El presidente de la Unión de Hermandades, Cofradías y Patronazgos de Gran Canaria e impulsor de la Semana Santa en la capital, Guillermo Mariscal Reinoso Jiménez, falleció este viernes a los 69 años. Nacido en Jaén el 1 de junio de 1951, sus restos mortales serán incinerados hoy en el Tanatorio de San Miguel, a las 14.30 horas.

Su muerte ha sobrecogido al mundo cofrade, del que era su máximo representante desde 2004, cuando la Semana Santa capitalina volvió a resurgir con la Unión tras la extinción de la llamada Junta de Semana Santa. Se da la circunstancia de que este año las cofradías no pudieron salir a la calle por el coronavirus.

También a los compañeros del Partido Popular, donde Guillermo Mariscal formaba parte de la organización grancanaria desde 1991. Durante casi tres décadas fue secretario político del Grupo Popular en el Cabildo grancanario hasta su jubilación, en diciembre de 2018. En el partido se encargó en numerosas ocasiones del voto por correo en las campañas electorales, así como de la formación de interventores y apoderados. Precisamente, uno de sus hijos -Guillermo- es diputado parlamentario por Las Palmas.

Su última aparición pública fue el pasado 2 de octubre en la Catedral de Santa Ana, en la toma de posesión del nuevo Obispo de Canarias José Mazuelos Pérez.

El que fuera también miembro de la Cofradía de los Nazarenos del paso de la virgen, estaba casado con María Victoria Anaya y tenía cinco hijos -Guillermo, Francisco Javier, Fernando, Eduardo y Jaime-. El 20 de noviembre se celebrará un funeral por su descanso en la Catedral, a las 19.30 horas.

Segundo plano

Guillermo Mariscal ha sido uno de los cofrades que más ha trabajado por recuperar la Semana Santa capitalina. No solo en su vertiente religiosa, sino también en lo que supone desde el punto de vista cultural y de conservación de las tradiciones canarias. La prueba está en las exposiciones religiosas que en los últimos años ha celebrado la Unión coincidiendo con la Cuaresma y el cuidado en la puesta en escena de cada desfile.

El presidente de la Unión dio siempre protagonismo a las cofradías y se mantuvo en un segundo plano incluso en las fechas más señaladas. El vicepresidente de la entidad, Juan Ramón García del Campo, destacó ayer su gran trabajo dentro de la organización y su pesar por la pérdida no solo de un compañero, sino también de un amigo. “Será irremplazable; no podremos conseguir a otra persona de su categoría”, dijo.

El vicepresidente de la Unión comentó que cuando organizaban algún evento se pasaba horas enteras de la noche “redactando cartas, enviando invitaciones, aunque supiéramos que no iban a llegar a ningún sitio porque no iban a asistir. Él siempre decía: por lo menos que se den por enterados”.

Juan Ramón García del Campo, que será de momento el representante de la institución hasta que las cofradías puedan celebrar elecciones, resaltó que Guillermo Mariscal era una persona que “se preocupaba por todo” y que gracias a que trabajaba en política la Unión de cofradías pudo llegar a sitios que, de otro modo, no hubieran alcanzado. “La ventaja que teníamos es que conocía a mucha gente. En el Ayuntamiento, en el Cabildo; cosa que no teníamos los demás, porque para organizar la Semana Santa dependemos de muchos organismos públicos. Y esa labor que hizo él no hay dinero que lo pague”, puntualizó.

El hermano mayor de la cofradía del Buen Fin, Miguel Rodríguez, también se refirió a él como “un puntal” dentro de la organización. “Le echaremos mucho de menos; estamos impactados por la noticia. No solo porque éramos amigos, sino por la gran labor que ha desarrollado en estos años”.

Rodríguez resaltó su contribución a levantar la Semana Santa capitalina del ostracismo en el que había caído, así como la responsabilidad con la que que ejerció su cargo. “Le preocupaba mucho la seguridad en los desfiles, de que con tanta aglomeración de gente pudiera ocurrir algo. Visitaba a los Bomberos, a la Cruz Roja, se preocupaba de que los árboles estuvieran podados, de que hubiera una ambulancia en un sitio concreto, de que los tronos pudieran pasar por las calles”, comentó sobre su compromiso.

Gran trabajador

Sus compañeros destacaron la simpatía y el buen trato que siempre tenía con todo el mundo, independientemente del color político. Precisamente, su contrincante en el Cabildo, Pepe Tristán Pimienta; que también desarrollaba sus mismas funciones pero en el PSOE, recordó a Mariscal como una “excelente persona” al margen de su ideología y que durante el tiempo en que la institución estuvo dispersa mientras se reformaba la actual sede, “nos prestábamos los muebles porque nos iban cambiando de sitio”. Su complicidad era tal que tenían un juego: “Descubrir las esquelas más divertidas que se publicaban”.

Desde el Partido Popular resaltaron la “lealtad, profesionalidad, sencillez y humanidad” de Guillermo Mariscal, uno de los nombres clave en el “desarrollo y consolidación de su organización política en Canarias” ya que gracias a su “incansable esfuerzo y conocimiento” ayudó a conseguir muchos objetivos electorales.

La presidenta del Partido Popular de Canarias, Australia Navarro, afirmó que “con el fallecimiento de Guillermo perdemos no solo a uno de nuestros afiliados históricos, a un verdadero pilar de nuestra organización; perdemos a un ser entrañable, a un gran compañero y excelente ser humano”.

Felipe Afonso El Jaber, que trabajó con él cuando era portavoz del PP en el Cabildo, señaló que “era una leyenda” dentro de la organización política. “Generoso con el partido, muy trabajador y muy querido, muy buena gente”, subrayó. Jaber, fuera ya del partido y primer adjunto del Diputado del Común, también remarcó el papel que desempeñó en la logística de los procesos electorales. “Un trabajo ingrato puesto que no se ve, que no se valora, pero que no se improvisa. Y que él hacía de manera desinteresada”.La última aparición pública del presidente de la Unión de Hermandades fue en la toma de posesión del nuevo Obispo de Canarias, José Mazuelos Pérez, el pasado 2 de octubre en la Catedral. Sobre estas líneas, junto a Mazuelos y la presidenta de la Soledad de la Portería, Dolores Ojeda. |