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Medio ambiente | Los humedales de la capital

Las otras charcas de San Lorenzo

El barrio de El Román acoge uno de los grupos de maretas mejor conservado de la capital

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Maretas de El Román, San Lorenzo Andrés Cruz

El pasado agrícola del extinto municipio de San Lorenzo puede observarse en todo su esplendor en el barrio de El Román. Tras pasar el pequeño caserío se sucede uno de los conjuntos de maretas y estanques de barros de la capital, lugar de nidificación de aves y paraje de gran belleza etnográfica y natural.

El barrio de El Román, a un costado del barranco de San Lorenzo, acoge uno de los grupos de maretas y estanques mejor conservado de Las Palmas de Gran Canaria. Un remanso de paz y naturaleza a tiro de piedra de la mayor ciudad del Archipiélago. A la vera de una pista de tierra y a las puertas del paisaje protegido de Pino Santo, el conjunto está formado por una hilera de siete balsas de uso agrícola donde suelen anidar distintas especies de aves. Y es que a diferencia de otros enclaves similares del municipio, estas tienden a conservar un nivel óptimo de agua durante todo el año, salvo en periodos prolongados de extrema sequía, relatan los vecinos.

Las otras charcas de San Lorenzo son mucho menos conocidas que las maretas que flanquean la carretera que conecta la localidad con el barrio de Tamaraceite, pero esto no significa que carezcan de relevancia. Tanto el Ayuntamiento capitalino como el Cabildo Insular incluyen este conjunto dentro de sus respectivas cartas etnográficas dado el alto interés científico que suscita y lo bien conservado que se encuentra el conjunto de estanques realizados a base de barro y muros de mampostería a lo largo del siglo XIX.

La escasez de agua en Canarias ha obligado al ser humano a tener que moldear el paisaje y doblegarlo para poder obtener y almacenar el agua. El valle que discurre por el barranco de Tamaraceite y San Lorenzo estuvo cubierto hasta la década de 1970 de fincas de plataneros y otros árboles frutales. Las plantaciones se alternaban con grupos de maretas y estanques que permitían regar los cultivos, especialmente en época de sequía; por lo que desde Las Perreras hasta El Acebuchal se suceden este tipo de construcciones.

El de las charcas de El Román o de Mazapé es uno de los conjuntos mejor conservados de todo el valle, pues la mayoría siguen teniendo un uso agrícola. Por el contrario, la decena de maretas de las fincas de Las Perreras y La Mayordomía están totalmente abandonadas, Las de la vega de San Lorenzo, las más conocidas y emblemáticas por ser donde habitualmente anidan una mayor cantidad de aves acuáticas, están muy degradadas aunque algunas se han recuperado en los últimos años para regar fincas de papas y hortalizas de la zona.

Desde Las Perreras hasta El Acebuchal se suceden las maretas de barro para regar las fincas

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Las maretas situadas por encima del pueblo de San Lorenzo -siguiendo el curso del barranco homónimo- son las mejor conservadas y, al mismo tiempo, las más desconocidas por la población en general. Las de Mazapé, las más cercanas a El Román, son una hilera de siete balsas de barro dispuestas en fila. Tan solo una se encuentra degradada -abandonada-; el resto presentan un estado casi inmejorable, con una buena cantidad de agua, especialmente tras las lluvias de este invierno.

Según el catálogo medioambiental del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria este enclave destaca por la presencia de numerosos ejemplares de palmera canaria -Phoenix canariensis-; constituyendo uno de los mejores conjuntos en el municipio de esta especie protegida. Además, existen varios ejemplares de acebuche -Olea cerasiformis- en las laderas que circundan el paraje. No obstante, esta especie endémica de las Islas -familia del olivo común europeo- es la predominante barranco arriba.

El palmeral y el humedal que conforman las maretas hacen las veces de hogar para numerosas especies de aves. El catálogo municipal hace hincapié en la presencia del canario -Serinus canarius-, del herrerillo -Parus caeruleus-, de la abubilla -Upupa epops- y del mosquitero -Phylloscopus collybyta-. Además, en el agua de los estanques también son visibles unas cuantas parejas de patos y de pollas de agua -Gallinula chloropus- dando así un interés reforzado al paraje natural.

Los vecinos, además, afirman haber visto garzas, algo que no sería de extrañar pues en las maretas de San Lorenzo son comunes de observar. Los lugareños, quienes hacen uso y disfrute de este entorno para pasear al perro o hacer deporte, indican que la mejor época para ver aves en las charcas sería cuando el nivel es inferior al actual, pues es cuando afloran mayor cantidad de insectos al estar las aguas más estancadas.

Los estanques son el hogar de patos, pollas de agua y garzas, entre otras aves acuáticas

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Ciclistas, senderistas, curiosos y corredores de trail de montaña hacen uso y disfrute cada fin de semana de este paraje natural. Desde aquí parten dos senderos con cierto tránsito. Por un lado, una de las veredas asciende los lomos de San Gregorio hasta San José del Álamo siguiendo el antiguo trazado del Camino Real de Las Palmas a Teror. Es más, conserva en varios tramos el empedrado original de los siglos XVII y XVIII. La otra ruta partiría desde la pista que bordea las charcas de Mazapé hasta adentrarse barranco arriba por El Acebuchal y Las Labradoras -en este caso habría que tener cuidado de no traspasar un disco de dirección prohibida al adentrarse la pista en una propiedad privada-.

En la orilla contraria del barranco de San Lorenzo hay otra hilera de maretas con muros de piedra seca que sujetan el barro; aunque son de menores dimensiones y no tan relevantes, pues ni siquiera están incluidas en el catálogo etnográfico municipal. Pero este valle guarda otros puntos de interés. Por encima de las charcas de Mazapé se encuentra la finca de Mascuervo, parcialmente en uso agrícola, aunque la antigua vivienda y alpendres se encuentran totalmente abandonados y parcialmente derruidos.

Tanto el Ayuntamiento como el Cabildo reconocen este enclave dentro de sus cartas etnográficas por su alto valor paisajístico. La finca de Mascuervo data de finales del siglo XIX y denota el rico pasado agrícola de este barranco, al ser una de las vegas que alimentaba a la capital grancanaria. Todavía hoy se cultivan en sus inmediaciones plátanos y naranjas.

De El Román parte el Camino Real a Teror, que conserva tramos de piedra del siglo XVII

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Esta y otras fincas de la zona lograban llenar sus estanques gracias a un complejo sistema de acequias y acueductos que traían el agua desde el interior de la Isla. Todavía hoy el líquido elemento discurre por algunas de ellas y hasta el propio cauce de San Lorenzo lleva aguas de escorrentía en algunos tramos. Los surcos de estas piezas de ingeniería hidráulica del siglo XIX son visibles por todo el paraje, aunque destaca un arco de medio punto con piedra seca que salva el tajo que forma el barranco de San Lorenzo.

Más arriba de Mascuervo existen otra serie de maretas, ya próximas al punto donde los barrancos de El Acebuchal y Las Labradores se convierten en el de San Lorenzo. Hay un total de cuatro balsas de barro -además de varios estanques cueva-, pero no todas presentan tan buen estado de conservación como las de El Román.

Esta vega agrícola, hoy prácticamente sin ningún tipo de actividad, está ya dentro del paisaje protegido de Pino Santo y cuenta con un interés científico muy alto del catálogo medioambiental municipal. La zona destaca por una fuerte presencia de acebuches, un tipo de árbol del bosque termófilo que ha terminado por recolonizar en parte las viejas tierras de cultivo.

En este bosque también hay ejemplares dispersos de lentiscos -Pistacia lentiscus-, señal inequívoca de ser una zona de transición entre el termófilo y el monteverde -laurisilva-. En este paraje natural, repleto estos días de los colores de la floración previa a la primavera, el cantar de los pájaros es una constante. Aquí, en particular, nidifican según el catálogo municipal el búho chico -Asio otus- y la lechuza común -Tyto alba-.

Los acebuches han recolonizado los campos de cultivo abandonados del barranco

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Con todo, este paraje conforma un conjunto natural a respetar y preservar. El Ayuntamiento está en proceso de mejorar y preservar los espacios al aire libre del municipio. Tras abrir rehabilitar por completo el camino del Guiniguada, el pasado otoño iniciaron una puja para adquirir fincas abandonadas; la idea sería poder comprar así la mayor parte de las charcas de San Lorenzo. También han iniciado los trámites del plan especial de La Mayordomía y está previsto plantar miles de árboles en las zonas periurbanas.

Las charcas de Mazapés -en la foto principal- se encuentran a tiro de piedra de la capital grancanaria, el barrio que se observa es El Román, junto a San Lorenzo. A la izquierda, unos corredores en la zona de las charcas y sobre estas líneas, primero, entrada al barranco del Acebuchal y debajo una acequia de finales del siglo XIX. |

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