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Urbanismo | Zonas verdes

El nuevo acceso al Insular sigue cerrado un mes después del fin de las obras

Usuarios del parque reclaman la apertura de la verja que da a la calle Manuel González Martín para que la conexión con Alcaravaneras sea una realidad

Se puede ver, pero no se puede pasar. La nueva puerta de acceso al parque del Estadio Insular desde la calle Manuel González Martín, en Alcaravaneras, continúa cerrada a pesar del fin de las obras de la grada de tribuna, que tan solo están pendientes de los trabajos de acondicionamiento interno de las nuevas salas con las que cuenta el espacio. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria no ha indicado los motivos por los que permanece cerrada ni la fecha concreta para la apertura de las verjas, a las que es posible acercarse tanto desde el exterior como desde el interior del parque, pero que no se pueden cruzar.

La situación genera molestias a muchos usuarios procedentes de Alcaravaneras y otros barrios ubicados al norte del parque. Algunos de ellos manifestaban ayer a este periódico no comprender por qué se tienen que ver obligados a dar toda la vuelta al perímetro del antiguo terreno de juego para entrar por las puertas que le dan acceso desde la calle Doctor José Ponce Arias, junto a los túneles de Julio Luengo, cuando las verjas ya están concluidas. El concejal de Urbanismo, Javier Doreste, indicó hace justo un mes que las obras de reforma ya habían terminado y que solo faltaba por concluir el equipamiento de los espacios que, entre otros, serán ocupados por la Casa de la Juventud y la asociación de antiguos jugadores de la Unión Deportiva. "Las puertas permanecerán cerradas hasta que sean amuebladas las salas", afirmó entonces.

A pie de campo, los usuarios del parque no comprenden los motivos esgrimidos por el consistorio. "Las abren el sábado y el domingo", incide Manuela Mesa, "pero los demás días no somos personas", bromea. Para ella, que cada día se acerca al Insular a hacer ejercicio, la idea de instalar un parque en el antiguo coliseo de la UD "fue una cosa muy buena, porque en la zona no teníamos nada", pero considera que a estas alturas necesita algunas mejoras y adaptaciones al uso que de él hace el vecindario. "No sé por qué pusieron palmeras en vez de árboles para que la gente se sentara, y esa otra zona no la utiliza nadie", comenta señalando a la grada naciente, cuyos futuros usos aún no han sido concretados. En cualquier caso, insiste en que abran ya la verja, cuya situación actual califica como "una vergüenza" porque "la obra lleva terminada por lo menos un mes".

Clientes para la terraza

Donde también esperan con ansia la apertura de la valla de Manuel González Martín es en la cafetería del Estadio Insular. A pesar de encontrarse en el extremo opuesto del parque, muchos de los clientes habituales de esta recoleta terraza vienen de Alcaravaneras o Mesa y López, según explicaban ayer los socios del establecimiento, Dinesh Jayamanne y Aysha Nikalander. "La entrada está cerrada y tienen la obra terminada", lamenta él.

El confinamiento por el coronavirus y la situación económica han hecho mella en este establecimiento, que como tantos otros del sector de la hostelería ha visto cómo se reducían sus ingresos. En su caso, la merma ha sido de más del 60%, según indica Dinesh. "Además, ahora el parque está cerrando a las nueve, por lo que a las siete y media u ocho tienes que recoger la terraza y a esa hora es cuando hay más gente", lamenta. Su socia considera que la apertura de la valla puede venirles bien para recuperar parte de la clientela perdida en estas últimas semanas: "A la gente no le gusta dar una vuelta tan grande", agrega.

Tampoco resulta cómodo para los repartidores que acercan su género hasta este establecimiento. Agustín Reyes, que distribuye los productos de un proveedor de bebidas, explica que tiene que dejar su camión en la zona de carga y descarga que hay en la otra punta de la calle Mas de Gaminde, cerca de Néstor de la Torre, y realizar desde allí el reparto de toda la zona. Al llegar al antiguo estadio, aún tiene que rodearlo por completo para poder entregar el pedido en la cafetería: "Es incómodo porque tengo que dar toda la vuelta y es un pateo, tanto para mí como para todo el mundo, y seguirá así hasta que abran la puerta, que yo ya no sé si la van a abrir al final".

Sentados en una de las mesas de la terraza, Óscar González y su madre, Anunciación Alonso, disfrutan de un café a media mañana. Acaban de llegar paseando desde la zona de Farray y comentan la situación del parque. "Está muy bien, pero no entiendo el sentido de la verja, ¿es para restringir el acceso y tener un horario?", se pregunta él mientras subraya el hecho de que el Insular se ha convertido en un elemento más de la vida urbana de Las Palmas de Gran Canaria: "Lo que se hizo con el estadio me encantó y me gusta que lo usen también para cosas como galas de los carnavales". Su madre, que pasa parte del año en Madrid, también aplaude el proyecto y asegura que "está mas cuidado que algunos de la capital".

El parque cuenta con una gran zona de juegos infantiles cerca de la cafetería y es un lugar de reunión habitual para muchas familias de la zona. Xenia Alonso lo visita de vez en cuando con su madre, que vive en Juan Manuel Durán, para entretener a sus pequeños, y tampoco comprende la situación de la verja. "Tienen que abrirla, porque esto es público y tenemos que poder entrar y salir por cualquier lado", reclama. Las dos se muestran encantadas con el parque, que desde hace unos años suple la histórica carencia de zonas verdes de la zona, porque permite "correr a los niños, que les viene bien, y hay mucha seguridad". En cualquier caso, reclaman "más zonas de sombra" que consideran necesarias sobre todo en las horas de la tarde, cuando el parque se llena más.

La verja de la discordia forma parte de la adaptación de la grada de tribuna, un proyecto comisionado por el Ayuntamiento al estudio de las arquitectas Elsa Guerra y Noemí Tejera en 2017 y que supone la integración en el recinto de diversas dotaciones sociales y de 2.500 metros cuadrados nuevos de zonas de paseo ajardinadas, algunas de ellas en altura. El proyecto, que también incluyó una obra paralela de adaptación de las aceras de Manuel González Martín, contempla la creación de cuatro salas dedicadas a usos sociales. En una zona carente de bibliotecas públicas, una de las salas se convertirá en zona de estudio y otra será polivalente.

Encuentro con los barrios

El proyecto de Guerra y Tejera concibe la tribuna del Insular como "la membrana de encuentro entre parque y tejido urbano" gracias a esos espacios sociales y a las nuevas conexiones con el entorno que genera. Por un lado cuenta con la puerta de acceso desde la calle Manuel González Martín, elaborada en malla de metal estirado al igual que gran parte de la fachada, lo que da a la estructura un aspecto de piel envolvente. Por otro, el proyecto crea nuevas conexiones con paseo de Chil a través de la nueva zona ajardinada ubicada en la primera planta de la grada. El recinto también gana un ascensor panorámico que conecta estas diferentes alturas y baños públicos, algo que será muy agradecido por los usuarios del parque, que hasta ahora dependían de la bondad de los responsables de la cafetería.

La reforma ha respetado uno de los elementos más característicos de la antigua tribuna, el conjunto porticado que remata la zona de gradas. Esta estructura de hormigón, que goza de protección urbanística debido a su valor arquitectónico, queda ahora más resaltada al verse liberada de ornamentaciones y envuelta por la misma malla metálica que la nueva puerta. Además, las arquitectas al cargo de la reforma rescataron las huellas de la antigua grada de tribuna "como referencia de diseño", según indican en la descripción del proyecto.

La de tribuna es la segunda fase de la conversión del Insular en una zona verde, un proyecto que arrancó en 2014 con la transformación del campo y el derribo de dos de sus fachadas, la que da hacia Ciudad Jardín y la de paseo de Chil. El nuevo parque abrió sus puertas en mayo de 2015 con 6.000 metros cuadrados de césped y otros 2.300 de zona arbolada en la que hay 48 especies diferentes de palmeras, además de la zona infantil. El espacio cuenta también con una gran carpa bajo la que es posible realizar diversas actividades. Tras la ejecución de la grada de tribuna, aún queda pendiente por decidir el futuro del inmueble que da a la calle Pío XII, el único que se mantiene en pie del viejo estadio.

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