Una de las víctimas de abusos sexuales a tres menores de 14 y 15 años en una casa abandonada en el barrio capitalino de Schamann ha asegurado este lunes que fue retenida y se sintió obligada a mantener relaciones con otro joven mayor de edad. Durante la primera sesión del juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Las Palmas contra J. D. S., K. C. G., N. G. L. y S. M. L, los cuatro acusados de cometer un delito de abusos sexuales a menores y para los cuales la Fiscalía pide penas que van desde los cuatro y medio hasta los 33 años, la joven ha relatado que se sintió forzada, que en alguna ocasión la llegaron a atar con una cinta de deporte a ella y otra chica e incluso a azotarla con un látigo y no usar preservativo sin su consentimiento y a pesar de haberles manifestado que no le gustaba verse en esa situación. No obstante, hasta cinco testigos han afirmado conocer que esas relaciones fueron consentidas.

Andrea (nombre ficticio para salvaguardar la identidad de la afectada), una joven fugada de un centro de menores, ha explicado al tribunal presidido por el magistrado Pedro Herrera que llegó a la vivienda de la mano de un conocido con el que frecuentaba el ascensor del parque de Las Rehoyas y allí se encontró a K. C. G. y J. D. S., a quienes no conocía de nada y con quienes, transcurrido un tiempo, acabó manteniendo contacto sexual, a pesar de “no sentirse atraída por ninguno de ellos”. “No sé por qué lo hice, me vi obligada”, sostuvo.

En la casa donde sucedieron los hechos, entre diciembre de 2016 y enero de 2017, Andrea no solo mantuvo contacto físico con K. C. G. y J. D. S, sino también con S. M. L, quien le profirió tocamientos en los genitales por encima de la ropa. Todos, ha asegurado, conocían que era menor de edad y que tenía 14 años porque ella así se lo había comunicado.

En aquella vivienda, ha explicado Andrea al tribunal, prácticamente vivía, se quedaba a dormir e iba con poca frecuencia al centro de menores. “Estaba medio fugada”, ha relatado. Allí permaneció “dos meses retenida” y no salió en ningún momento, hasta que pudo marcharse aprovechando que los jóvenes no estaban. Fue en ese momento cuando, según su relato, volvió al centro de menores y le contó su situación a una de las educadoras “porque se sentía mal por todo lo que ocurría en la casa”.

Las declaraciones de Andrea contrastaron con la versión de una de las testigos, una educadora del centro de menores Nuevo Futuro que la acompañó a interponer una denuncia cuando regresó al centro. La testigo afirmó que la situación de prolongó “durante aproximadamente dos semanas” que estuvo fugada”, hasta que volvió. La trabajadora detalló que Andrea entraba con frecuencia al centro a buscar comida, simulaba quedarse a dormir pero luego se marchaba. “En ningún momento pensamos que estuviera retenida, porque aparecía a recoger cosas”, manifestó durante su testificación. En cuanto a los abusos, la educadora señaló que Andrea “al principio reconoció que las relaciones sexuales eran consentidas, pero luego lo negaba”. 

Advertencias

Otra de las jóvenes víctimas de los abusos, Lucía (ficticio), explicó que los acusados conocían su edad, también 14 años en el momento de los hechos, y que también mantuvo relaciones con J. D. S., pero, en ningún momento, la trató mal. “Siempre me trató bien y nunca fue violento”, aseguró. En su caso, explicó, dejó de frecuentar la vivienda porque J. D. S. tenía pareja y no quería estar con ella. 

Interrogada por el fiscal por la situación de Andrea, la joven afirmó que ésta “iba a la vivienda de forma voluntaria”. 

La misma afirmación que expresó, por su parte, Ana (ficticio), la tercera víctima de los abusos. En su caso, llegó a la vivienda antes que Andrea de la mano de K. C. G. y J. D. S y allí mantuvo relaciones con ellos y también con N. G. L. Todos sabían que era menor y que tenía 15 años y explicó que a ella también la ataron, junto a Andrea, en una relación sexual en la cual participaron los cuatro. 

Durante la primera sesión del juicio, celebrada ayer, prestaron declaración las tres víctimas y las educadoras del centro de menores, pero también otras testigos que frecuentaron durante aquellas fechas la vivienda abandonada de Schamann donde ocurrieron los hechos. 

Una de esas testigos aseguró haber pisado la infravivienda cuatro o cinco veces sin que nadie le pidiese mantener relaciones sexuales. Esta persona manifestó que advirtió al acusado K. C. G. de que Andrea era una joven menor de edad y del “peligro que conllevaba el sexo con menores”, pero éste, aseguró, hizo caso omiso a sus palabras. La testigo manifestó además que vio a Andrea con K. C. G. manteniendo relaciones a la vista de todos “porque ella quería”. “Es más lanzadilla, le gustaba el rollo, nada fue forzado”, aseveró, “en todo momento se le veía a gusto” y bajo los efectos del alcohol. 

Otras dos testigos aseguraron que esas relaciones fueron consentidas. La primera sostuvo que “eran 100% consentidas porque lo vi con mis ojos”, mientras que la segunda matizó que no le dijo si eran consentidas o no, “pero no me lo contó apenada, sino tranquila”. El juicio continúa este martes con la declaración de varios policías y de los cuatro acusados.