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Puerto | El imparable crecimiento de La Luz

El estirón del Puerto en el siglo XXI

La línea de atraque ha aumentado casi un 60% en 20 años | La dársena de África, el Reina Sofía y las explanadas para contenedores marcan la evolución del recinto

El estirón del Puerto en el siglo XXI

El Puerto de Las Palmas ha crecido sin parar desde la primera combinación de muelle de abrigo y transversal que construyó Swanston y Compañía y entregó al Estado en 1903. A lo largo del siglo XX surgieron nuevos muelles y explanadas ganadas al mar hasta llegar a los 11 kilómetros con los que celebró su primer centenario, pero durante los últimos 20 años ha dado un estirón con nuevas dársenas, como la de África, y superficies ganadas al mar para el tráfico de contenedores. La Luz cuenta en la actualidad con más de 17 kilómetros de muelles, casi un 60% más que en el año 2000. 

Parece que siempre estuvo ahí, pero no pasa mucho más allá de los 100 años. El Puerto de La Luz ha crecido sin parar desde aquella primitiva combinación de dique de abrigo -el actual Muelle Grande- y transversal -Santa Catalina- que Swanston y Compañía construyó y entregó al Estado en 1902. Con el paso de las décadas fueron surgiendo nuevos muelles, explanadas de tierra ganadas al mar y dársenas de aguas abrigadas hasta llegar a los once kilómetros de línea de atraque con los que celebró su primer centenario. El recinto capitalino ha continuado sumando infraestructuras desde entonces y concluye este primer tramo del siglo XXI con más de 17 kilómetros de muelles preparados para atender a los más de 10.000 buques que cada año pasan por sus aguas.

El crecimiento de estos 20 años equivale a casi el 60% de lo construido durante todo el siglo anterior: La Luz cuenta en la actualidad con 17.462 metros de línea de atraque a los que próximamente se le sumarán otros 490,45 del alargue del dique Reina Sofía. Estas han sido dos décadas de conclusión de grandes proyectos que ya estaban en marcha, como las explanadas de las terminales de contenedores, pero también de creación de nuevas dársenas, como la de África, que han permitido distribuir mejor los tráficos marítimos. Otros muelles, como el Reina Sofía o el Santa Catalina, han aumentado su longitud para adaptarse a un mercado con buques cada vez más especializados.

El estirón del Puerto en el siglo XXI

La Autoridad Portuaria de Las Palmas ha puesto en marcha 18 licitaciones desde el año 2000 para realizar las ampliaciones del Puerto. Las primeras adjudicaciones de este periodo fueron para desarrollar el conjunto de muelles y explanadas surgidos años antes junto al muelle León y Castillo. Las ampliaciones del Reina Sofía habían logrado por entonces generar una dársena de aguas calmadas que permitía ganar tierra en la zona para crear un espacio dedicado a un tráfico, el de contenedores, que crecía sin parar en todo el mundo.

La Autoridad Portuaria adjudicó en el año 2000 las obras de la terminal de contenedores del León y Castillo, que consistían en la ampliación de la explanada ejecutando un muelle en el nado naciente. Con la obra, el Puerto sumó 641,85 metros de línea de atraque destinados a los portacontenedores de mayor calado -este muelle recibe desde 2019 el nombre de Cristóbal Colón- y amplió la zona que ocupa Opcsa, que ahora dispone de más de 400.000 metros cuadrados de superficie dedicados en gran parte al tráfico internacional. Años después, la Autoridad Portuaria acometió el cierre sur de la terminal, que supuso agregar otros 343 metros de atraque en el lado naciente.

La dársena de África es la obra de mayor envergadura acometida por el Puerto estos años

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Del año 2000 también datan las obras de otra terminal, la del muelle Virgen del Pino, que agregaron 512,97 metros de línea de atraque. En sus más de 100.000 metros cuadrados de explanadas opera el grupo Boluda, que este año ha puesto en marcha una línea diaria de contenedores entre el Archipiélago y la Península.

El estirón del Puerto en el siglo XXI

La consolidación de las grandes explanadas de la dársena exterior también se materializó con la creación del muelle de Cambulloneros, cuyas obras fueron adjudicadas en el año 2000. La infraestructura conecta el muelle Elder, anteriormente conocido como EN-3, con el actual Cristóbal Colón a través de un muelle con dos alineaciones que suman 806,18 metros de línea de atraque polivalente. La zona es usada habitualmente para el suministro de combustible o la gestión de grandes cargas, aunque también está preparada para el tráfico de pasajeros. Desde aquí zarpa la línea de Fred. Olsen Express y Baleària con la Península, igual que antaño lo hacía Naviera Armas.

El pantalán de Cory o de Fransari, ubicado entre el Pesquero y el Grande, también fue sometido a comienzos de este siglo a ampliaciones y rellenos en la zona de ribera hasta sumar 692 metros entre sus dos lados y el martillo. La infraestructura, que llegó a ser testigo de la época dorada de la pesca, ha acabado acogiendo embarcaciones abandonadas. Su estado actual imposibilita el tránsito de vehículos por la superficie y limita su capacidad operativa, por lo que la Autoridad Portuaria sacó a licitación hace unas semanas unas obras de rehabilitación para recuperar su línea de atraque.

Las primeras obras de este periodo dieron forma a las terminales de contenedores

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La prolongación del Reina Sofía, que comenzó en 2002, se vio rodeada de controversias desde el principio. El proyecto de ese año debía haber sumado más de un kilómetro de línea de atraque, pero contaba con la oposición del Ayuntamiento. La posterior modificación del contrato para ejecutar sólo un tramo y destinar el resto de los fondos europeos a la dársena de La Esfinge, declarada nula, acabó suponiendo la paralización temporal de la ampliación, que en un primer momento se quedó en 532,2 metros. La Autoridad Portuaria ejecuta desde 2018 un segunda alargue que sumará otros 490,5 metros.

Al margen de la polémica, la prolongación del Reina Sofía refleja los propios cambios que ha experimentado el Puerto en el siglo XXI. En este tiempo, el dique se ha convertido en el principal punto de atraque de un tráfico que antes casi no existía, el de las unidades de perforación de la industria petrolera en alta mar que en las últimas décadas se han vuelto habituales del paisaje capitalino. Son varias las empresas, como Astican, Hidramar o Hamilton y Cía con Tecnavin, que se han instalado a pie de muelle.

La dársena de África es la obra de mayor envergadura que ha ejecutado el Puerto en estos años, aunque tampoco ha estado exenta de problemas. La sospecha de malversación durante la construcción de una de sus fases llegó a los tribunales, que acabaron archivando la causa no sin antes describir la ejecución del proyecto como “un ejemplo de mala gestión”. La adjudicación de las primeras fases del dique de La Esfinge datan de 2004, pero su recepción no tuvo lugar hasta el verano de 2012. Ese mismo año comenzó la ejecución de la tercera fase.

Fue en esas fechas cuando Naviera Armas trasladó todas sus operativas al nuevo muelle, lo que redujo el tiempo de trayecto entre islas. Desde entonces, la compañía ha invertido 30 millones de euros en una terminal en la que pueden atracar hasta cinco ferris de forma simultánea. En el Nelson Mandela también opera Oryx, que utiliza las canalizaciones del muelle para descargar combustible para su almacenamiento y reexportación o para suministrarlo en el propio puerto.

El estirón del Puerto en el siglo XXI

Esta gran dársena cuenta con un muelle interior en paralelo al Nelson Mandela. El Juan Sebastián Elcano, con 307,50 metros de atraque, recibe barcos desde el verano de 2019 y sus explanadas empiezan a despertar interés. Una de sus parcelas acogerá una autoterminal con capacidad para 6.000 vehículos y al sur de la zona pronto surgirán nuevos muelles y una terminal de CCB Zamakona destinada a proyectos offshore. La planta de gas de Totisa Holdings también está prevista en este entorno. Aun queda por solucionar, en cualquier caso, el problema de agitación de las aguas que afecta a la dársena, para lo que la Autoridad Portuaria ha reservado varias partidas en su plan de empresa.

El círculo de las grandes transformaciones de La Luz durante el siglo XXI se cierra en uno de sus muelles más antiguos, el Santa Catalina. En el año 2000 aún acogía las operativas del jetfoil, pero aquellos Boeing 929 que volaban sobre las olas desaparecieron y acabaron dando paso a un tráfico que no ha parado de crecer en la última década, el de cruceros. El muelle ha ganado una explanada en su zona sur y varias prolongaciones que suman 785,25 metros. Aunque el sector se ha visto frenado por la pandemia, la el consejo de la Autoridad Portuaria aprobó esta semana delegar en el presidente la convocatoria de un concurso para la reforma y explotación de la terminal de cruceros.

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