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Wynna sueña con ayudar a menores

La joven palmense estuvo recluida en un centro de menores cuando era adolescente y ahora su “sueño” es ser una jueza que inspire y rehabilite a los jóvenes

Wynna Zady en la Ciudad de la Justicia. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Wynna Zady en la Ciudad de la Justicia. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

Wynna Zady (Las Palmas de Gran Canaria, 1989) es una joven que proviene de una familia disfuncional y ha arrastrado problemas de su infancia al punto de que estuvo en un centro de menores a los 17 años y a los 19 ya estaba embarazada de su primogénito. Ahora su deseo es darle calidad de vida y los valores que a ella no le inculcaron, así como a rehabilitar a los menores porque “son el futuro”. Es por ello que ha abierto una campaña en: www.migranodearena.org/reto/-quiero-ser-jueza-de-menores pero también está en la búsqueda activa de un trabajo con el cual sustentarse para no depender de ayudas.

Ayudar a menores, ese es el sueño de Wynna Zady, una joven que nació en la capital y que tras el divorcio de sus padres comenzó a tener una vida difícil al punto de terminar en el Centro de Internamiento Educativo para Menores Infractores Valle Tabares de Tenerife por lo que, tras pasar por tantas experiencias buenas y malas, ha decidido que quiere inspirar y rehabilitar a los que todavía no alcanzan la mayoría de edad.

Todo empezó cuando Wynna tenía cuatro años, su madre había dejado a su padre porque era un maltratador y posteriormente se fueron juntas a Madrid con la nueva pareja de su progenitora. Ella ya había nacido con el gen de la rebeldía por lo que sumado a lo disfuncional de su familia, comenzó a intentar llamar la atención realizando travesuras y buscando quizá alguien que le protegiese y amase. Es por ello que en una de sus tantas vacaciones de verano se enamoró de un chico problemático y maltratador. Para ese entonces tenía tan solo 14 años y una madre que le permitió quedarse a vivir con su abuela en la capital grancanaria aplaudiendo el capricho de una adolescente que creía haber encontrado al amor de su vida.

Esta relación no sólo fue tóxica, sino probablemente el inició de una cadena de errores que Wynna cometió empezando por dejar de ir a clases y permanecer la mayor parte del tiempo en la calle porque tanto su pareja como los amigos de este la maltrataban y ella no sabía cómo pedir ayuda ante la falta de unos progenitores que la arropasen y es que el padre de ella también cortó comunicación con su primogénita. A los 15 años su madre se regresó a la Isla y comenzó a encargarse de ella pero la comunicación ya estaba rota y Wynna no sabía cómo decirle a su madre que su novio era un posesivo así que optó por escribir cartas con lo que sentía y dejárselas bajo la puerta.

La estudiante de Derecho busca un trabajo para volver a tener a su hijo a su lado

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Para cuando su progenitora empezó a llevarla al instituto ya ella contaba con malas amistades con las que se escapaba de clases. Además, tenía un “rencor” acumulado a su madre porque sentía que ella no le había prestado el cuidado y atención que necesitaba. “Cuando me enfermaba su marido le decía que yo me lo estaba inventando”, rememora. El respeto hacía quien le dio la vida ya lo había perdido es por ello que al cumplir los 16 se fue de casa y llamó a su madre para pedirle que no la buscase porque ella estaría bien y es que claro, la suma de la rebeldía innata sumada a la rabia que le tenía a su mamá, hizo que ya no quisiera estar con ella. Wynna creció añorando el amor de sus padres y creyendo que no lo recibió.

Su progenitora denunció la fuga de ella pero para cuando llegó la hora de la vista oral en el Juzgado de Menores número 1 de Las Palmas de Gran Canaria que dirige Reyes Martel ya Wynna se había regresado a la vivienda de su abuela pero no a la escuela y fue con su madre al juicio justo el día en que cumplió 17 años pero ya no había marcha atrás y le condenaron a una medida cautelar de internamiento cerrado en Valle Tabares por tres meses que fueron extendiéndose hasta que cumplió un año. Ese día le pusieron los grilletes y la trasladaron al calabozo a la espera de su traslado, cuando llegó al centro de menores a la única persona que llamó fue a su amiga para decirle que no iban a poder celebrar su cumpleaños.

“Un corderito”, así se sentía Wynna cuando entró por la puerta del recinto y se percató de que estaría acompañada de menores que cometieron delitos graves mientras que ella ni siquiera sabía pelear. Los primeros días se le fueron entre llanto y llanto pero el miedo la hizo reaccionar porque en el lugar reinaba “la ley del más fuerte” por lo que “terminas convirtiéndote en uno de ellos”, lamenta.

La joven ya se había ganado el respeto de los demás gracias a la agresividad verbal que mostraba pero también la fama de autora intelectual de todo lo malo que sucedía en el centro. Allí también tuvo un novio “bastante violento” que amenazaba con autolesionarse o acuchillar a Wynna para que ella estuviese con él.

A los 19 ya había salido embarazada de su hijo y para cuando se hizo adulta ya arrastraba varios temas judiciales por delitos cometidos cuando estaba en el centro como rallar el coche a su educador. Al punto de que le condenaron a trabajos para la comunidad y no pudo cumplir con las horas porque chocaba con la lactancia y cuidado de su bebé que ya cumplió 12 años y que, desde hace un año cuando se quedó sin trabajo, decidió que su hijo debía vivir con su padre que “ha sido maravilloso” ya que lo mejor para su primogénito era tener estabilidad.

Zady ha abierto una campaña para recaudar 1.800 euros y pagar la última matrícula

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Fue sentada en un banquillo donde descubrió que su pasión era ser jueza de menores y es que la magistrada que atendió su caso la trató con tanta dedicación que supo que su destino era demostrar a los que aún no cumplen la mayoría de edad que pueden salir adelante si se lo propone, así que se matriculó en la Escuela de Derecho a los 26 años gracias a una beca que por motivos personales perdió durante el tercer año de carrera ya que no pudo lograr los créditos necesarios para seguir beneficiándose. Ahora debe devolver 3.000 euros y también pagar al rededor de 2.000 para continuar con sus estudios. Es por ello que ha creado una campaña de recaudación de fondos -crowdfunding- titulada: ‘Quiero ser jueza de menores’ con la ayuda de su “ángel guardián” Reyes Martel a la que se volvió a encontrar cuando le propusieron colaborar en el Foro internacional para la inclusión social de los menores de la fundación UP2U Project cuya presidenta era la magistrada.

Sin embargo, resalta que quiere volver a tener a su hijo con ella, algo que no puede lograr sino tiene trabajo y es que además de vivir en un piso compartido se le está agotando ya el paro. Actualmente hace prácticas con Martel. “Es un camino largo y no tengo una vida fácil pero espero conseguir una oportunidad para continuar con mi vida y ayudar”, añora Wynna Zady.

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