las condiciones climatológicas y de pureza del aire óptimas para contemplarlas.

El montañero y aficionado a la fotografía Ángel Zurdo, vecino del barrio capitalino de La Isleta, se despertó el lunes 27 de abril con un espectacular amanercer: ante sus ojos vislumbró toda la cumbre grancanaria hasta el Roque Nublo. "Desde mi azotea se ve la cumbre habitualmente, pero ese día me entró de todo; fue una mezcla de ansiedad, un día espectacular y ganas de volver", relata Zurdo. Y para captar la imagen que ilustra este artículo no utilizó una cámara profesional, que no tiene, sino "una cámara pequeña que va siempre enganchada a mi cinturón y dispuesta a disparar hasta en la peor situación". "No pensaba que fuese algo tan llamativo, pero cuál es mi sorpresa cuando mucha gente empezó a felicitarme por la imagen; llegaron a pensar que se trataba de un montaje", narra este aficionado a la fotografía.

Para lograrlo ha necesitado un cielo descontaminado. "Aunque es cierto que nuestros ciclos de lluvia y los vientos alisios nos limpian la atmósfera a menudo, nunca había visto desde aquí un cielo y un aire con tanta calidad", reconoce el montañero.

Los grancanarios respiramos un aire más limpio, y esa es la línea que deberíamos continuar una vez concluido el confinamiento. La Tierra no es nuestra y en nuestro viaje por ella deberíamos mejorarla. Ya lo dijo Martin Luther King: "Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol".

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