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Entrevista

Alfredo Serrano: “Los cruceros en Canarias han probado la capacidad del sector”

“España no ha dedicado tiempo a establecer normativas que permitan una operación segura”, señala el director en España de la Asociación Internacional de Líneas de Crucero

Alfredo Serrano, director de CLIA España.

Alfredo Serrano, director de CLIA España.

La Asociación Internacional de Líneas de Crucero (CLIA) reúne a los principales operadores mundiales de uno de los sectores turísticos más afectados por la pandemia. Su director en España, Alfredo Serrano, destaca el retorno de la actividad a Canarias como una prueba de la capacidad de las navieras y las administraciones para llegar a acuerdos y reclama al Gobierno de España que levante la prohibición de los viajes internacionales de estos buques.

El sector de cruceros ha sido uno de los más afectados en la industria turística por la pandemia. ¿A estas alturas, cómo resumiría lo ocurrido en 2020?

Inaudito, impensable. Ha sido algo dramático para la industria de los cruceros y para todo lo que lleva a su alrededor. Nuestro sector, año tras año, estaba batiendo récords de crecimiento, con unas perspectivas extraordinarias por la construcción de nuevos barcos que había en cartera, con un ritmo importante de entrega, y de repente verse truncado de esta forma creo que imposible de predecir... También, por intentar ver la luz de todo lo que ha pasado en este tiempo, hay que señalar la extremada solvencia, la resiliencia del sector, que a pesar de haber estado prácticamente parado desde el pasado mes de marzo continúa vivo. Las compañías tenían una situación financiera bastante saneada y unas perspectivas que se van a mantener una vez que de alguna manera esto se vaya superando. Han podido refinanciarse y aguantar algo que otros muchos sectores no están siendo capaces.

¿Qué valoración hace de la temporada que arrancó en Canarias en noviembre?

Si lo comparase con una temporada normal diría que habría sido muy mala, pero no estaría siendo justo. Ha sido una prueba de lo que es capaz este sector. Por un lado, por el enorme beneficio económico que produce y que ha motivado esa buena disposición por parte del Gobierno de Canarias para buscar, a pesar de la prohibición a nivel estatal, que hubiese cruceros en la comunidad. Por otro, la disposición del sector a adaptarse, como ha hecho siempre, a circunstancias difíciles y cambiantes. También, y creo que seguramente lo más importante, está el hecho de que se hayan producido todos esos cruceros sin incidentes dignos de mención, lo cual habla de la robustez de los protocolos sanitarios que ponen en marcha las compañías. Por último, el deseo por parte de los clientes de ir de crucero, que ha permitido que esos barcos hayan tenido turistas.

La Asociación Internacional de Líneas de Crucero acaba de presentar un informe sobre las perspectivas para el sector en 2021. ¿Cómo afrontan las navieras este año?

Hay que aprovechar todas las oportunidades que vayan apareciendo y adaptarse a la situación. Si algo nos ha enseñado 2020 es que no podemos predecir exactamente cómo se va a evolucionar. Sí tenemos que estar preparados para volver a estar en el mercado lo antes posible cuando la situación mejore, y cuando no lo haga prudente desde un punto de vista sanitario, poder también tomar las decisiones que haya que tomar. Estamos firmemente convencidos de todo el trabajo que hemos hecho para garantizar que los cruceros sean el tipo de turismo más seguro.

¿El modelo establecido en el Archipiélago para la llegada de cruceristas puede ser un ejemplo para otros mercados en los que no ha regresado la actividad?

Creo que sí. Es un ejemplo muy bueno, pero también hay otros. Puede no ser muy conocido por el gran público, pero los protocolos para tratar la pandemia en los barcos de crucero han llevado mucho tiempo a los grupos de expertos contratados por las compañías en todo el mundo, realmente lo tienen todo muy estudiado. Los protocolos están siendo permanentemente actualizados, según hay nueva evidencia científica, a través de sociedades que se ocupan de certificar que son efectivos y que se cumplen. Por otro lado, hay directrices bastante claras por parte de las autoridades europeas y se trata de adaptarlas a la realidad local. A los destinos queremos trasladarles la tranquilidad que necesitan. Hay muchas cosas que se hacen a bordo del barco, pero hay otras que evidentemente son en tierra. Hay que llegar a ese acuerdo, a esa colaboración que se ha realizado de una manera muy fructífera en las islas Canarias.

¿Ha aprendido la industria de todo lo que ocurrió al comienzo de la pandemia?

Sí, por supuesto, en todos los aspectos. Pero también de lo que ha pasado en verano y lo que ha seguido pasando desde entonces. Las compañías no han parado de estudiar y de reforzar sus protocolos con toda la información de la que se ha ido disponiendo en cada momento.

¿Cómo ha sido la relación con las administraciones durante este tiempo?

Nos hemos encontrado con administraciones que han entendido la importancia de los cruceros, que han tenido tiempo y voluntad de conocer todo lo que las compañías quieren hacer para impedir la entrada del virus dentro de los barcos, cómo detectarlo y actuar inmediatamente en el caso poco probable de que entre. También ha habido otras que no han dado la prioridad que a mí me gustaría que se hubiese otorgado a ese aspecto, no ha habido esa posibilidad de interlocución, aunque todos podemos entender que son situaciones muy complicadas. Nos queda sobre todo agradecer a aquellas que han sido capaces de compatibilizar la protección de los ciudadanos con la dedicación a entender que la vida tiene que intentar seguir.

¿Se puede saber a estas alturas del año si habrá cruceros este verano en otros mercados españoles?

Lo que podemos saber es lo que ahora mismo hay publicado en el BOE, y lo que hay es una prohibición de los cruceros internacionales. Eso, teniendo en cuenta el litoral peninsular, lo hace muy difícil y de ser así, sería algo testimonial. Vamos a confiar en que con el avance del proceso de vacunación y la mejora de la situación sanitaria, esta prohibición que se aplica a los cruceros, pero que sin embargo no se aplica de una manera tan genérica a otros medios de transporte, se vaya levantando antes de que las compañías tomen la decisión de poner los barcos en otros mercados. Ese es el riesgo que corremos al haber en el Mediterráneo mercados competidores, como el italiano, el griego o el maltés, donde los barcos pueden operar con un marco claro con normas sanitarias, mientras en España hay una prohibición tajante en este aspecto.

El turismo de cruceros se duplicó en Canarias en la década previa a la pandemia, y en el conjunto de España pasó de poco más de seis a casi once millones de pasajeros. ¿Se volverán a ver estos crecimientos en el sector?

Sí. A pesar de que algunos barcos han sido sacados del mercado, hay un calendario de construcción de otros nuevos que se está manteniendo y van a buscar donde operar. Eso no significa que automáticamente vengan a España o a Canarias, pero desde luego la oportunidad está ahí. Dependerá del interés turístico y de la promoción que se pueda hacer por parte de los destinos españoles, pero también, y esto es muy importante, de la receptividad por parte de las administraciones. En eso, he de decir con tristeza, nuestro país creo que no ha estado a la altura. No hay más que poner el ejemplo de otros perfectamente homologables y competidores, como Grecia o Italia. Ellos han encontrado la fórmula, han dedicado el tiempo para establecer esas normativas y esos protocolos que permitan una operación segura de los barcos de cruceros, pero España no. Desde luego, de la misma manera que hago esa reflexión sobre la administración central, debo hacerla favorable para las de Canarias. Eso ha hecho que las compañías vean que hay una colaboración y una receptividad tanto por parte de las autoridades portuarias canarias como de las administraciones autonómicas y locales.

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