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Educación | Fin de curso en la capital

La llama de las Olimpiadas del Claret iluminará el colegio hasta septiembre

El centro transforma la cuadragésima sexta edición de este evento en un canto a la esperanza ante la crisis provocada por la pandemia

Cada año, cuando llega junio y el periodo escolar empieza a diluirse para dar paso a las vacaciones de verano, el alumnado del colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria se despide con un reconocimiento a su esfuerzo en el que combinan durante una semana espíritu deportivo, carácter cultural y dimensión social. No es una fiesta de fin de curso al uso, sino unas olimpiadas que congregan a miles de personas en las instalaciones del centro en Tamaraceite y que a lo largo de sus 45 convocatorias precedentes han contado con figuras internacionales del deporte como invitados, pero en 2020 todo ha cambiado. Con los hábitos sociales modificados por la pandemia del coronavirus, esta cuadragésima sexta edición se trasladó a internet, aunque ayer por la tarde tuvo lugar una ceremonia en las instalaciones de Tamaraceite ante un público reducido a unas 60 personas que fue retransmitida en directo en los perfiles del Claret en las redes sociales. "Una olimpiada diferente", como anunciaba el lema.

Antes de la ceremonia, las actividades estuvieron concentradas en internet. Durante esos días, los alumnos tuvieron que hacer frente a pruebas, desafíos, ejercicios de destreza, retos deportivos o preguntas culturales. En total, el centro recibió unas 1.000 fotografías y 500 vídeos, aunque todos esperaban con emoción el acto presencial de ayer, que arrancó con el relevo de la antorcha. Hasta este año llegaba a Tamaraceite desde la Basílica del Pino, en Teror, y en las primeras ediciones arrancaba desde la parroquia del Corazón de María, en el barrio capitalino de Arenales. En esta ocasión, sin embargo, el trayecto fue simbólico.

El fuego olímpico fue pasando de mano en mano -guantes y mascarillas mediante- entre alumnos, profesores, madres o personal del centro, además de antiguos alumnos, representantes del consejo escolar o miembros de Claret Aire Libre, entre otros. En su recorrido desde el aparcamiento del centro fueron pasando por distintas dependencias, como el botiquín o la piscina, con las pistas de atletismo como meta final.

Las Olimpiadas del Claret también han congregado a lo largo de estas décadas a grandes figuras del deporte internacional que se han acercado hasta Tamaraceite para compartir unos minutos con los jóvenes. Nombres como Bob Beamon -el legendario atleta que en México'68 batió el récord de salto de longitud-, los nadadores Rita Cabrera y Julio Pulido -que compitieron en varios Juegos Olímpicos- o la nadadora artística Paola Tirados -plata en Pekín'08- forman parte para siempre de los recuerdos de muchos antiguos alumnos de todas las generaciones, aunque en esta ocasión la gran protagonista del evento era la propia comunidad educativa del centro convertida en última relevista.

Todos ellos caminaron manteniendo la distancia de seguridad por las pistas hasta llegar a la zona de las gradas, donde tuvo lugar la ceremonia formal que arrancó con una oración a cargo de la alumna Sara Reyes y de un juramento por parte de otra estudiante, Andrea Cerrada. A continuación tomó la palabra el director titular del colegio, Juan José García Sánchez, que ofreció unas palabras a los asistentes y encabezó un recuerdo a los fallecidos por la Covid-19, sus familias, las personas que están sufriendo los efectos de la crisis, los mayores o los enfermos. El presidente de la Asociación de Madres y Padres, Pedro Rodríguez, también se dirigió a los asistentes para aplaudir la capacidad de adaptación de la actividad y el esfuerzo para convocar un acto presencial.

Tras los discursos, los dos alumnos ejemplares que cierran este junio su etapa en el Claret recibieron su reconocimiento y a continuación tuvo lugar una original carrera de relevos en la que participaron una alumna, un trabajador del centro y una madre, que cada pocos metros se encontraban con pruebas como ponerse una mascarilla, hidrogel o guantes. Para entonces el final del acto ya estaba cerca, aunque aún quedaba el momento más simbólico, el encendido del pebetero olímpico. De subir con la antorcha se encargaron García y Rodríguez, que con su gesto dieron vida a una llama que en esta ocasión se mantendrá encendida hasta septiembre como señal de esperanza de cara al regreso de la actividad en el colegio.

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