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Cáritas reparte más del doble de menús diarios que en una situación normal

La entidad solidaria se encuentra al límite con una entrega de 500 almuerzos al día y la demanda no para de crecer v En el 2020 registró el doble de solicitudes que en 2019

En la imagen, el centro de la Avenida Escaleritas donde decenas de personas hacían cola para retirar el menú. | | LP/DLP

En la imagen, el centro de la Avenida Escaleritas donde decenas de personas hacían cola para retirar el menú. | | LP/DLP

Cáritas se encuentra al límite de sus servicios al entregar diariamente unos 500 almuerzos diarios, más del doble de los que ofrece “en una situación normal”. Y es que antes de la pandemia llegaba a unos 200 menús diarios. Sin embargo, en la actualidad, con el avance de la crisis social y la migratoria ha hecho que el propio obispo de Canarias, José Mazuelos, reclame ayuda, tanto de las administraciones como ciudadana dada también la necesidad de voluntarios.

Las Palmas de Gran Canaria es sede de tres de los cuatro comedores de la Isla en los que antes de la pandemia se atendía a una media de 160 personas, más las 35 del situado en San Bartolomé de Tirajana. En concreto, en La Isleta y Vegueta ayudaban a 70 y en el de la Avenida de Escaleritas a unas 90, siendo este el que recibe más beneficiarios en el servicio de comida diario. Ahora, desde la ONG destacan que entregan una media de 500 almuerzos diarios en sus cuatro comedores, sin contar los desayunos que dan en centros como el de Escaleritas. De ellos, unos nueve al día son migrantes, pues del 1 de enero al 15 de marzo de 2021 han atendido a un total de 708 migrantes que se quedaron fuera del programa de acogida.

La entrega de menús diarios ha superado en varias ocasiones la capacidad de las cocinas de la entidad, por lo que han tenido que buscar alternativas para atender a todos los usuarios. Además, la entidad subraya que registró un incremento del 99,8% en las solicitudes de sus servicios durante el 2020 con respecto a las del año anterior, previo a la pandemia.

Actualmente manejan tres perfiles de beneficiarios. En primer lugar las personas sin hogar, en segundo las víctimas de trata de seres humanos y/o que ejercen la prostitución y en tercer lugar personas dependientes, en su mayoría mujeres de entre 41 y 50 años, en desempleo y que cuentan solo con estudios primarios.

Las demandas de servicios aumentan día tras día y el ‘overbooking’ en las instalaciones sobrepasa también a los voluntarios. Se han solicitado ayudas a la administración pública pero no se ha obtenido respuesta , y además piden a la población su colaboración ya sea con donaciones puntuales, haciéndose socios e incluso como voluntarios ya que actualmente necesitan personas que sepan hablar francés y árabe, abogados que puedan asesorar a las personas que lo necesiten como a los jóvenes migrantes que fueron expulsados del campamento Canarias 50 de La Isleta y que tengan habilidades informáticas para que puedan orientar a los beneficiarios que necesitan realizar operaciones telemáticas para tener acceso a sus derechos. Algo que señalan es “insostenible” si se extiende en el tiempo.

Ayer decenas de personas formaban una cola en las afueras de la sede de Escaleritas para recibir el almuerzo. Entre los usuarios consultados están migrantes de distintas partes del mundo, así como grancanarios que “por primera vez” se han visto en una situación de vulnerabilidad. Este es el caso de Ana González -todos los nombres son ficticios para proteger la integridad de las personas-, quien hasta hace unos meses tenía trabajo y lo ha perdido, además agotó las ayudas y no le ha quedado otro remedio que solicitar el menú que ofrece Cáritas diariamente.

También están Juan Pérez y Eduardo López, quienes vienen de Venezuela. El primero tiene nacionalidad española y está en la Isla desde hace cuatro años, de los que uno de ellos estuvo trabajando en Londres, pero gracias a la pandemia tuvo que regresar a la capital porque se quedó sin trabajo y ahora reside en casa de un familiar. Por esto se ha visto en la “necesidad” de acudir a la sede de la entidad en busca del almuerzo diario que proveen, aunque lo que desea es conseguir un empleo que le permita satisfacer sus necesidades por sí mismo. Por ahora se encuentra “agradecido” por las ayudas que le han prestado desde Cáritas, donde sostiene que la “atención ha sido muy buena”.

López, por su parte, se dedicaba a cuidar a una dependiente pero con la crisis sanitaria también perdió su empleo y, además, le negaron la protección internacional por tener una segunda nacionalidad de otro país sudamericano, por lo que acude a buscar desayuno y almuerzo diariamente en la organización de la Iglesia católica, mientras recurre el expediente y consigue obtener la residencia ya que desea volver a trabajar.

Fernando Medina, por su parte, ha recibido la incapacidad laboral de forma temporal y lo que cobra de la mutua no le alcanza para pagar “ni siquiera un alquiler”. Cuenta que lleva 18 meses esperando pasar ante el Tribunal Médico para solucionar su situación ya que espera poder volver a su puesto de trabajo. Rosa Morales fue desahuciada hace mes y medio “sin aviso alguno”, por lo que todas sus cosas e incluso la compra quedaron dentro de la vivienda y sostiene que no se la quieren devolver. Ha conseguido que el Ayuntamiento le ayude con una vivienda ya que vive con su novio y suegro de la tercera edad, así que por ahora pide comida en Cáritas.

Misa crismal telemática

Ayer tuvo lugar de manera telemática la misa crismal desde la Catedral de Santa Ana en Vegueta debido a las normas sanitarias por la pandemia. Aunque este culto normalmente se lleva a cabo las mañanas de cada Jueves Santo, este año ha sido trasladada al martes de Semana Santa, algo que es permitido siempre que existan “razones pastorales de peso”. La Diócesis de Canarias recuerda que esta ceremonia celebrada por el obispo con los sacerdotes de su Diócesis “consagra el Santo Crisma y bendice los demás óleos. Es como una manifestación de comunión de los presbíteros con el propio obispo”, apuntan. Con el Santo Crisma consagrado se ungen los recién bautizados, se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos, la iglesia y los altares, mientras que los confirmados son sellados. | M. S. J.

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