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Vaciar la despensa

La Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales lanza una campaña para recoger los víveres que se almacenaron en casa durante el confinamiento para que no caduquen

Vaciar la despensa

Vaciar la despensa

El reparto de alimentos del Banco de Alimentos y del Programa de ayuda alimentaria para las personas más desfavorecidas, subvencionado con fondos europeos, no llega para atender a las familias más vulnerables de Arenales. Lo afirma la Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales (Avesar), que en pocos meses ha pasado de atender a 290 familias a 430 tras el confinamiento ante el agravamiento de la situación económica por la pandemia del Covid-19. Para tratar de solventar la situación la entidad ha puesto en marcha una campaña en el barrio para que los vecinos vacíen la despensa que llenaron de forma apresurada en el confinamiento antes de que los alimentos se caduquen.

Los voluntarios de la asociación llenan la cesta de la compra de los beneficiarios a medida. Es decir, controlando el número de personas de la unidad familiar y teniendo en cuenta si hay niños, jóvenes, mayores o si alguno tiene problemas de azúcar, colesterol u otro tipo de patologías relacionadas con la alimentación para ofrecerles los productos precisos y aptos. Buscan no despilfarrar los alimentos que reparten pero esta práctica no es suficiente ante el número de personas que llaman a su puerta. “El Banco de Alimentos tiene sus limitaciones, así nos lo ha hecho saber, no nos puede repartir más artículos. Lo entendemos porque las necesidades son muchas en todas partes”, cuenta el responsable de Avesar, José Antonio Cardoso Da Silva, para explicar el motivo de esta iniciativa solidaria en el barrio.

El número de familias que atiende - 430- se ha incrementado tras la crisis sanitaria

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La Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales nació hace tres años entre un grupos de voluntarios que colaboraba con Cáritas Parroquial en la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús. Al cerrarse el reparto de alimentos en el establecimiento religioso decidieron continuar con su tarea solidaria como entidad vecinal. Hoy un grupo de 24 personas atiende el almacén en un pequeño local de la calle Castrillo gracias a que una empresa de distribución de maquinaria digital les paga el alquiler y los gastos de luz y agua.

La solidaridad de una entidad bancaria aporta el dinero necesario para que los voluntarios alquilen el camión para ir a recoger los alimentos que les da el Banco de Alimentos una vez al mes, ya que dicha organización no tiene reparto, así como a Cruz Roja, por donde vienen los artículos del programa de alimentos europeo. En 2019 distribuyeron 60.000 kilos de alimentos y en lo que va de año ya llevan distribuidos 30.000.

Durante el estado de alarma, los voluntarios, continuaron con su labor. Una compañía de alquiler de coches les prestó un automóvil para repartir a domicilio. “Atendíamos a 290 familias, mayoritariamente del barrio a excepción de un grupo de mujeres víctimas de violencia de género que ayuda la organización Mujeres Solidaridad y Cooperación, pero tras el confinamiento estamos repartiendo comida a 430 familias”, explica el presidente, que desgrana al colectivo en 326 mujeres, 229 hombres, 37 niños de 0 a 2 años, 39 mayores y 154 jóvenes.

Una veintena de voluntarios colabora en la entidad, nacida hace tres años

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La asociación se implica en otras tareas como es la de encontrar trabajo a la gente, solventar el papeleo y ofrecer cursos de formación, entre otras actividades. Durante el confinamiento, por ejemplo, estuvieron fotocopiando los deberes que pedían algunos colegios para que los escolares siguieran las tareas ya que no todas las familias tienen acceso a Internet.

La asociación no recibe ninguna ayuda oficial pese a que las ha pedido a todas las administraciones canarias, comenzando por el propio ayuntamiento. “Seguimos en las mismas, sin apoyo ninguno, a pesar de que estamos como entidad prestadora de servicios sociales”, apunta su presidente, que reflexiona sobre la contradicción que existe entre la labor que hacen a la sociedad y la escasa ayuda que reciben de las administraciones cuando las personas a las que atienden vienen derivadas de Asuntos Sociales.

“Hemos tramitado denuncias de violencia de género; la pasada semana estuvimos parando un desahucio en el barrio, diariamente llamamos a las personas mayores para ver cómo están”, continúa Cardoso, nacido en Portugal y con 43 años a sus espaldas como voluntario por diversos lugares del mundo con su oficio de traductor. Una experiencia que le permite afirmar con contundencia que “la pobreza se ha convertido en endémica porque no se han solventado algunos problemas que llevan latentes muchos años como es el acceso a la vivienda, la creación de empleo, la formación de los jóvenes. Estamos dando siempre vueltas a los mismos problemas y no se ha resuelto nada”. Y propone crear una Mesa en la que estén el Tercer Sector y las administraciones públicas “para tirar todos del mismo lado porque la pobreza y la miseria que hay es alarmante”.

SIN COLAS POR DIGNIDAD

Los beneficiarios de la Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales acuden al local con cita previa. La entidad quiere evitar las colas en la puerta para no contribuir a la propagación del coronavirus, pero también por respetar la dignidad de las personas que acuden a recibir la ayuda. La entidad fue señalada el pasado año por entregar alimentos en mal estado, algo que desmiente rotundamente el presidente dado que los productos que reparten vienen del Banco de Alimentos y del programa europeo para las personas desfavorecidas que vigilan que esto no suceda. Aún así la asociación, revisa las fechas del género y dispone de carteles en el local en los que indica qué artículos se pueden consumir aunque su fecha de consumo haya pasado para evitar errores entre los demandantes de alimentos. | L. S. V.

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