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Ciudad Jardín | El renacer de un inmueble emblemático

Un vergel en el Club Británico

El desaparecido restaurante Churchill da paso a una tienda de plantas y semillas en la planta baja del histórico edificio de Ciudad Jardín

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El Churchill reconvertido en tienda de plantas José Carlos Guerra

Al British Club de Las Palmas le han brotado unas majestuosas orquídeas de mil colores que disfrutan de la claridad tras una elegante galería acristalada. También le han nacido palmeras, hortensias, bromelias, gerberas y hasta nenúfares que flotan en un serpenteante estanque. El emblemático edificio de la calle León y Castillo, símbolo de la histórica vinculación entre la ciudad y la colonia británica, es el nuevo hogar de La Casa de Las Semillas, un establecimiento dedicado a las plantas que se ha mudado desde las proximidades del Estadio Insular para convertir el espacio que antaño ocupaba el restaurante Churchill en un auténtico vergel.

“Esto es el resultado de un conjunto de ideas de mucha gente”, explica el jardinero y empresario Jesús Gómez, que se encuentra al frente del proyecto junto a su esposa, Montserrat Martínez. Juntos han conseguido dar la vuelta a un espacio vetusto logrando que la vida germine en él con semillas, macetas, sustratos, flores y casi cualquier utensilio que pueda hacer falta para cuidar de las plantas.

El Club ha recuperado la puerta que lo conecta con el Parque Romano

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La transformación de la planta baja y el exterior del inmueble es sutil, pero ha resultado efectiva para convertir el espacio en un pequeño rincón verde de ambiente londinense. Gómez y Martínez han conservado algunos elementos del mobiliario que dejó atrás el antiguo restaurante y han rescatado otros que llevaban décadas guardados sin que nadie les diera un uso. Así ocurre, por ejemplo, con una elegante mesa de snooker que acumulaba polvo en un sótano y ahora reúne un completo muestrario de plantas de interior. No demasiado lejos descansan más ejemplares vegetales sobre la vieja estructura de una cama de hierro que perteneció a la tatarabuela del jardinero, y otros tantos están colocados sobre los muebles que antiguamente se usaban para almacenar la vajilla y la cubertería. Sin embargo, la reinvención más sorprendente aguarda escondida en la antigua cocina del Churchill.

Donde se cocinan las plantas

Bajo las grandes campanas extractoras que aún dominan la estancia ya no hay solomillos haciéndose en la parrilla al gusto del comensal. En su lugar ahora están almacenados todos los ‘ingredientes’ necesarios para que cualquiera pueda empezar un cultivo vegetal, como macetas, rastrillos, palas, trasplantadores o azadas. También se guardan aquí las semillas y los bulbos, auténtica esencia del establecimiento. “A los clientes se les rompen los esquemas cuando entran aquí, porque tienen la sensación de estar accediendo a un sitio prohibido, especial”, presume Gómez.

El edificio del British Club, construido en 1902 por un empresario escocés, tiene un alto grado de protección arquitectónica. Los responsables del nuevo establecimiento ubicado en su planta baja, que también se han incorporado como socios a la institución, aseguran que su proyecto busca ponerlo en valor respetando en todo momento su centenaria historia. “Todos teníamos claro que aquí lo importante era la casa”, tercia Gómez, que ha contado con la colaboración desinteresada de amigos y profesionales que le han orientado a la hora de buscar un estilo propio para el local. De hecho, el cambio que ya ha dado el antiguo Churchill es solo el primero de los que quieren para todo el conjunto arquitectónico.

El jardín acoge talleres sobre plantas suculentas, cocina con flores o huertos urbanos

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De momento, el British Club se ha librado de algunos elementos ajenos al edificio original que habían sido añadidos durante el tiempo en el que la planta baja funcionó como restaurante y que deslucían el inmueble. Así ocurre con un cuarto exterior donde se encontraban los frigoríficos y que ahora simplemente es un pasillo al aire libre, o con el toldo metálico que cubría una parte del jardín posterior y que ahora ha sido retirado. Con la transformación, la fachada gana esplendor y la luz vuelve a inundar de forma natural la galería por la que se accede al resto de la tienda.

Puerta al parque

El club también ha recuperado la puerta que lo conecta con el arranque del Parque Romano, la misma que décadas atrás, cuando aún no existía la Avenida Marítima, permitía a los socios acceder directamente desde el edificio hasta la desaparecida playa de Santa Catalina, aunque este nuevo acceso no es el único cambio en el jardín desde los tiempos del restaurante. Como es de esperar, las plantas son ahora las protagonistas, todas colocadas sobre unas inmensas bobinas de madera que en su día sirvieron para transportar cables telefónicos. “Las vi en el campo y estuve buscando al dueño hasta que apareció”, cuenta con orgullo el responsable de La Casa de las Semillas.

Los proyectos de esta pareja para dinamizar su nuevo local -llevaban establecidos en la calle Leopoldo Matos desde 2008- no se limitan a la tienda de semillas y plantas. En el jardín ya organizan talleres para aprender sobre cultivos hidropónicos, cocina con flores, plantas suculentas o huertos urbanos, entre otras materias, y aspiran a poder convocar un mercadillo quincenal de productores locales donde sea posible comprar frutas y verduras de kilómetro cero, entre otras iniciativas que prefieren no desvelar por el momento. “Esto es el principio de todo lo que se quiere hacer”, apostilla Gómez.

La transformación del espacio que ahora ocupa la tienda es sutil, pero efectiva

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El cambio de localización es un sueño largamente acariciado por esta pareja, que llevaba años buscando un establecimiento con zona al aire libre donde poder materializar todo lo que tenían en mente. “Venía aquí por las noches y decía ‘tú tienes que ser mío”, explica Gómez, que consiguió convencer a los socios del British Club haciéndoles ver la mejora con respecto a lo que había hasta el momento, la actualización que iba a suponer para la institución y el respeto por el edificio y su historia que pensaban enarbolar.

Dos días

Una vez alcanzado el acuerdo, ejecutaron la mudanza desde las cercanías del Estadio Insular en un fin de semana frenético para las cinco personas que trabajan en la tienda. En solo dos días lograron trasladar todo el material e incluso levantaron una gran estantería metálica de suelo a techo donde ahora almacenan las macetas de grandes dimensiones .

La antigua cocina del Churchill acoge los ‘ingredientes’ para cultivar plantas en el hogar

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La propuesta para instalar la tienda fue acogida con entusiasmo por el club, según explica Margarita Bravo de Laguna Blandy. “Es una maravilla este tipo de actividad, nunca lo podríamos haber imaginado”, reconoce. Para la organización ha sido “un acontecimiento”, en palabras de esta socia, que celebra el cambio que ya ha dado la planta baja y los que están por venir. Mientras todas esas mejoras terminan de materializarse, Gómez y Martínez continuarán dando vida a este renovado espacio con el color y el aroma de las flores.

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