Suscríbete desde 1,50 €/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las Palmas, 80 años “de Gran Canaria”

El BOE publicó el 17 de septiembre de 1940 la orden por la cual la capital cambiaba de nombre, después de cuatro siglos, para evitar así “confusiones” con otros lugares

Las Palmas, 80 años “de Gran Canaria”

Las Palmas, 80 años “de Gran Canaria”

El 24 de junio de 1478 el conquistador Juan Rejón y sus tropas fundaron un campamento a orillas del barranco Guiniguada, a la sombra de un denso palmeral. Pero lo cierto es que aquella incipiente ciudad-capital no fue bautizada con su nombre actual. El 17 de septiembre de 1940, hace ahora justamente 80 años, el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba una orden del Ministerio de la Gobernación que establecía un cambio de nomenclatura en el municipio capitalino. De aquella manera, Las Palmas pasó a llamarse Las Palmas de Gran Canaria.

Basta con indagar en el inmenso fondo fotográfico de la Fedac (Fundación para la Etnografía y Desarrollo de la Artesanía Canaria) para descubrir que la ciudad no siempre ha llevado su nombre actual. Por lo general, en las postales de finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX los pies de fotos impresos en estas acostumbran a poner “vista de Las Palmas”, a secas. En otras ocasiones aparece como “Las Palmas - Gran Canaria” o bien “Las Palmas (Gran Canaria)”, y en ninguno de los casos se trataría de un error tipográfico, pues esa era la denominación oficial del municipio.

“El nombre oficial está ya muy arraigado en la población”, señala Laforet, cronista

decoration

“Hubo muchas corrientes que propiciaron el cambio en aquel entonces”, señala Juan José Laforet, cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria; “y lo cierto es que en la actualidad el término está muy asentado, ha arraigado entre la población y no se ha puesto en cuestión con el tiempo, al contrario, la gente se suele ofender si no usas el nombre correctamente”, añade. De manera oficial, la modificación la promovió la Junta Provincial de Turismo en los primeros años de la dictadura para “evitar confusiones” con otras localidades de la geografía española y desde entonces la orden ha permanecido inalterable.

Acta municipal del 24 de mayo de 1940. FEDAC

Juana I de Castilla

La ciudad fue bautizada bajo el nombre de Real de Las Palmas a comienzos de la Conquista por haber nacido a cobijo de un denso bosque de palmeras. El primer documento en el que se refleja dicho topónimo es una Real Cédula de 1515, indica Laforet. En dicho escrito, la reina Juana I de Castilla, apodada la loca, establecía que la incipiente urbe pasaba a denominarse Noble Ciudad Real de Las Palmas. Por lo que desde entonces y hasta 1940 la capital no ha llevado la coletilla “de Gran Canaria” de manera oficial, más de cuatro siglos frente a los 80 años con la designación actual.

El cronista señala que la distinción nobiliaria “Real” iba explícita en el topónimo para resaltar que la localidad dependía directamente de la Corona y no de cualquier otro señorío, tales como ducados o condados. “Por entonces también llegó a circular el término Ciudad de Canaria”, indica Laforet. De hecho, la capital era la única población que podía considerarse con tal rango; aunque el nombre oficial era en todo momento Las Palmas.

La cartografía que ha llegado a nuestros días de los siglos XVI al XVIII es un claro ejemplo de esta antigua nomenclatura. El plano del ingeniero italiano Próspero Casola de 1599, el cual se conserva en el Archivo de Simancas (Valladolid), fue acuñado como Sitio de Canaria. Mientras, el mapa de la capital confeccionado por Pedro Agustín del Castillo en 1686 refleja la leyenda “ciudad de Las Palmas de la isla de Canaria”.

En el siglo XIX y a principios del XX convivieron las dos nomenclaturas en mapas y periódicos

decoration

Las confusiones llegaron en el siglo XIX, una centuria que estuvo caracterizada por la apertura al comercio exterior y el denominado pleito insular en el ámbito político de las Islas. En este sentido, el plano de 1849 de Fernando Coello, miembro de la Real Sociedad Geográfica, está titulado nuevamente como “ciudad de Las Palmas”. Pero, décadas más tarde, el arquitecto Luis F. López Echegarreta dibujó un mapa de la inexistente localidad de Las Palmas de Gran Canaria, en tanto en cuanto dicha nomenclatura no era la oficial.

Hoy día se conservan las portadas de varios periódicos del siglo XIX y comienzos del XX que alternan estas dos nomenclaturas. Por ejemplo, el extinto El País -no confundir con el actual rotativo madrileño- reseñaba bajo su cabecera en un manifiesto de la Revolución Gloriosa: “Las Palmas de Gran Canaria, 6 de octubre de 1868”; lo mismo ocurría en El Tribuno hasta la II República. “En cambio el Diario de Las Palmas nació en 1893 con esa cabecera porque era el periódico local de la ciudad, pues ese era su nombre”, indica Laforet. “Aunque el de ‘de Gran Canaria’ no se hizo oficial hasta 1940, era algo que ya se utilizaba desde hacía ya varias décadas”, apunta el cronista.

A comienzos del siglo XX las portadas de LA PROVINCIA todavía estaban datadas en “Las Palmas (Gran Canaria)” -con el nombre de la isla entre paréntesis-, al igual que en los planos de la ciudad diseñados por los arquitectos Fernando Navarro (1915) y Miguel Martín Fernández de la Torre (1930); es más, el primero cuenta con un mapa de 1911 en el que utiliza el apelativo nobiliario de “Real” para referirse a la capital, el cual ya estaba desuso.

La nueva provincia

Tras décadas de presión ciudadana desde Gran Canaria, la división administrativa del Archipiélago llegó en 1927 y el nombre escogido para la nueva provincia oriental, Las Palmas, no fue casual. “Lo normal es que en España las provincias lleven el nombre de su capital”, recalca Laforet, de ahí las confusiones que suele haber a la hora de diferenciarlas. El cambio de la nomenclatura llegaría tan solo 13 años más tarde, a comienzos del franquismo.

El Ayuntamiento, presidido entonces por el alcalde no electo y empresario Diego Vega Sarmiento (1939-1940), aprobó en el pleno ordinario del 24 de mayo de 1940 cambiar el nombre de la ciudad y añadir la coletilla “de Gran Canaria”. Esta medida, aprobada por la Comisión Gestora que estaba al frente del Consistorio, fue motivada a petición del Gobernador Civil, el militar asturiano Plácido Alvarez-Buylla, y la Junta Provincial de Turismo. “Sugiriendo [este] la connivencia de solicitar el cambio de nombre de la capital, para evitar la confusión que con lamentable frecuencia se viene produciendo con los nombres de Palma de Mallorca, isla de La Palma y la de esta capital”, señala el acta. “Anomalía que se refleja en la correspondencia y hasta en las propias noticias de prensa”, puntualiza.

Postal de los años 50 con el parque San Telmo en primer término, en la leyenda (en la franja derecha) se puede leer ya el nombre oficial de Las Palmas de Gran Canaria.

Lo cierto es que las confusiones estaban a la orden del día. Una de las más sonadas se produjo en la condena contra el médico Juan Negrín, efectuada por el Tribunal de Responsabilidades Políticas el 11 de junio de 1940, sentencia que será revocada con la nueva Ley de Memoria Histórica. Este órgano judicial indicó que el que fuera presidente del Gobierno durante la II República nació en “Palma de Mallorca”, cuando realmente era de Las Palmas de Gran Canaria.

La decisión del Ayuntamiento pasaría a la denominada Comisión de Policía Urbana, órgano que aprobó el cambio de nombre de la ciudad el 30 de mayo de 1940. Habría que esperar al 12 de septiembre para que el Ministerio de la Gobernación, presidido por el filonazi Ramón Serrano Suñer, diera el visto bueno; cinco días más tarde saldría publicado en el BOE. Finalmente, según recuerda el cronista, el pleno municipal del 10 de octubre de ese mismo año dictó una ordenanza con “las medidas oportunas para que el nuevo nombre se utilizara por todos los sectores de la sociedad y de la ciudad”. Era necesario cambiar correspondencia, sellos, letreros y demás.

Laforet señala que el hecho de que la otra capital canaria, Santa Cruz de Tenerife, llevara el nombre de su respectiva isla como complemento es otro de los motivos que alentaron la modificación. Además, el cronista indica que esta decisión coincidió con un cambio “trascendental”, la anexión del extinto municipio de San Lorenzo en noviembre de 1939. “Esa casualidad plasma la expansión de una ciudad de futuro”, apunta.

Una Real Cédula de 1515 firmada por la reina Juana hacía oficial el nombre de Real de Las Palmas

decoration

“Sin la anexión de San Lorenzo no habría sido posible la expansión urbana posterior [en referencia a todo el crecimiento de Ciudad Alta en la segunda mitad del siglo XX]; a partir de ese momento había solo un gran municipio capital de la isla”, indica el cronista, aunque aclara que no existe ningún documento oficial que refleje que dicha absorción territorial motivara el cambio de nombre. Laforet señala que el topónimo está ya “fuertemente” arraigado entre la población. Aunque, 80 años después, hay quien todavía dice que va “a Las Palmas” cuando se refiere a Vegueta, Triana y Arenales. No obstante, tal y como recalca el cronista, revertirlo sería ahora “impensable”.

Donde sí ha sido posible efectuar el cambio es en Baleares. Palma dejó de tener el complemento “de Mallorca” en 2008. Según el periodista Josep Capó en Diario de Mallorca, la ciudad inscribía entonces el cambio en el registro de Entidades Locales del Ministerio de Administraciones Públicas, “por lo que recupera así el nombre que siempre ha tenido desde el siglo XVIII sin añadidos”. Al igual que en Canarias, la inclusión de la referencia a la isla venía dándose desde finales del siglo XIX bajo el pretexto de la “confusión” con otras localidades.

Palma dejó de tener el complemento “de Mallorca” en 2008 por ser su nombre “tradicional”

decoration

En 2012 el nuevo alcalde de la capital balear volvería a instaurar la coletilla, hasta que en 2017 sería definitivamente suprimida. Las agrupaciones locales de PP y Ciudadanos argumentaron por último la “confusión” y la “necesidad de distinción” para el turismo. Mientras, desde la Universidad de las Islas Baleares (UIB) tildaron de “inadmisible” la vuelta del complemento, pues el nombre “tradicional” es Palma y el otro “es habitual para la gente de fuera”. Con todo, el cambio en Canarias sí que sería una tarea imposible, dado el consenso entre todos los actores políticos y la sociedad que existe hoy día después de ocho décadas con el nombre oficial de Las Palmas de Gran Canaria.El Ayuntamiento capitalino aprobó en el pleno del 24 de mayo de 1940 cambiar el nombre de Las Palmas por el de Las Palmas de Gran Canaria, según se puede ver en este acta. La modificación no se haría oficial hasta la publicación en el BOE del 17 de septiembre de 1940. |

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats