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Medio Ambiente

Oramas: cuadros de naturaleza

Nada mejor que el 10º aniversario de la muerte del perito agrícola y ecologista Jaime O'Shanahan para repasar la obra del pintor que retrató los palmitos como nadie

Oramas: cuadros de naturaleza

Oramas: cuadros de naturaleza

Para Eduardo Martínez de Pisón en el paisaje confluyen espacio y tiempo. Un espacio en el que se han acumulado los tiempos y un tiempo donde se han sucedido distintos espacios. Con esta perspectiva, cada cuadro de Oramas es un archivo histórico territorial. Todos mantienen una sutil integración entre lo natural y lo humano. Nada mejor que el 10º aniversario de la muerte del perito agrícola, ecologista y fotógrafo Jaime O'Shanahan (1921-2010), que se cumple mañana sábado, para repasar los otros palmitos de José Jorge Oramas.

El pintor isleño es también un relator de un urbanismo amable ya extinguido. Sus casas canarias flotan como islas en un inmenso mar de paisaje agrario, apiñadas, dándose mutuo cobijo en el cerro yermo o infértil. El territorio sagrado de los cultivos no se podía tocar ni agredir: aseguraban la supervivencia colectiva. Hasta la más aislada palmera era un punto de apoyo agropecuario -miel, artesanía, dátiles, pírganos- reafirmando aquel "afecto doméstico al árbol" del que hablase Fray Lesco en sus célebres Crónicas.

En sus dos entornos vitales, la ciudad y Tafira, las palmeras canarias no eran extrañas al paisaje y toda una sabiduría popular se entroncaba con estas esculturas verdes que resaltan en sus cuadros. Hoy, los paisajes construidos de Oramas se encuentran perdidos en medio de un laberinto urbano. Como restos de un naufragio paisajístico, sus casas canarias ya se derrumbaron, o están abandonadas, disueltas entre casas medianeras o entre naturaleza agresiva y exótica que las cubre y esconde. Muchos de sus palmitos sucumbieron, unos al borde de las carreteras, otros bajo urbanizaciones. Y son escasos los que perviven adosados a un muro medianero, en el patio de una hacienda manteniéndose altivos frente a un cielo que parece ser lo único que permanece intangible tras el paso del tiempo.

Unos estaban cercanos, aquí al lado, entre el Guiniguada y los Riscos, mirados por él desde todos los ángulos, preferentemente desde el Hospital de San Martín, atalaya sanitaria que le brindó un paisaje que ya se fue. Un paisaje aún agrario en su estertor final.

La búsqueda de aquellos marcos, encuadres y perspectivas de JJ Oramas, nos lleva a lugares viciados, laberínticos. Al abandono antrópico de la naturaleza le ha seguido su desarrollo espontáneo e híbrido, donde a veces lo exótico se sobrepone a lo autóctono. Tan solo la geomorfología, la pendiente inexpugnable de un relieve geológico aislado, se mantiene incólume a través del tiempo.

También las erróneas localizaciones de muchos de sus cuadros, hace a veces agotador descubrir los paisajes vividos por Oramas. Ya casi no quedan signos de sus cuadros de naturaleza en Los Hoyos, en Los Riscos, en el Pambaso, en Marzagán...

Y los que quedan están desarraigados y solo perviven como relictos, huérfanos de aquella fuerza visual de la que los impregnó Oramas

Y, sin embargo, en medio de este caos, algunos de los palmitos de Oramas se mantienen erguidos al cielo, restallan al horizonte, rejuvenecidos por un cambio económico que los ha olvidado, tropezando con un urbanismo que los rodea, los expulsa, los hace temblar y caer, ya sin el agua a manta de las plataneras de entonces, sin el respeto de sus conciudadanos.

Palmitos de oramas: los supervivientes

PALMITA DEL LOMO DEL CAPÓN

El barrio de La Montañeta en San Francisco de Paula se llenó de caseríos, cambio su linealidad, se transformó en casas cuadradas, económicas, simples. Entre ellas, algún retazo de los tunerales, algún residuo de muros de la vieja casa canaria que pintó. La palmita de Don Miguel , ubicada dentro de la residencia del mismo, al lado del actual cementerio de Tafira - cuya obra es posterior a la pintura, en el año 1939- aún sigue allí, pero el resto del cuadro- su casas, sus árboles frutales, el terreno de cultivo- han desaparecido absorbidos por nuevas edificaciones y en su corazón, atravesado por un túnel de la circunvalación a Tafira. La casita cercana al Hospital del Sabinal, al borde del antiguo camino a Marzagan , aún se mantiene, con su perfil de chimenea y su tejado rojo.

PALMITOS DE LA MONTAÑETA

San Bartolomé de Tirajana

Las dos palmas de la Montañeta, en San Bartolomé de Tirajana, aún permanecen en el núcleo que las rodea siendo las últimas de su especie en el recinto urbano. Todo un símbolo de supervivencia..

"Oramas vino ya tocado por una enfermedad. El doloroso contratiempo no venció su preocupación de trabajo. Pasando por una gran crisis ha venido debatiéndose hasta hoy en que manos amigas le disponen un viaje y una permanencia en el Sur-San Bartolomé de Tirajana- que le ofrece para su cuerpo aire puro, luz y alimentación sana"

(DLP, 25 de marzo de 1933)

En esta estancia terapéutica, recoge una imagen que va desde la actual calle del Calvario, en La Montañeta, Tirajana, hasta la cima de la isla, la línea de cumbre grancanarias que caen en andenes imposibles a la cuenca del barranco de Taidia Recogió en un primer plano las casas canarias, limpias, nítidas, con toda una masa de color y detrás, dos palmitos, como pírganos de escoba, escurridos, recortados y aprovechados hasta su última hoja, indicando la labor de un palmero, ese oficio perdido, que ascendía a su cielo a recortar hojas de palmera, a recoger miel de guarapo, ambos sustentos de animales y de familias en época de escasez.

Aquellos palmitos de ayer, de 1933, ya han recuperado su penacho original. Y ademas han surgido a su lado dos hijos, una palma hembra y un palmito que hoy rondaran sus 85 años al lado de sus centenarias compañeras de historia y paisaje.

PALMA DESDE LA VUELTA EL PINO

Santa Brígida

De Los Hoyos a La Vuelta El Pino en Santa Brígida. Este palmito aún pervive enfrente del caserío de la Vuelta del Pino, hoy desfigurado por la edificación, muy cercano a la Quinta de Reposo de Santa Brígida, que visitaría ocasionalmente

Ubicado según el título del cuadro en Los Hoyos, ha sido un verdadero enigma localizarlo. A pesar de revisitar Los Hoyos desde todos sus puntos cardinales, al final fue necesario reexplorar todos los escenarios vitales de Oramas. Y la búsqueda nos llevó a La Vuelta del Pino, en Santa Brígida, frente a la Quinta de Reposo. Varios cuadros pintó a su alrededor.

Éste recoge un armonioso barrio de los años 30 hoy en día ya desfigurado por las nuevas construcciones entre las que se guardan algunas de las antiguas casas canarias. Pero en el horizonte sigue descollando una de sus más bellas creaciones. Esperemos que sus dueños, que generosamente la han respetado hasta hoy, la sigan protegiendo.

El tiempo de oramas

Estas indagaciones tras los cuadros de Oramas son una deuda personal con nuestro querido y añorado Jaime. Cayeron los dos palmitos de Oramas en El Pambaso que él tanto admiraba y su estruendo aún perdura.

Los Palmitos de Oramas, caídos el domingo 11 de septiembre de 2016, siguen aún a la sombra de sus compañeras del Pambaso.

Pero José Jorge Oramas nos legó otros cuadros de la naturaleza donde siempre destacaba ese símbolo de nuestra canariedad que Jaime tanto veneraba. Su tiempo se fue hace tres generaciones y el desgarro paisajístico que nos devuelve la localización actual de sus cuadros es consecuencia de una acción territorial y administrativa inconsciente, acultural, pragmática, insensible a la armonía que encerraban esos paisajes. La belleza estética como componente territorial no ha sido nunca una prioridad en el planeamiento.

¿No se podría, al igual que es patrimonio un edificio histórico, proteger urbanísticamente un cuadro? ¿Una representación de la historia de un paisaje?

Estos palmitos supervivientes de Oramas bien merecen incorporarse al catálogo patrimonial -cultural y natural- de Gran Canaria. El incansable y luchador Jaime O´Shanahan, cuyo recuerdo no nos abandona, hubiese apostado por ello.

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