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Crisis del coronavirus Los efectos de la pandemia en los mercados de abasto

"El potajito para los niños, que no falte"

El reparto a domicilio salva la venta del Mercado Central - Aumenta la presencia de clientes

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Desescalada en Canarias | Ambiente del Mercado Central de la capital grancanaria

La alegría del rebumbio de clientes en torno a los puestos de frutas y verduras o los de carne, pecado y pan ha vuelto al Mercado Central, después de varios meses en los que la presencia de los compradores cayó bajo mínimos, lo que no se tradujo, por fortuna, para los pequeños empresarios del mercado, en una reducción de ventas.

Al contrario, las ventas aumentaron y, en el peor de los casos, se mantuvieron gracias a la estrategia del reparto a domicilio, que permitió y lo sigue haciendo en este momento que el cliente reciba gratis en su casa toda la cesta de la compra, desde el pan hasta las papas o el pescado. Los vendedores se han puesto de acuerdo y aunque los productos se adquieren en diferentes puestos es uno de ellos el que se encarga de llevarlos a las casas de los clientes.

El reparto a domicilio, que algunos puestos ya venían realizando antes de la pandemia, se ha disparado y de manera paralela, el trabajo de los vendedores. Alguno de ellos ha tenido que contratar a un empleado para poder dar respuesta a los pedidos de los compradores. Hasta el 90% de las compras se llevó a cabo en las últimas semanas mediante el reparto a domicilio y solo el resto fue presencial. Desde la semana pasada se está invirtiendo la tendencia, con el aumento progresivo de las compras in situ.

Aunque todavía se forma alguna, sobre todo a primera hora de la mañana, lo que sí se han acabado son las grandes colas que se formaban delante del Mercado Central durante los meses pasados, alguna de las cuales llegó hasta el Estadio Insular, aseguran Juan Santana y Francisco Díaz, los responsables de mantenimiento que vigilan los aforos y las medidas sanitarias establecidas en el mercado para proteger a los clientes.

"La gente no puede dejar de comer y si estás en tu casa y no sales, te da por comer más. El consumo es el doble", sostiene Antonio Ramos, dueño de la frutería que lleva su nombre.

"La venta ha ido muy bien, no solo a nosotros sino al conjunto del mercado. El reparto a domicilio está funcionando a tope. Aquí hay personas preparando compras desde la una y media de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Todo eso son compras y falta más de la mitad", señala Ramos mientras muestra parte de una pared cubierta por cajas con frutas y verduras. "La afluencia empieza a aumentar ahora, pero los pedidos a domicilio han subido muchísimo porque hay muchas personas mayores. Hay que tener en cuenta que muchos clientes nos piden para ellos y, de paso, para toda la familia, con lo cual hemos ganado compradores. Las ventas perdidas por los restaurantes cerrados se han compensado con las ventas a domicilio. En el viaje le llevamos todo, la fruta, la verdura, la carne, el pescado y el pan, todo lo que necesitan. Nos hemos defendido bien", sostiene satisfecho Ramos mientras atiende a clientes como Lucía, que forman parte de esa minoría que siguió fiel a su visita diaria al mercado.

"Siempre vengo, porque vivo cerquita y si compro muchas cosas me las llevan muy casa. Es muy cómodo para mí porque ya soy mayor", explica Lucía que lleva en su bolsa fresas del país, naranjas, verduras y un muslito de pollo. "Ahora tengo que buscar a alguien que me haga la comida", bromea tras participar en el minuto de silencio organizado por los empresarios de la plaza, en recuerdo de las miles de víctimas que se ha llevado por delante el coronavirus.

Como Lucía, los clientes revolotean con las mascarillas enfundadas en torno a las verduras, los albaricoques del país, el pan de matalauva de Valleseco, las samas frescas, el queso de flor de Guía o esas costillas saladas de Tenerife que tientan a más de uno. En cada puesto espera una delicia a cual mejor, como ese ñame o esa piña de millo que le da el toque maestro al potaje cotidiano. Y es que pese a que el calor aprieta, son los ingredientes del potaje canario los que se más se venden porque como afirma Ramos, "el potajito para los niños nunca puede faltar".

El 70% de las ventas de Diego Arencibia, dueño de la Frutería Arencibia se llevan a domicilio. "Ya lo hacíamos antes, pero ahora se ha disparado. A nosotros, eso nos ha salvado. La verdad es que hemos tenido que trabajar el doble, pero se sigue vendiendo. La gente al principio estaba un poco más asustada y compraba más cantidad, una cosa exagerada, pero ahora se ha normalizado".

Algo parecido afirma Gara Santana, de La Quesería del Mercado, que ha trabajado más que nunca, con unas ventas superiores a las de "la época de Navidad". El pan bizcochado, las harinas y los panes para hamburguesas han volado en la panadería Mesa y Barril, según asegura Raquel, quien apunta al pan de matalauva de Valleseco como la estrella del puesto. Las ventas han aumentado también por el reparto a domicilio en la pescadería Nasamar, afirma Samuel Cabrera. "La gente, al no comer en los restaurantes lo hace más en su casa. A los mercados les ha favorecido y algo ha subido la venta. A peor no ha ido. Hemos tenido que contratar a otra persona", indica. Lo que más se ha vendido ha sido el calamar, el lenguado, los filetes frescos y la sama, bocinegro y merluza. Y el atún, cuyo precio ha bajado de 30 a 9,95 euros. "Con el atún hemos hecho unas ofertas muy agresivas y hemos vendido una gran cantidad. Hablamos con los proveedores y nos ha dado un buen resultado. El pescador trabaja y nosotros mantenemos la clientela", sostiene. Otro de los productos cuya venta sigue aumentando son los pescados preparados, al horno, al vapor o a la brasa. El cliente llama por la mañana y al mediodía tiene listos una sama a la espalda o unos langostinos cocidos.

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