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‘El empujón en el pantalán’ pasa de ser tentativa de homicidio a un delito de lesiones

La Fiscalía pedía en un principio una pena de siete años de prisión y ahora lo deja en dos

Martín C. L. ayer, durante el juicio en su contra. | | ANDRÉS CRUZ

Martín C. L. ayer, durante el juicio en su contra. | | ANDRÉS CRUZ

El fiscal rebajó ayer de siete a dos años de cárcel la petición de pena para el acusado de lanzar a un hombre a un pantalán en el Muelle Santa Catalina tras cambiar su calificación de los hechos e imputarle un delito de lesiones en vez de uno de homicidio en grado de tentativa como pidió en un principio.

Martín C. L. sostuvo ante el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas que desde el mediodía del 31 de octubre de 2016 estuvo bebiendo por lo que cuando cayó la madrugada del 1 de noviembre ya tenía en su cuerpo tanto alcohol como sustancias psicotrópicas y es que consumió “unas pastillas” que le dieron sus amigos. Ha asegurado así que no recuerda haber “tirado a nadie desde un murete” y que se enteró de lo sucedido una vez que se le bajó el efecto de lo consumido y empezaron a llegarle llamadas a la madre de su hija y a él sobre “lo que había pasado”.

El procesado ha manifestado que no sabía cómo llegó a su casa esa madrugada y que tal y como declaró en sede judicial estaba “arrepentido de lo que sucedió“ ya que será “una cosa que llevaré a mis espaldas toda mi vida”. Añadió que sólo vio lo que supuestamente hizo al día siguiente cuando los policías en el momento de su detención le enseñaron las imágenes captadas por una cámara del local de ocio nocturno en el que estaban antes de que ocurriese el suceso, así como que fue gracias a la ropa que él tenía puesta, que le situaron en los hechos “pero yo no veía que era yo”.

Fue la expareja de Martín C. L. quien llamó a la Policía Nacional esa noche y le denunció porque supuestamente intentó pegarle a ella ya que lo acababa de dejar porque andaba borracho y había lanzado a un chico desde un muro y le reventó la cabeza. Sin embargo, en sala de juicio y bajo juramento dijo que esa noche regresó a la vivienda sola y que no vio más al acusado hasta el día siguiente y que a pesar de no haber presenciado los hechos lo denunció porque estaba molesta con él y celosa.

La víctima por su parte, contó que había salido del local de ocio nocturno en el que se encontraba situado en el centro comercial el Muelle porque se sentía mal y es que tras beberse un sorbo de la copa ésta le sentó mal y empezó a tener arcadas. Primero se sentó en el espacio que había disponible en ese momento pero después resolvió tumbarse mientras se le pasaban las náuseas. En un momento dado sintió que alguien le tocó y le dijo: “Te vas para el agua” pero que pensó que había sido un conocido. Al abrir los ojos no vio a nadie que conociera y decidió seguir acostado ya que “no sabía si se trataba de alguien buscando pelea. Evité pararme para evitar problemas”. Pero en un momento dado y de manera “muy rápida” sintió unas manos debajo de él a la vez que alguien le decía: “para el agua”. Mientras caía al pantalán abrió los ojos y se percató de que podía caer en unas piedras. “Menudo leñazo me daré”, se dijo a sí mismo y es que recuerda “todo esto cada día de mi vida”, asimismo apuntó que después de eso sólo recuerda que despertó en el hospital vomitando.

El fiscal Javier García Cabañas le ha acusado de haber lanzado a la víctima con alevosía cuando esta se encontraba acostada en un muro que hay cerca del Muelle y es que según los testigos que depusieron en la vista oral, el encausado lo empujó hacía el pantalán a una altura aproximada de cuatro metros por lo que el agredido no tuvo la opción de defenderse ni de actuar para evitar su caída. Aunque reconoció la atenuante de embriaguez. El agredido presentó múltiples lesiones en el cráneo, riñón derecho, brazo y costillas. Además de secuelas como no poder cargar peso y vértigo, sumado a que está afectado psicológicamente por lo ocurrido.

La letrada de la acusación particular ha insistido en una pena de diez años por un delito de tentativa de homicidio y se adhiere de forma subsidiaria a las conclusiones del representante del Ministerio Fiscal. Mientras que la defensa alega que todo se trató de “una broma” y que, además de entender que la autoría de su cliente no está acreditada, se trató de una imprudencia por lo que pide un año de cárcel por un delito de lesiones. El juicio quedó visto para sentencia.

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