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“Si sigo la línea táctil me choco con el árbol”

El secretario general de Cermi, Miguel Ángel Déniz, esquiva elementos urbanos en Triana

Miguel Ángel Déniz, secretario general de Cermi.

Miguel Ángel Déniz, secretario general de Cermi. Andrés Cruz

Nada mejor que una clase práctica para comprobar los obstáculos que debe sortear una persona ciega al salir a la calle. Fue lo que hizo ayer el secretario general de Cermi, Miguel Ángel Déniz, con el concejal de Urbanismo, Javier Doreste. En unos minutos se topó con un árbol al seguir un pavimento táctil. 

El bastón es un elemento clave en la vida de un ciego para sortear los múltiples elementos urbanos que hay instalados en la vía pública, sin contar con las personas con las que se tropieza. En muchos casos puede incluso salvar una vida pese a que haya señalización para invidentes en el pavimento. Es lo que ocurre en la calle Lentini, si se sigue la línea de las losetas podotáctil bajando por el Monopol. Lo demostró ayer el secretario general de Cermi y miembro de la Once al detectar el pavimento de círculos y continuar por su trazado. “Si sigo la línea me chocaría contra este árbol”, dijo en vez de llegar hasta el semáforo que atraviesa el Guiniguada, cercano al mercado Central. Fue uno de los primeros handicaps que se encontró en la zona de Triana, y que enseñó al concejal de Urbanismo Javier Doreste para que tome medidas antes de iniciar la reforma de la zona comercial.

Al coger la calle Triana, las papeleras empiezan a ser un contratiempo en un paseo en el que, sin embargo, Miguel Ángel Déniz, realiza con soltura y hasta con ligereza gracias a que se conoce el trayecto. Tanto es así que saluda a los compañeros de la Once antes de llegar a toparse con ellos.

A la hora de cruzar la calle Malteses, otra dificultad. El semáforo no está señalizado con el pavimento por lo que de no conocer la zona, Miguel Ángel se hubiera lanzado con riesgo para su vida, salvo que una persona le hubiera advertido del peligro. El secretario general de Cermi reconoce que las indicaciones de la gente no siempre son las correctas: “A veces te dicen que pases y lo hacen con el semáforo en rojo”. Él lleva un arma secreta, una llave similar a la de contacto de un coche que pone en alerta al semáforo más cercano. La señal acústica le permite esperar en el lugar indicado hasta el cambio de color, que también anuncian.

Al caminar por la calle Losero para llegar a la estación de Guaguas, la plaza Stagno es como un mar sin fondo. “Sin ninguna señal, y sin referencias, un ciego puede acabar en la otra punta y no llegar nunca a la estación”.

De vuelta a la calle Triana, se topa con una rampa de acceso mal colocada en un local e incluso con una cabina de teléfono en desuso pegada a una pared. El bastón no la ha detectado pero su estómago sí al tener un saliente a esa altura.

En la calle Perdomo, las terrazas y una obra son el problema. “A las seis de la mañana pueden estar las sillas bien colocadas pero a las tres de la tarde ya están desordenas”.

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