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El hogar del petirrojo junto a la capital

Numerosas personas acuden al Jardín Canario en busca de naturaleza sin alejarse de la ciudad

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El Jardín Canario para evadirse del confinamiento

El cantar de un petirrojo entre las ramas de unos acebuches obliga a hacer un alto en el camino. Estas aves, con un plumaje de intenso color bermejo en pecho y barbilla, es una de las tantas especies que habitan las laderas y bosquetes del Jardín Canario. A tiro de piedra de la capital grancanaria, este pulmón verde hace las delicias de amantes de la ornitología y la botánica a diario, más si cabe después de un largo confinamiento como el que ha vivido la sociedad isleña a causa de la pandemia de la Covid-19. El parque reabrió sus puertas el pasado mes de junio y desde entonces se ha convertido en uno de los lugares predilectos para pasar unas horas al aire libre, lejos del ruido y las aglomeraciones de las ciudades.

"Hace calor, pero teníamos muchas ganas de venir", señala Josefa Díaz, cámara en mano. Con su gran angular no duda a la hora de disparar desde lo alto de las laderas en busca de la mejor instantánea, especialmente de las tantas especies de aves que pueblan este parque. "Hemos sacado de todo un poco, ratonero, gavilán, mosquitero canario", enumera su pareja, Liberto Herrera Ortega. Viven en Vecindario, pero madrugaron para pillar la guagua hasta la capital y después subir a Tafira y así captar la esencia del jardín desde primera hora de la mañana.

Actualmente el Jardín Canario abre de lunes a viernes de 7:30 a 13:00 horas, y a las 14:00 horas se cierran las puertas para los más rezagados. Los fines de semana, por el momento, el parque no admite visitas. La dirección de este espacio natural prefiere, por ahora, mantener restringidos los horarios dentro de la "nueva normalidad". Además, tan solo se puede acceder al mismo a través de la entrada superior, en Tafira Baja; mientras que la de La Calzada permanecerá cerrada para un mejor control de aforo.

Según Eugenio Reyes, educador y uno de los encargados del jardín, la estrechez de varios caminos que lo recorren impedirían mantener las distancias de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias en caso de una afluencia masiva de público. La idea es ir regulando el reinicio de la actividad en los próximos meses, especialmente la llegada de grupos de turistas provenientes del Sur. De hecho, las visitas guiadas siguen sin estar permitidas.

Pero lo cierto es que la nueva normalidad está llegando poco a poco al Jardín Canario. En un principio el centro marcó un itinerario de dirección única, para evitar que dos visitantes se entrecruzaran en el mismo camino, pero esta medida ya ha sido levantada. Las familias, los amantes de las aves y la botánica e, incluso, los turistas vuelven a recorrer estos días el parque, aunque sea para escapar de la ciudad unas horas.

"Está un poco seco, se nota la falta de lluvia", repiten los miembros de una familia mientras terminan de ascender una de las laderas del Guiniguada. "Aún así es ideal para descansar", añaden. Lo cierto es que la única entrada que está abierta en estos momentos está en lo alto del parque, por lo que para acceder a los principales ecosistemas representados en este jardín es necesario sortear una serie rampas y escaleras, un terreno poco apto para las personas con movilidad reducida.

"Es una injusticia para ellos, hay gente que viene a disfrutar del campo pero no puede, nosotros sí", apunta Josefina Díaz. Y es que los caminos más accesibles están en la parte inferior del parque. Pero, más allá de esta reivindicación, esta pareja de amantes de las aves se congratula de poder volver a disfrutar de este espacio verde.

"Aquí viene mucha gente aficionada a las aves", recalcan Díaz y Herrera. "Es un tema que mueve a mucha gente y crea turismo de calidad", apunta ella. Según esta pareja, la mejor época para avistar ejemplares en la zona es de octubre a febrero; pero, en general, es habitual durante todo el año observar a un buen número de especies autóctonas, aclaran.

"Los petirrojos están por todas partes", señalan mientras enseñan algunos de los ejemplares que fotografiaron durante la mañana. "Las currucas las escuchamos entre los árboles, pero no había manera de conseguir verlas", añade Díaz. Lagartos y mariposas completan el abanico de fauna silvestre inmortalizada por esta pareja del Sureste. "A veces para hacer las fotos nos tiramos al suelo", indica Herrera. Toda una afición que mueve montañas. "Conocemos gente de Península y de otros países a la que le gusta venir a Canarias solo para fotografiar pájaros", subrayan entusiasmados.

Ladera abajo, junto a las charcas que reproducen los ecosistemas costeros de las Islas, la pequeña Leila posa ante las cámaras con su vestido de la primera comunión. "Se la retrasaron a octubre, pero, ¿a qué vamos a esperar para hacer las fotos? ¿a que nos vuelvan a confinar?", señala Mari Fernández, su madre. "El sitio me encanta", comenta la niña. De hecho, para esta familia de Vecindario esta era la primera vez que acudían al Jardín Canario.

"Es un sitio perfecto que da mucho juego, color, con agua, zonas secas, verde", explica Loli Trujillo fotógrafa que trabaja bajo la marca Ilusiones Digitales. "Los resultados son espectaculares", apunta. Y lo cierto es que la abuela, la madre y la propia niña estaban encantadas con el lugar. "No lo conocíamos, ha sido una sorpresa, la verdad", destaca Fernández.

Y es que, aunque los preparativos de la comunión se interrumpieron por culpa de la Covid-19, de hecho la niña tendría que haberla celebrado en mayo, la espera valió la pena. Al menos eso era lo que se podía adivinar con tan solo ver la cara de Leila mientras posaba entre las arboledas después de varias horas recorriendo el jardín.

Los amantes de la fotografía y la naturaleza recorren sin cesar los caminos de este pulmón, a tiro de piedra del centro histórico de Las Palmas de Gran Canaria. "Mira, mira, este es el ratonero", le señalaba un niño a su madre el dibujo de un ave en uno de los paneles informativos en la zona de la laurisilva. Y es que en el Jardín Canario están representados los principales ecosistemas de las Islas, desde las formaciones costeras, hasta el pinar, pasando por el bosque termófilo, palmerales, dragonales y el monteverde.

Este encanto es el que atrae cada año a más de 150.000 visitantes. Algunos son tan asiduos que acuden al parque con cierta regularidad. "Hasta la llegada del virus veníamos cada 15 días", señala Mercedes Suárez Hernández al tiempo que se adentraba en la laurisilva junto a una amiga. Mientras, sus hijos adolescentes se adentraron en el bosque sin ninguna dificultad para hacer fotos. "Esto ya se lo conocen como la palma de la mano", apunta.

"Es un sitio distinto, se agradece después de estar confinados tener un contacto con la naturaleza", señala Suárez. "Está bien comunicado y así puede uno disfrutar fácilmente de un pulmón en la ciudad casi", añade. Pero, más allá de la capacidad de este parque para atraer al público local, el Jardín Canario es una parada "imprescindible" para numerosas agencias de turismo, según recalca Eugenio Reyes. De hecho, ya estos últimos días parejas y familias con niños pequeños provenientes de países como Alemania o Reino Unido han vuelto a pasear por sus caminos, fruto de la reactivación del sector hostelero.

Es el caso de María José Fernández, Laura Díaz, Guillermina Esteban y Silvia Rodríguez, un grupo de madrileñas que no dudaron a la hora de parar a hacerse unas fotografías en la cascada de Sventenius, uno de los puntos más icónicos del Jardín. "Acabamos de empezar, pero nos está gustando", comentan entre todas. "Las vistas desde arriba son geniales", destaca María José. Y es que las visitas se inician de momento de manera obligada por el mirador de Viera y Clavijo, uno de los mejores puntos panorámicos que ofrecen las laderas del barranco Guiniguada, donde está encajado el parque.

"Teníamos ganas de buen clima, estar en la calle al aire libre, sin ruidos ni aglomeraciones", explica Díaz, a modo de justificación de porqué este grupo de mujeres ha elegido Gran Canaria como lugar de vacaciones después de meses de confinamiento en una gran ciudad como Madrid, la cual lideró el número de contagios y muertes por Covid-19 durante buena parte del confinamiento. Lo cierto es que el Jardín Canario reúne buena parte de estas condiciones. Hogar del petirrojo y de tantas otras aves, es un lugar abierto en el que se puede disfrutar de la naturaleza sin ir lejos de casa y que es perfecto para quien busca un momento de relax entre flora y fauna.

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