Los automovilistas que circulan a diario por la Autovía GC-1 podrán estrenar en una semana, si los trabajos, que está ejecutando el Grupo Lopesan, se desarrollan según lo previsto, los carriles más cercanos al mar del pequeño puente del Tívoli, por donde discurrirá la carretera de manera definitiva. La empresa adjudicataria de la obra construye para el Cabildo de Gran Canaria desde hace varios meses la estructura de hormigón sobre micropilotes para salvar el hundimiento del talud que se produjo en la zona el 11 de diciembre de 2019 y provocó un atasco monumental en el acceso a la capital.

Un portavoz de la Consejería insular de Obras Públicas, que dirige Miguel Ángel Pérez, ha indicado que los trabajos de la nueva estructura -que tiene una longitud de cuarenta metros y un ancho de 15 metros- están muy avanzados y que se espera que a finales de febrero o principios de marzo se pueda abrir en su totalidad al tráfico.

De momento, los operarios están culminando la parte de la estructura más cercana al mar. Las fuentes añadieron que en estos momentos se están culminando los trabajos de hormigonado del tablero y se prevé que lo largo de la próxima semana se pueda proceder al asfaltado del firme, para desviar por esos carriles el tráfico de la GC-1. El desvío del tráfico a la nueva calzada sobre el puente, que según las fuentes no provocará ningún trastorno en la circulación, es necesario para culminar los trabajos de la estructura en la zona de tierra. “Esperamos que a finales de febrero o principios de marzo esté terminada la obra en su totalidad”, indicaron las fuentes. La calzada será respuesta en su totalidad por su trazado primitivo. El tramo fue desviado desde finales de 2019 hacia tierra, para lo que hubo que cortar una veintena de palmeras que había en la zona, y permitir los trabajos.

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Obras del puente en la zona hundida de la GC-1, a la altura del Tívoli José Carlos Guerra

Los técnicos del Cabildo tenían previsto en un principio hacer otro muro de contención del talud, que sustituyera al que se vino abajo, pero al final optaron por hacer un pequeño viaducto, tras comprobar que el firme está a 20 metros de profundidad, una circunstancia que generaría grandes complicaciones a la hora de hacer la obra y hubiera obligado a cerrar la carretera durante seis meses, algo impensable por el carácter estratégico que tiene la GC-1. Inmediatamente después de producido el derrumbe, a la altura del Tívoli, el servicio de Carreteras del Cabildo emprendió los trabajos para asegurar la ladera con la colocación de una pantalla de micropilotes que cosiera todo el terraplén y evitara nuevos derrumbes.

El puente ha sido cimentado con micropilotes anclados en tierra firme y su estructura ha sido reforzada para darle una mayor durabilidad. Las obras del puente están siendo ejecutadas por la empresa Rabadán 17 & J. A. Llombart-Ingeniería. Las personas que sufrieron las consecuencias del derrumbe aún recuerdan las grandes colas que se formaron para acceder a la capital, no sólo por la autovía, sino por la circunvalación, hasta que el Cabildo consiguió restablecer los tres carriles provisionales por donde circulan los automovilistas desde hace más de un año. Durante cuatro días sólo se pudo circular por un carril y a partir del quinto día se pudo abrir un segundo. Para el tercero hubo que esperar hasta el 28 de diciembre. El desprendimiento de la ladera provocó además un socavón debajo de la calzada, que trajo consigo que sólo se pudiese circular por el lado izquierdo de la autovía. Cuando se produjo el derrumbe, sobre las cuatro de la madrugada, había dos técnicos en la zona porque unos días antes se habían formado grietas en el asfalto. El día 10 se había cerrado el carril derecho. El derrumbe se atribuyó a la erosión de las lluvias.