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Un ascensor para descansar las rodillas

La inclusión de elevadores en bloques de la Vega de San José facilitará la vida de sus vecinos más veteranos

Un ascensor para descansar las rodillas | ANDRÉS CRUZ

Un ascensor para descansar las rodillas | ANDRÉS CRUZ

Han pasado casi cuatro décadas desde que fueron entregadas las casas del número 20 de la calle Málaga y por fin sus vecinos tienen ascensor. Gloria, María y Antonia, tres de las más veteranas del bloque, tienen problemas de rodilla. Están deseando que el elevador funcione ya para ganar calidad de vida.

“¿Qué cómo estoy? Contentísima, llevo meses que prácticamente no salgo de casa”, así de exultante estaba este miércoles Antonia Sánchez Ruano en la puerta de su casa, en el número 20 de la calle Málaga. A su alrededor, sus vecinas de rellano muestra la misma cara de satisfacción. Las tres tienen más de 65 años y los achaques de la edad empiezan a pasarles factura en las piernas, para salir a la calle no les queda otra que subir y bajar cuatro tramos de escaleras. Pero, aún así, tienen motivos para alegrarse. Casi 40 años después de construirse el edificio por fin tendrán un ascensor para descansar las rodillas.

La inclusión de ascensores en este y en otros cinco bloques de la Vega de San José facilitará la vida de sus vecinos más veteranos. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha reformado en el último año un total de 45 edificios en las calles León, Málaga, Córdoba, Eufemiano Jurado y Palma de Mallorca; una actuación que ha beneficiado a 600 familias, entre las que se incluyen las 14 viviendas que conforman el número 20 de la calle Málaga.

“No estoy saliendo para nada”, señala Antonia en la compañía de su nieta, “y gracias a ella”, recalca. La joven lleva unas dos semanas viviendo con su abuela para intentar hacerle los recados y que salga lo menos posible. Y es que esta vecina de la Vega de San José está pendiente de una operación de la vista y otra de la rodilla, sin contar los problemas que tiene del corazón. Por el momento, y hasta que el ascensor no entre en funcionamiento, se ve obligada a ir al médico con un bastón para poder bajar y subir las escaleras, “y despacito”, recalca.

“¿Cuándo lo pondrán en marcha?”, se pregunta Antonia junto a sus otras vecinas. Por el momento, no les han confirmado ninguna fecha. Desde servicio municipal de Urbanismo y Vivienda, quienes han ejecutado las obras en los 45 bloques mediante una inversión de 3,8 millones de euros, aseguran que están pendientes del visto bueno de Industria y que se hará realidad en los próximos días. De hecho, la obra será recepcionada por los vecinos esta semana.

Mientras tanto, los más ancianos seguirán estando medio confinados en sus casas, y en este caso no por la pandemia precisamente. “Llevo un año sin salir casi de casa”, afirma Gloria Lemes Medina, vecina de relleno de Antonia. A sus casi 80 años abre la puerta a paso lento con la ayuda de un andador. El pasado enero la operaron de una rodilla y todavía está pendiente de que la llamen para la otra, indica. Con cuidado, se sienta sobre el taca taca para descansar, pues no puede estar mucho tiempo de pie. Subir y bajar las escaleras por sí misma es algo sencillamente impensable.

"Voy a ganar calidad de vida, antes iba a calado, daba mis paseos", señala Gloria

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“La compra me la hacen mis hijos o le pido el recado a alguien”, aclara. “Cuando tengo que ir a rehabilitación tienen que venir a buscarme, bajarme y volver a subirme por las escaleras”, apunta, resignada, aunque con un hilo de esperanza, palpable, pues en pocos días espera que todo sea diferente. “Con el ascensor voy a ganar en calidad de vida”, destaca. “Lo que yo era antes... Iba a clases de calado, daba mis paseos”, resalta. Las complicaciones son tales, que recién operada de la prótesis no le quedó otra que vivir unas semanas en casa de su hija, por lo que espera que con la siguiente rodilla sea “diferente”.

De una operación de rodilla también está pendiente su otra vecina de rellano. María Padrón García sobrepasa los 70 años y se ve obligada a ir en busca del bastón cada vez que sale de casa. “Suscribo las palabras de Antonia”, señala. En su caso, también padece del corazón y tiene dificultades para caminar. “Me iban a operar hace unos meses, pero les dije que no”, comenta, “prefiero esperar a tener ascensor”. Su miedo era no poder ir a rehabilitación en condiciones, pues si ya le resulta complicado bajar y subir las escaleras con un bastón, no quiere imaginarse lo que sería hacerlo después de una intervención médica en la rodilla.

“La edad no perdona y queremos salir a la calle en condiciones”, repiten las tres, Antonia, Gloria y María. Junto a ellas está Rosa España Montesdeoca, presidente de la comunidad de vecinos, y quien vela para que todo vaya sobre la marcha en este bloque de la Vega de San José. “La verdad es que les hace mucha falta”, recalca. “Y a mí todavía no, pero el día de mañana ya no podré subir las escaleras como ahora”, añade.

Urbanismo incluye ascensores en seis bloques por primera vez en cuatro décadas

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Los bloques de la calle Málaga, en origen de promoción pública, fueron entregados a sus actuales propietarios en 1982. Todavía algunos recuerdan cuando llegaron al barrio y no tenían aún ciertos servicios básicos. Rosa España señala que en los registros del catastro aparece como que su bloque y los contiguos tienen ascensor, pero lo cierto es que hasta ahora carecían de esta infraestructura.

No solo los más ancianos se verán beneficiados. Jorge Marrero Sosa todavía era un niño cuando llegó al bloque. Cuatro décadas después está pendiente para que le reconozcan la invalidez por los graves problemas que padece del corazón, unido a la hipertensión y la diabetes. “El médico me ha dicho que no puedo trabajar, ¿cómo voy a estar subiendo y bajando todos los días escaleras?”, se pregunta. “Me noto asfixiado cada vez que llego a casa”, recalca. De hecho, la Vega de San José está entre los cinco barrios de la capital con mayor riesgo de mortalidad.

La inclusión de ascensores en estos seis bloques de la Vega de San José ha sido posible gracias a que el diseño de los mismos así lo permitía. Todos contaban con un hueco para ello, aunque según aclaran desde Urbanismo en algunos casos eran muy estrechos. Esto obligó a los técnicos a modificar las cocinas de algunas de las viviendas para que la instalación fuera una realidad, señalan.

La rehabilitación en el 20 de la calle Málaga y en los otros 44 bloques ha permitido arreglar fachadas y cubiertas, que en la mayoría de los casos presentaban un importante deterioro. Y es que esta ha sido prácticamente la primera intervención que las administraciones públicas han realizado en estos inmuebles.

Exteriores del número 20 de la calle Málaga. Andrés Cruz

Rosa España añade que su siguiente reto será conseguir que les arreglen los jardines que circundan el edificio. “Las palmeras nunca se han podado”, indica, “son un criadero de ratas, tenemos una vecina que hasta le han anidado en su casa”. Pero a este descuido hay que sumar la dejadez por parte de quienes viven en la zona, pues entre las malas hierbas abundan las colillas y las latas de cerveza.

“Allí me tienen el punto limpio”, señala ella a un montón de basura, escombros y restos de muebles que se acumulan sobre la acera y el parterre donde deberían haber plantas. Desde Urbanismo señalan que varias de las zonas comunes de los edificios no están recepcionadas por parte del Ayuntamiento, por lo que tendrían un carácter privado. Además, los vertidos de basura en la calle es una problemática presente en muchos barrios de la ciudad, según las denuncias del servicio de Limpieza.

El objetivo de Urbanismo será rehabilitar otras 600 viviendas en el próximo año. Según el concejal del área, Javier Doreste, esto permitirá completar la regeneración de la mitad norte del barrio. Además, han comenzado la conversaciones con el Gobierno de Canarias para financiar la mejora del lado situado al sur de la calle León y culminar así el lavado de cara de la Vega de San José.

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