El Puerto de Las Palmas recibirá dentro de unos días al buque de investigación oceanográfica Pelagia, que participa en una campaña de investigación sobre el influjo en el clima de las grandes masas de polvo procedente del Sahara que cada cierto tiempo atraviesan el océano Atlántico. La parada en La Luz, consignada por la agencia Kuehne + Nagel y prevista para este domingo, es la escala final de un viaje de más de 7.000 kilómetros que arrancó a mediados de enero en el puerto de Texel, en el norte de Holanda, y ha llegado hasta aguas cercanas al archipiélago de Cabo Verde.

El Instituto Neerlandés de Oceanografía mantiene dos proyectos de investigación sobre los flujos transoceánicos de polvo y lleva desde 2012 analizando sus corrientes a través de un sistema de boyas y amarraderos. Los dispositivos, ubicados en alta mar a medio camino entre Canarias y Cabo Verde, recogen las partículas del aire a través de unos filtros alimentados por energía solar, o bien las capturan por medio de unas trampillas cuando ya se han depositado en el medio marino.

El Pelagia, construido en 1990 en un astillero holandés y reformado en 2010 en Astander, es el mayor buque de investigación de Países Bajos. Suele encargarse de las operaciones de mantenimientos de estos equipos y además transporta a bordo otros instrumentos que le permiten realizar mediciones a medida que navega, por lo que su paso por Las Palmas resulta habitual en sus trayectos de ida o vuelta.

El buque tiene previsto llegar a Las Palmas el domingo tras recorrer más de 7.000 kilómetros

La misión de este año incluye el mantenimiento de la trampilla y de dos boyas, denominadas Carmen y Laura en homenaje a dos estudiantes de Doctorado que pasaron en su día por el centro de investigación neerlandés. La primera de ellas fue depositada a unas 200 millas al oeste del cabo Blanco, entre el Sahara Occidental y Mauritania, en noviembre de 2019. Desde entonces recopila tanto datos atmosféricos como polvo y reenvía parte de la información a los investigadores de forma automática cada día.

El 23 de enero, el equipo que viaja a bordo del Pelagia pudo recogerla y comenzar a comprobar su contenido. Entre los eventos que esperan poder analizar en profundidad a través de sus datos se encuentra una gigantesca tormenta de arena bautizada coloquialmente como Godzilla -se extendía por una superficie casi tan grande como el territorio Estados Unidos- que el pasado junio atravesó el océano Atlántico y provocó episodios de calima en distintos puntos del golfo de México, de Cancún a Houston.

Los trabajos en la segunda boya, depositada también hace un año y tres meses, tuvieron lugar el domingo de la semana pasada. Recuperarla y llevarla hasta la cubierta del Pelagia es un trabajo conjunto que llevan a cabo los investigadores y la tripulación del buque. Para hacerlo, la expedición primero se dirige hasta su ubicación a bordo de un pequeño bote y la sujeta con unos cabos que permiten remolcarla y elevarla con facilidad. “De este modo es posible controlar el proceso de recuperación sin dañar la boya”, explican los científicos en el cuaderno de bitácora que publican regularmente en internet.

Los instrumentos habían sido depositados al oeste del cabo Blanco en 2019

Aunque las boyas envían señales de manera regular, también almacenan información que solo es posible obtener in situ. Recogerlas en alta mar permite a los científicos obtener datos meteorológicos mucho más precisos que los que obtienen por vía telemática. Con el dispositivo en el barco, los investigadores descargan los datos en sus ordenadores y pueden analizar cuánto aire bombeó cada filtro y la cantidad de polvo que recogió. El objetivo último es conocer las concentraciones de partículas del Sahara para así calcular la masa total de polvo que atraviesa el océano o queda depositado en él.

La tercera encomienda de esta misión del Pelagia consiste en analizar las dinámicas que generan las partículas de polvo cuando caen al mar. Para ello, una vez concluidas las tareas con las boyas, los técnicos depositaron a diferentes profundidades durante 24 horas unas trampillas consistentes en unos tubos transparentes suspendidos verticalmente en los que los sedimentos van quedando depositados. La hipótesis con la que trabajan los investigadores consiste en que las partículas de polvo sahariano arrastran hacia el fondo del mar materia orgánica que de otro modo tardaría mucho en asentarse, o ni siquiera llegaría a hacerlo.