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Un festivo diferente

A falta de fiesta, playa

La población acude a Las Canteras a refrescarse en una de las jornadas más calurosas del año y en un día del Pino distinto de lo habitual

Cada 7 de septiembre la población de Gran Canaria acude a Teror para rendir homenaje a su patrona, la Virgen del Pino. Sin embargo este año las cosas han cambiado, la Fiesta Romería que se celebra desde hace 68 años ha tenido que suspenderse gracias al coronavirus al igual que la procesión, algo que ha generado tristeza entre los devotos que han tenido que buscar alternativas para cumplir con su protectora. Algunos, prepararon sus cosas para sentarse a mirar la misa en su honor que se transmitió por televisión, otros decidieron acudir a Teror a visitarla para después bajar a la playa y disfrutar del mar.

Las Canteras fue una de las elegidas y es que ayer recibió a cientos de personas que aprovecharon el día de fiesta para echarse un baño de agua salada y relajarse un poco después de que la Covid-19 cambiara muchos de los planes que tenía para este 2020 la población, entre ellos las celebraciones patronales. Los 30 grados de temperatura que predominaban en la capital también sirvieron de motivación para que la playa recibiera a muchos visitantes y es que este día del Pino ha sido uno de los más calurosos del año a pesar de que ondeaba la bandera amarilla.

Esta vez la separación entre los bañistas se notaba y es que la preocupación de contagiarse no se acaba. Incluso en los grupos familiares el respeto a las distancias de seguridad no faltaban, aunque sin duda no es como cualquier día festivo desde antes de la pandemia y es que a muchos ni el calor los saca de sus casas ya que el temor es mayor que la sensación térmica, otros prefieren olvidarse un rato de la situación sanitaria, social y económica que vive el país acostados en la arena y deleitándose con el recurso natural que ofrece Las Canteras.

"Cuatro de espadas" se escucha a lo lejos una voz femenina y es que un grupo de mujeres acudieron a la playa para jugar bingo pero de cartas españolas ya que la Covid les prohibió celebrar en Teror con el Pino.

Desde las nueve de la mañana los bañistas pudieron presenciar a este grupo de 12 personas jugando y divirtiéndose. Micaela Hernández se incorporó al grupo de jugadores sobre las 11.45 horas como hace cada domingo o festivo del verano desde hace seis años. "Estamos disfrutando pero cumpliendo con las normas de separación entre nosotros y a la hora de cobrar el premio nos acercamos a la persona elegida para entregar el dinero", reseña la vecina de La Isleta.

La mujer de 62 años lamenta no haber podido acudir a la procesión del Pino como llevaba haciendo toda su vida. "¿Para dónde voy?", se pregunta, "si no se puede acudir a ningún sitio en el que hayan muchas personas, además yo trabajo y tengo que cuidar no sólo de mí, sino de mi familia también", por lo que este año Micaela prefirió festejar este día desde la playa pero con la firme esperanza de poder cumplir con la patrona el próximo año.

La playa también fue la segunda opción de José García que, al no poder acudir a la romería, tomó la decisión junto a su familia de pasar este día caluroso en el mar. "Todos los años vamos al Pino, pero este no pudimos acudir por culpa del coronavirus", cuenta con tristeza. "Decidimos acudir a Las Canteras porque nos encanta mucho, venimos de Escaleritas, San José y Arucas a esta playa de la capital. Incluso, preferimos estar aquí que en el Sur, lo único que no nos gusta mucho es que hay muchas algas", manifiesta.

La vecina de San José Diana Sánchez también relato que todos los 7 de septiembre acuden a Teror pero al no poder acudir, escogió visitar la playa. "El día está para permanecer en el mar, no para estar en casa", en especial, por el calor inminente que arropa a la capital.

"Todo el año vengo con mi familia a la playa, antes estábamos todos juntos, ahora nos separamos más por las medidas de seguridad, pero el coronavirus no va a impedirnos venir a Las Canteras", sentencia la mujer.

Por su parte, Miguel Machín se decantó por echarse un baño en el mar al no poder cumplir con la patrona debido a la suspensión de las fiestas por la pandemia. "Cada año subo con mi familia a Teror a visitar a la virgen y estar con ella, a lo único que no vamos es a la romería. Pero estar con ella y comernos uno de los famosos chorizos del municipio es algo a lo que nunca habíamos faltado ya que es nuestra tradición", añade el bañista.

El hombre que trabaja en la hostelería también muestra su preocupación por los efectos económicos que está dejando el virus en la Isla. "Se está sufriendo en el sentido de que no se alcanzan los objetivos que se tenían antiguamente, pero si lo trabajas bien puede que vaya bien la cosa". En lo particular, Machín asegura que no se puede quejar aunque si nota el bajón económico.

En el Sur la situación la ve peor, "eso es desolador". "Yo que sé algo del negocio, veo que es insostenible tener por ejemplo un camarero que esté sentando no por que quiera, sino por falta de clientes", narra.

En los centros comerciales la situación no es distinta, apunta el bañista, "se ve al personal de los bares y restaurante con terrazas parados, si eso pasa es porque la cocina también está sin trabajar y eso no es sostenible y menos rentable", enfatiza con preocupación. "Te das cuenta que está fallando algo y eso son los turistas. Realmente no hay quien se siente en un restaurante a comer y por mucha infraestructura que tenga un local, sin consumidores no se mantiene", explica Machín.

"Cuando bajo al Sur notó que todo está vacío, no es sostenible, a mi juicio aguantarán dos o tres meses de esa manera. Aquí en la capital las cosas están mejores afortunadamente, pero las medidas si bajan las ganancias ya que si un bar tiene capacidad para 20 personas pero tiene que ajustarlo para que solo entren diez, en los minutos que alguien se tarde tomando un café se hacen unos cuatro euros cuando antes en ese mismo tiempo se podían hacer seis", comenta.

Por otra parte, el bañista apunta que durante las horas en las que se "planta como un pino" en la playa, su familia aprovecha para entretenerse con las cartas, jugar con arena y agua también ya que llegan desde las 12.00 horas y no se van sino hasta las 20 o 21.00 horas, cuando ya no quede ni rastro del sol.

Enyer Valdez que no suele visitar con frecuencia a la famosa playa debido a temas laborales, aprovechó ayer para pasar un rato en familia gracias al festivo. Pero antes de instalarse en Las Canteras, el vecino de La Isleta subió en compañía de su suegro desde Tamaraceite hasta Teror para cumplir con la Virgen del Pino como ha hecho desde hace cuatro años.

"Hoy hacía un calor irresistible, no se podía estar en casa. Tras llegar de ver a la patrona, recogí a mi familia y nos vinimos", indica, a la vez que comenta que siempre que van a esta playa se ubican en el mismo sitio, la calle Tenerife ha pasado a ser su punto de referencia desde que el padre de su mujer tiene uso de razón. Por lo que él se ha sumado a la tradición familiar de su esposa. Además, agrega que durante el tiempo que permanecen en la arena se dedica a dormir bajo dos sombrillas ya que se cuida de que no le pegue el sol.

Fernando Jiménez de 66 años y suegro de Valdez, acude todos los días a Las Canteras, "de enero a enero", por lo que este día del Pino no fue muy diferente para él. Aunque si relata que año tras año hace la caminata a Teror para visitar a la patrona, tal y como lo hizo ayer, solo que no pudo disfrutar del resto de actos que se suelen planificar para rendirle honor a la virgen.

El vecino de La Isleta también se ha quejado de que la escultura de César Manrique llamada juegos del viento instalada en La Puntilla que fue retirada en 2016 para su restauración y que el bañista echa de menos.

"Da hasta pena que ese diseño, que aún tengo retratado, siga sin ser reparado y solo hayan dejado la base que parece más bien que se trata del hijo de Dios que dejaron ahí tirado, no entiendo como están haciendo las cosas", critica el vecino de La Isleta. Asimismo, señala que no se le ha dado la misma importancia que a un escultor de la Península, "como se trata de un canario no lo ponen, es una pena". "¿Cuántos años se necesitan para restaurar la obra?", se pregunta Jiménez a la vez que afirma que "ya ha pasado mucho tiempo y que las autoridades competentes deben darnos una respuesta".

Finalmente la playa capitalina fue un punto de encuentro para los devotos de la Virgen del Pino que hicieron la caminata a Teror temprano y se refrescaron en el mar en la tarde, así como aquellos que no pudieron subir al municipio, lo que está claro es que la fe vive en cada uno de ellos y la demuestran de diferentes maneras, lo único que esperan todos es que el año que "estemos libres del virus" y se pueda rendir honores a la patrona como siempre.

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