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Crisis del coronavirus El comercio recupera el pulso

Vuelven las ganas de ir de compras

Los clientes regresan a los grandes almacenes de la capital grancanaria con el comienzo de la fase dos

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Crisis del coronavirus | Vuelven las ganas de ir de compras

El arranque de la fase dos de la desescalada trajo ayer consigo la reapertura de los grandes almacenes y centros comerciales de Las Palmas de Gran Canaria. La actividad regresó tras más de dos meses de parón forzado y lo hizo con importantes medidas de seguridad e higiene para garantizar la limpieza de los locales, de los productos que hay a la venta y, sobre todo, de los clientes, que respondieron volviendo a las tiendas no en masa -tampoco se podía-, pero sí como un goteo incesante durante toda la jornada a pesar de estar todavía a fin de mes.

Los dos edificios que tiene El Corte Inglés en la avenida José Mesa y López volvieron a abrir al público todas sus plantas. Durante las semanas de mayores restricciones a los movimientos y el comercio, los grandes almacenes solo mantuvieron activas algunas dependencias, como el supermercado o la parafarmacia, pero el resto de sus plantas quedaron paradas a la espera de poder retomar la actividad. Ese día llegó ayer tras más de una semana de adaptación de las instalaciones con señalética orientativa para garantizar la distancia interpersonal.

"En las puertas hay marcado un sentido de entrada y otro de salida y la señalética en los pasillos llama a mantener la distancia", explica Manuel Marrero, responsable de Relaciones Externas para Canarias de la cadena de grandes almacenes. En todos los accesos a los centros hay botes de gel hidroalcohólico y papel para quien lo pueda necesitar, así como carteles indicativos para recordar el uso de mascarillas. "Invitamos a que la gente entre con ella puesta y tenemos previsto tener un punto de venta aquí por si alguien no las trae", detalla.

En un comercio con tantos productos diferentes, las medidas de seguridad para la mercancía a la venta varían dependiendo de las particularidades de cada departamento. Así, en el de cosmética las muestras y las tarjetas de prueba están controladas por los vendedores, que son quienes sobre ese papel hacen la prueba de los productos a la vista de los clientes, mientras que las secciones de moda han reorganizado las salas de probadores y ya preparan la instalación de máquinas de luz ultravioleta que desinfectan las prendas que alguien se ha probado pero finalmente ha preferido no comprar.

"La moda tiene un componente importante, que es la actualidad, y tras estar recluidos la gente necesita pertrecharse de ropa para el verano", continúa Marrero, que desgrana las medidas elegidas por El Corte Inglés para los probadores: "Todo pasa por aquí, se le da la luz, también se le da con la máquina de vapor y va a otra cámara de cuarentena un día antes de retornar a los lineales". En el caso de los zapatos, hay que probarlos con unas calzas desechables y en caso de que el cliente finalmente no los compre son sometidos a una limpieza con un producto cuya composición depende de los materiales con los que esté fabricado el calzado.

Los mostradores de cobro cuentan ahora con mamparas que separan a los vendedores de quienes quieren comprarse algo. Están en cualquier sección, desde las de moda hasta el servicio de atención al cliente pasando por la propia cafetería ubicada en la sexta planta del edificio del número 18 de Mesa y López. Aquí, detalla Marrero, hay una ocupación de solo el 30% del aforo que había antes de la pandemia. De ese modo los comensales mantienen sin problemas una amplia distancia de seguridad con quienes tienen en la mesa de al lado.

Las medidas puestas en marcha por los grandes almacenes parecen satisfacer a los clientes que, como Lali y Belén Martel, ya pasean por alguno de sus dos edificios con la compra recién hecha. "A mí no me da miedo, me pongo la mascarilla porque me obligan, pero con guardar la distancia es suficiente", comenta una. "Vinimos por gusto, estábamos cansadas de estar en casa y así compramos ropa", añade la otra.

Alfombras en Las Arenas

Las medidas de higienización y distancia física también han llegado a los centros comerciales. Las Arenas, uno de los más veteranos de este tipo de comercio en la capital, ha instalado alfombras para desinfectar el calzado en todos sus accesos, también en los que hay en el aparcamiento. "Además, en cada entrada tenemos un auxiliar, una persona que está haciendo el control de que todo el mundo siga el protocolo", destaca su gerente, Luis Rivero, que se muestra satisfecho por la respuesta cívica de los clientes en el uso continuado de las mascarillas de protección. "Todo el mundo lo ha respetado", subraya.

El centro está dividido ahora en 'calles' de doble sentido dependiendo de su ubicación, para facilitar los flujos de personas, que en cualquier caso no pueden superar el 30% del aforo máximo en las zonas comunes y el 40% en el interior de cada local. Para mantener el número de personas a raya en cada momento, Las Arenas cuenta, como otros grandes establecimientos, con un sistema automático de conteo a través de sensores. "Le metemos el volumen de nuestro aforo total entre tiendas y centro y el sistema va dando los datos exactos de lo que está entrando, lo que está saliendo y las personas que hay en cada momento", desvela su gerente.

En Alisios, que dispone de grandes espacios al aire libre, se ha apostado por la desinfección en los baños y la limitación de los aseos familiares y las salas de lactancia a única familia, para mantener la separación entre los clientes en todo momento. "El objetivo", indica el centro comercial en una nota, "es que los clientes se sientan en todo momento en un entorno seguro, garantizando siempre el estado de salubridad e higiene de los mismos".

La llegada de las mercancías que después ocuparán las estanterías y perchas de las tiendas es otra de las preocupaciones de los responsables de los centros comerciales. En Alisios han activado un protocolo que obliga a mantener la distancia cuando aparquen sus vehículos, estipula el uso de equipos de protección individual y refuerza la seguridad en el uso del montacargas y en la separación de los residuos.

El centro comercial El Muelle puso en marcha hace más de un mes un protocolo de protección a través de la compañía que se encarga de su gestión, Gentalia. "La empresa ha estado en contacto con otras asociaciones de centros comerciales que iban un paso más adelante, sobre todo en Asia", apunta su gerente, Pilar Delgado. Esto les ha permitido que su plan sea supervisado por la entidad SGS para certificar la adecuación de las medidas a las necesidades de prevención del nuevo coronavirus.

"Lo prioritario es la seguridad", insiste Delgado. Antes de abrir el centro se llevó a cabo una desinfección por nebulización hasta el último rincón del inmueble y la higienización se ha reforzado desde entonces en puntos 'calientes' para la transmisión, como las botoneras de los ascensores, los pasamanos de las escaleras mecánicas o las barandillas. "Hemos incrementado y reforzado el equipo de limpieza para que la higienización sea de esa zona sea mucho mayor", abunda.

Las ganas de volver a ir de tiendas eran palpables ayer por la mañana en las áreas comunes de los centros comerciales de la capital -también en el bulevar de Mesa y López, que actúa como canalizador de los flujos de personas en esta otra zona que combina grandes almacenes y pequeños comercios- a pesar de que la reapertura llega a final de mes, con las cuentas corrientes algo escuálidas. Los gerentes al cargo de estos establecimientos esperan que el número de visitantes continúe aumentando paulatinamente en sus centros hasta el fin de semana, cuando las nóminas comiencen a llenar de nuevo los bolsillos de sus clientes y arranque el puente festivo del Día de Canarias. "Esperamos que esos días sean algo más movidos, pero ya tenemos todo planificado para entonces", concluye Rivero.

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