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Crisis del coronavirus

Los jóvenes también cumplen

La juventud se queja de que les "echen la culpa" por el incremento en los casos de coronavirus ya que varios aseguran sentir respeto y entender la gravedad de la pandemia

Con el incremento de casos de coronavirus en Las Palmas de Gran Canaria la juventud ha sido la primera en ser señalada debido a que suelen ser los que realizan botellones y quedadas con amigos. Sin embargo, generalizar en este caso ha hecho que muchos jóvenes se sientan atacados ya que sostienen que desde que comenzó la crisis de la covid-19 han respetado las normas sanitarias e incluso han dejado de verse con amigos para evitar no sólo contagiarse entre ellos sino a sus padres y abuelos por ser personas de riesgo.

Es el caso de Aitana Rodríguez, una chica de 27 años que estudia en Ávila, Castilla y León, y se ha devuelto a casa con sus padres debido a que sus clases se han vuelto online y ha preferido pasar más tiempo con ellos. Pero cuando inició la cuarentena y antes de emprender su viaje a Gran Canaria Aitana no salía de su piso ni siquiera para hacer la compra ya que sentía temor de contagiarse.

"Mi pareja acudía al mercado por mí y me traía todas las cosas que necesitase. No fue hasta abril que accedí a salir y hacerlo yo misma", relata a la vez que recuerda que empezó a utilizar la mascarilla incluso cuando no era obligatorio llevarla puesta en sitios abiertos.

Aitana de hecho utiliza dos tipos de mascarillas que guarda en un bolso especial para ellas. La quirúrgica la lleva puesta siempre que esté en espacios abiertos mientras que cuando entra a un lugar cerrado realiza el cambio por una filtrante FFP2 ya que la hace sentir más segura. "Yo sé que cumplo con las normas, pero como se dice que en los espacios cerrados se queda por más tiempo la covid-19 y yo no tengo claro de como se cuidan el resto de las personas prefiero extremar aún más las medidas de seguridad", explica.

En su bolso lleva siempre un gel hidroalcohólico para aplicárselo siempre que sea necesario, incluso prefiere utilizar el suyo que los que se ponen en las entradas de los comercios.

En casa las cosas no son muy diferentes, las primeras dos semanas la joven hizo su propia cuarentena ya que sus padres son población de riesgo y su prioridad es cuidarlos a ellos. "Tengo ocho meses que no le doy un beso a mi mamá", cuenta con tristeza. "A mis abuelos no les he dado ni un abrazo en todo este tiempo porque no quiero que se contagien y menos por mi culpa", reseña. Por eso en la vivienda que comparte con sus padres se limpian los pomos con lejía y se utilizan cubiertos identificados para no compartirlos en ningún momento. "No llevamos mascarilla en casa pero sí mantenemos las distancias", apunta. "Intento evitar los sitios cerrados, si voy a comer lo hago sólo en terrazas y si noto que el sitio no cumple con las medidas sanitarias me marcho", enfatiza la muchacha.

Una opinión similar tiene Zuleica Sánchez que es hija de dos auxiliares de enfermería. Ella admite que la profesión de sus madres ha influido bastante en sus precauciones debido al coronavirus pero critica que acusen a todos los jóvenes de incumplir las normas. "Nos molesta un poco que nos metan a todos en un mismo saco y que digan que podríamos volver a una de las fases por culpa de nosotros ya que somos los que salimos de fiesta", apostilla a la vez que recalca que ha sido testigo de como personas mayores sin mascarillas o respetan las distancias de seguridad y "nadie les dice nada". "No todos los jóvenes nos saltamos las normas", insiste.

"Sigo yendo los domingos a la playa pero siempre manteniendo la separación con otras personas y mis amigos y yo sólo nos quitamos la mascarilla cuando estamos instalados en la arena y nos vamos a meter al agua", comenta la joven. Las salidas a fiestas también fueron suprimidas de sus planes, ya que "para ir sin poder bailar ni estar tranquilos es mejor no salir de casa. Además tampoco me gustan los botellones, para hacer algo así prefiero que sea en mi vivienda".

Roberto Galván, es otro joven que también hace énfasis en que cumple con todas las normas impuestas por Sanidad para hacer frente a la pandemia. "Yo no salgo para sentarme en algún sitio y menos para estar quitándomela y poniéndomela a cada rato. Para estar con esa incomodidad prefiero irme a mi casa en el campo y si quieren ir dos o máximo tres amigos para pasar el rato es suficiente". Asimismo, sostiene que no sólo le tiene miedo al virus sino a la multa.

Tania González de 26 años también cumple con las medidas sanitarias para frenar los contagios de coronavirus, en especial, porque es sanitaria y está mucho más concienciada sobre la gravedad de la pandemia. "Yo no salgo de fiesta, cuando voy a la playa busco el sitio más apartado e incluso hace dos semanas que prefiero irme al Sur porque allá son más grandes y tengo más espacio para separarme del resto de las personas". Sin embargo sostiene que hay una parte que no está del todo consciente de la gravedad de la situación y que, al no estar en contacto con pacientes de covid-19 ni haberlo padecido, se "relajan" un poco más, ya que, a su juicio, las sanciones tampoco crean conciencia en la población, aunque si evita que algunos sigan saltándose las normas por temor a ser multados. "Es como el hambre en el mundo, si no la tienes cerca, no la sientes", apostilla.

Para algunos, la realización de botellones como los que se instalaban en La Cícer, hasta hace una semana, ha puesto en la mira a la juventud canaria y ha hecho que la población tenga la sensación de que el incremento de casos en la ciudad sea por culpa de todos los jóvenes, aunque muchos si respeten las normas.

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