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Poca fe por el disfraz en Las Canteras

Las mascaritas que acuden a la playa convierten su presencia en un show para los ususarios

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Día de playa y disfraces en un martes de carnaval atípico José Carlos Guerra

Aunque la cancelación del presente Carnaval no prohíba de ningún modo que la gente que quiera se disfrace, muy pocos ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria se están animado por lo que se ha podido ver desde el fin de semana pasado hasta ayer por las calles y zonas emblemáticas de la ciudad.

Y si el pasado lunes ni una sola mascarita hizo acto de presencia por las calles de Vegueta en la fecha en la que todos los años se celebra el Carnaval de Día, una imagen muy parecida se volvió a repetir ayer por el Paseo de Las Canteras en la jornada en la que se celebra, en esta ocasión, el famoso pasacalles, también cancelado, como todos los actos y mogollones de este Carnaval 20021 por motivo ya de sobra conocidos del coronavirus y la dichosa pandemia.

Pero aquí, sin embargo, si que hubo algunas mascaritas, aunque sólo fueran casos concretos casi a modo de anécdotas que rozaban lo heroico y que, eso sí, concitaron el interés y la curiosidad de los viandantes durante una mañana de sol fantástica que invitaba a acudir a la playa. En este sentido había que destacar las presencias de un grupo variopinto formado por diez o doce italianos y canarios maduros, pero que tan solo verlos, desde el mismo paseo de Las Canteras, era casi como acudir a un verdadero show a la altura de la Puntilla. En un ambiente distendido en el que la diversión y las risas eran constantes entre ellos, gastándose bromas mutuamente, muchos bañistas no les quitaba el ojo de encima por las gracias y ocurrencia de este grupo de amigos realmente divertido; lo que demuestra que la gente, al final, lo que quiere es pasarlo bien,

Un motivo más que suficiente para abandonar la zona pavimentada y bajar a la arena para conocerlos más personalmente. De entre todos ellos destacaba como líder Maurizio, un siciliano afincado momentáneamente en la Isla, disfrazado de monja que exhibía su crucifijo “con un gran respeto hacia la religión porque yo soy muy católico”, comentaba el propio protagonista entre risas en un italiañol bastante ininteligible.

Por este motivo, uno de sus amigos, Juan Rafael, se prestó a ejercer como portavoz de los allí presentes, señalando que “realmente, toda esta juerga ha sido por Maurizio, que como proviene de Palermo, y le gusta siempre sorprendernos con algo, es el que ha organizado todo”, afirma.

Máscaras

“Nosotros habíamos quedado para venir a la playa como un día cualquiera y él apareció con los disfraces, máscaras y gorros que fue repartiendo entre todos nosotros”. Un grupo realmente curioso porque junto a canarios de diferentes islas se habían unido italianos de Roma, Bolonia y Rímini que están de paso temporalmente, pero cuya idea es “que al final se vayan a quedar”.

Juan Rafael insiste en que Maurizio es “la alegría del grupo”, porque es quien viene temprano y lo organiza todo. “Desde que llegó a Gran Canaria por primera vez lo que más le gustó fue el Carnaval, y como vive en Roma, quiso caracterizarse con algo que le recordara el Vaticano y por eso eligió ese disfraz de monja”, añade. El resto de los amigo, exhibían todo tipo de adornos, desde las típicas orejas puntiagudas asociadas a las conejitas de playboy hasta sombreros tradicionales de japonesa, pasando por motivos hawaianos. Disfraces que exhibían, entre otors, Patricia, Lidia, Elvira, Alexandra, Gloria, Daniel, Santiago, Pepe y Giorgio. “Todo esto fue idea suya y esta alegría pues bienvenida sea en estos momentos tan delicados”, apuntaba a continuación.

De regreso al propio paseo, y ante la ausencia de cualquier tipo de mascarita en el horizonte, entre la gente destacaba ya desde bastante lejos una niña caracterizada como uno de los personajes más emblemáticos de Disney con su radiante falda amarilla y su blusa y encajes entre azul, blanco y rojo.

La pequeña, de nombre Daniela, de tres año de edad, lucía un fenomenal vestido de Blancanieves acompañado de dos de sus familiares. “A nosotros nos encanta el Carnaval”, señalaba su abuela Mónica Aguilar, “y aunque las circunstancias de ahora sean muy difíciles, ella se pone el disfraz en cualquier momento porque para ella es Carnaval es todos los días”, añade. Pero para Mónica un motivo más que animaba a lucirlo durante un día como el de ayer es que “ahora mismo tienen todos los parques cerrados y los niños pocos lugares de esparcimiento, pero ella es feliz lo exhiba en donde sea, sin embargo lo raro es que no se vea a más gente disfrazada”.

Por otro lado, el abuelo, Sebastián Hernández, añade que, entre las cancelaciones, las restricciones y la calima, “las fiestas se han reinventado” y mucha gente se lo monta a su manera intentando ante la dificultad utilizar la imaginación y, por eso, por las tardes muchos amigos se reúne en un bar del parque Santa Catalina a modo disfraz para almorzar. “Tampoco vamos a estar tristes y metidos en casa”, añade ella. “Hay que seguir haciendo vida dentro de las posibilidades del momento, el problema es cuando uno se descontrola con el alcohol, pero si uno va de paseo y caminando tranquilamente, respetando las medidas de seguridad, puedes vivir el carnaval y disfrazarte, acudir a una terraza y almorzar”, lo que pasa es que como nadie se disfraza, algunos tendrán el punto ridículo de que llamen la atención”, aclara. La propia Daniela reconoce que había visto a otro niña de su edad con el traje de otro personaje emblemático de Disney como Bella.

El resto del trayecto por el paseo de Las Canteras mostraba el aspecto de un festivo o fin de semana cualquier, con gente de toda edad paseando y disfrutando del paisaje, pero pocas mascaritas.

Aunque, de pronto, una figura caracterizada como un jinete de carrera de caballos avanzaba a gran velocidad con total naturalidad entre la muchedumbre.

Era Susana Domínguez que, desde que se levantó por la mañana, tuvo el firme empeño de ponerse algún uniforme de algo que llamara poderosamente la atención. “Ahora voy a hacer la compra”, reconocía. “Pero, quería quitarme la espinita del corazón de pensar que estaban en Carnaval, aunque sin poner en riesgo a nadie”, añadía. “Y hoy tenía que realizar varios compromisos y aunque no la hubiese tenido lo habría adelantado y si luego por la tarde voy a pasear también disfrazada”.

Susana tiene claro que “hoy no me voy a quitar el traje porque esto es una manera de vivir el Carnaval sin fiestas ni botellones porque luego yo voy a casa de mi madre y yo soy la primera que quiero que ella esté sana”. Por tanto, desde su punto de vista, el disfrazarse, aunque no haya ni galas, ni mogollones ni fiestas privadas “me parece una idea bonita porque yo me lo estoy pasando bien y me encuentro súper a gusto”. Y si no lo hubiese hecho “me habría quedado como un pozo o un vacío”, pero ahora “tengo mi foto con mi mascarita y cuando la vea diré ‘mira, hice lo que deseaba hacer”.

Susana no entiende cómo no hay más gente que se anima a hacer lo mismo que ella. Y no entiende que algunos sientan que, como no se disfraza mucha gente, teman quedar en evidencia. “Somos canarios, y no podemos encontrar ridículo el carnaval porque es algo que hemos vivido desde pequeñas, es nuestra cultura, como lo es en Cádiz o en Brasil; si fuese en otro sitio sí lo entendería”.

Y además, ella confiesa que “vengo caminando por las calle interiores del puerto, pero en un momento me dije ‘no, yo voy por el paseo de Las Canteras para que la gente me vea y para yo también ver cómo está la gente’. Y la sensación que me da es la mayoría de las personas están desanimadas”.

Pero, desde su punto de vista, “al final el ambiente lo llevas tú, y ves gente que sonríe, que te dice algo, y estás despertando alegría”.

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