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Un apellido unido a la historia del plátano

Fyffes, un imperio sostenible

La tuberculosis de Ida Stanton Brown, esposa del fundador, motivó su traslado a Canarias y convirtió a los comerciantes de té en importadores de frutas

Comercio de Fyffes en Covent Garden Archivo J.L.Y.

Comercio de Fyffes en Covent Garden Archivo J.L.Y. J.L.Y.

Fyffes fue mucho más que una prisión franquista. Los ingleses fueron fieles al dulce sabor que había cultivado al fundadordel imperio Fyffes y cientos de relaciones se establecieron sobre esta relación comercial que nació fruto de la tuberculosis de Ida Stanto Brown, esposa de Edwar Whaten Fyffe. La búsqueda de mejores aires para su enfermedad convirtió a unos vendedores de te en importadores de frutas.

Si se pregunta a gente de nuestra tierra a qué le suena el apellido Fyffe, muchos por desgracia contestarán que a una prisión que instalada en unos antiguos almacenes de Santa Cruz de Tenerife sirvieron para recluir a los contrarios al golpe militar de 1936. Pero obviamente Fyffes fue mucho más.

A fines del siglo XVII, sobre 1789, arribó a Londres Henry Fyffe, un escocés que desde la ciudad de Perth llegaba a la capital inglesa a montar un negocio como “tendero y distribuidor de té”, dedicación familiar en su ciudad natal y a la que Henry y sus descendientes se aplicaron en las décadas siguientes.

Uno de ellos, su bisnieto Edward Wathen Fyffe fue el que inició el negocio de la venta de plátanos de Canarias que aquí se trata.

Edward había nacido en la pequeña localidad de Woodchester del condado de Gloucestershire el 31 de diciembre de 1853, hijo del comerciante de té Ebenezer Wathen Fyffe y de su esposa Martha Wathen Dunn. Su hermano Ebenezer no quiso continuar con el negocio del té, pero Edward sí entró en la E.W. Fyffe, Son and Co., la empresa mercantil de su padre.

En 1884 casó con Ida Stanton Brown, que enfermando de tuberculosis motivó el que se trasladaran en 1887 a Canarias a mejorar de la dolencia con nuestros aires. De una forma sorprendente, en sólo un año la empresa familiar inició tímidamente su transformación de comerciantes de té a importadores de plátanos. Tal como describe José Luis Jiménez, “el imperio mundial de la fruta que nació en Canarias por una tuberculosis surgió para vender plátanos canarios en el Reino Unido. Era la primera vez que veía plátanos y consideró que el mercado británico sería goloso para esta fruta”. Así Fyffe se decidió a montar una agencia de importación de frutas en Londres y dio inicio la andadura empresarial de su marca con el envío de dos racimos que llegaron las oficinas de la empresa familiar en Fenchurch Street de Londres. Aprovechando las relaciones comerciales que tenían a través de la venta del té, los plátanos canarios duraron poco y comenzaron en Canarias los acuerdos con dueños de fincas, navieras, etc que hicieron que la empresa creciera de una forma impresionante en la siguiente década.

En 1896, Fyffe se fusionó con otro proveedor con sede en Londres, Hudson Brothers, formando la Fyffe Hudson & C° con un cada vez más enorme montante de ventas y extensión comercial. Pero en septiembre de 1897 y de una forma inaudita, Mr. Wolfson, representante de la empresa en Canarias comunicó a los periódicos de las islas para su difusión una carta en la que decía

“Tiene ésta por objeto poner en conocimiento de V. que Mr. Edward Wathen Fyffe y Mr. James John Hudson, se han retirado de los negocios de frutos en estas Islas Canarias y en la de la Madera; habiéndome yo unido a sus antiguos consocios para continuar dichos negocios, en algunos de los cuales venía ya hace tiempo interesado. Para ese fin se ha pactado en Londres un arreglo, por el cual y para los mismos negocios ha quedado constituida la Sociedad “Fyffe Hudson & C.» Limited” de la que somos Directores Gerentes Mr. Richard Ridpath Blandy, Mr. Henry Wolfson, Mr. John Milberne Leacock y Mr. Edward Cecil Barker”

Fyffe dejó la empresa, pero siguió controlando sus pasos; que hicieron que la misma fuera avanzando imparablemente desde inicios del pasado siglo hasta convertirse en un gigante mundial de la exportación de frutas. Y su apellido continuó dando prestigio a la empresa durante el tiempo transcurrido desde entonces.

Pasos que iban dirigidos a superar los obvios contratiempos de trasladar un fruto, perecedero por definición, atravesando el Atlántico y teniendo que llegar a los mercados no sólo con buen aspecto sino evitando los daños del transporte y su correcta e higiénica conservación.

En 1900 los primeros plátanos de Fyffes llegaban a Irlanda, completando todo el territorio de Gran Bretaña.

La refrigeración por un lado y su preparación para el traslado con el mínimo de manipulación fueron cruciales ya a comienzos del siglo XX cuando la empresa iniciaba la extensión de sus operaciones por el Caribe.

El primer buque preparado para ello, el Port Morant, fue construido en 1901 por la empresa Alexander Stephen and Sons Ltd., una compañía de constructores de barcos de origen escocés con base en Linthouse, Glasgow e hizo su viaje cargado de bananas jamaicanas desde Kingston hasta Avonmouth el mismo año de su botadura.

Las actuaciones para la correcta manipulación de los plátanos y así evitar daños en la fruta vino en mayo de 1901 con la decisión de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio que concedió patente de invención por mejoras en el procedimiento mecánico para el envasado y estivado de plátanos y demás frutos análogos d don Henry Wolfson, en su calidad de socio de Fyffe, Hudson y C.

Estas mejoras comenzaron a aplicarse rápidamente en un procedimiento que quería evitar la lentitud en el empaquetado, la inutilidad de las jaulas de madera o guacales, así como procurar que cada racimo de plátanos ocupara el menor espacio posible a bordo de los barcos con lo cual se conseguiría abaratar el flete del racimo desde Canarias a Inglaterra.

Edward Whaten Fyffe, el fundador. J.L.Y.

El procedimiento descrito paso a paso en la mencionada patente consistía en que “se cubre cada racimo con guata, después se le pone una envoltura de papel fuerte, luego una de paja y finalmente y ésta es la que viene a sustituir al guacal de madera, se envuelve en una tela muy basta de cañamazo, la cual va cosida perfectamente. El racimo así empaquetado presenta la forma de un huevo de grandes dimensiones”

Conscientes del peligro que el transporte refrigerado traía consigo para las exportaciones isleñas hizo que políticos, cosecheros, agricultores, etc. apoyaran lo propuesto ya que como afirmaban “debemos buscar todos los medios para conseguir que el plátano de estas islas pueda venderse en Inglaterra a precios compatibles con el gasto que representa el poner dicho fruto en las playas inglesas, y sobre todo por la competencia que nos hace el plátano de Jamaica, que hasta ahora es un peligro para Canarias”

Y por último, ampliando horizontes empresariales, buscando puertos mejores y empresas navieras también en 1901 la Fyffe Hudson se fusiona con Elder Dempster and Company, con sede en uno de los principales puertos para las transacciones con las islas: Liverpool. En esa misma ciudad había sido fundada en 1868 por A. L. Jones, W. J. Davey y A. Sinclair. A nuestras islas llegaron en 1881 y aquí se dedicaban a distintas actividades como el carbón, la consignación de buques o la banca.

Así se creó la Elders and Fyffes Limited, que en los años siguientes trasladaron una imagen de eficacia y calidad con sus barcos, trenes, camiones, enormes zonas de almacenamiento portuario al negocio de la exportación frutera.

La recién creada empresa sufriría un primer revés en sus instalaciones cuando el 16 de enero de 1902 un temporal de viento de ser con calima unido a una serie de incidentes funestos acabara con dos incendios en San Nicolás y en Triana -en la sede de la compañía inglesa Grand Canary Coaling-, el hundimiento del techo del Circo Cuyás y un tercer incendio que afectó a una casa propiedad de Miguel Báez en la calle Alonso Alvarado donde Fyffes guardaba todo el material de empaquetado referido.

El segundo accidente en la empresa Elders and Fyffes en Gran Canaria fue otro sorprendente y voraz incendio que ocurrió al año siguiente.

En la madrugada del 24 de marzo de 1902 una noche de fuego destruyó los almacenes de Elders and Fyffes junto al muelle de Santa Catalina, destinados a depósito de efectos para empaquetar frutos y al embarque.

El que fue calificado como el incendio de más importancia que se hubiera presenciado y el que más pérdidas materiales ocasionó.

El cronista del espantoso accidente escribió que para comprender la magnitud del mismo bastaba con saber que aquellos extensos almacenes de tres cuerpos, pues los fosos constituían otro piso contenían “el cargamento de cuatro vapores, más de doscientos mil bultos, entre guatas para los frutos, fardos de papel y de paja, y un número incalculable de tablillas para guacales. Los tres pisos del edificio, el mayor de este género que se había construido en Canarias, se hallaban por completo atestados de efectos…el cielo, en un radio bastante extenso que abarcaba hasta Las Palmas, presentaba un color rojizo como si se tratara de un fenómeno celeste. Desde algunos pueblos de la isla se preguntaba por telegráfico qué pasaba en Las Palmas pues el color del cielo, para los que ignoraban la causa, infundía verdadera alarma. Visto el incendio desde el muelle de Las Palmas (tres kilómetros y medio del sitio del siniestro), ofrecía un espectáculo sorprendente, jamás hablamos visto cosa parecida. Nadie sabe cómo se produjo el fuego que empezó en el piso superior y en el ala norte del edificio. En la parte baja se hallaban más de cien hombres ocupados en las faenas de embarcar, por los muelles del edificio, gran cantidad de frutos que había de llevar á Londres el vapor Yornu. De repente avisan de la calle que había fuego en el piso superior. Hubo gente arrojada que subió a él. Se lanzaron a la calle, por las ventanas, algunos fardos de guata y paja incendiados, pero el fuego corría con velocidad pasmosa, y ante el peligro las gentes abandonaron el edificio. Tan rápidamente lo invadió el fuego que muchos de los obreros no pudieron ganar la puerta principal de salida y se pusieron en salvo, embarcándose, por el muelle auxiliar de los almacenes...a poco de caer el piso principal se desplomó la pared que mira al mar, permaneciendo en pie las del norte sur y poniente. La fruta destinada al embarque pudo salvarse. El edificio fue construido por The Grand Canary Coaling y costó 16.000 libras esterlinas y hará unos tres meses fue vendido a los señores Elders and Fyffes Cº para destinarlo al negocio de frutos. Las existencias de los almacenes estaban aseguradas en 20.000 libras. En total las pérdidas se calculan en más de millón y medio de pesetas”

En los años siguientes, desde el muelle de Fyffes en Sardina de Gáldar o desde Melenara las embarcaciones de la empresa estaban permanentemente llevando hasta La Luz lo que luego salía para Inglaterra. Pese a las ayudas gubernamentales a Jamaica y las dificultades del cultivo en Canarias, los ingleses fueron fieles al dulce sabor que había cultivado al fundador de la empresa y cientos de relaciones culturales -el fútbol, las canciones, el Pueblo Canario- se establecieron sobre esta relación comercial que aguantó muchísimo tiempo

Benito Pérez Armas afirmaba a inicios del pasado siglo que para que un racimo de plátanos de estas islas empezara a tener valor frente a la creciente competencia mundial era menester “que se saque en su venta más de esa enorme cifra a que suben los gastos. Los de procedencias americanas apenas llegan a un chelín seis peniques, ya tienen precio, de ahí arriba todo es valor para la fruta…desde el momento que los exportadores canarios se comprometan a darle a esa línea un millón de racimos durante el año, por ejemplo, no dudo de que encontrarían quien les hiciese el trasporte en las condiciones deseadas”

Los avatares del plátano a lo largo del siglo XX dan para mucho más y ahí queda pendiente.

En el 2019 Fyffes lanzó los ‘Principios de conducta empresarial responsable’

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Los de la empresa que soñara el inglés hace más de un siglo la han convertido en una de las más importantes empresas exportadoras de alimentos frescos a nivel mundial. En 1929 Fyffes se convertía en la primera empresa de frutas del mundo en poner una etiqueta en sus productos con la Fyffes Blue Label; el 30 de diciembre de 1945, el barco SS Tilapa llevó el primer envío comercial de 10 millones de plátanos al Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno inglés proclamó que todos los plátanos debían ir a los niños: una nueva generación probó por primera vez esta exótica fruta tropical; en 1969 la Fyffes Group Ltd. Elders & Fyffes se convirtió en la Fyffes Group Ltd; en 1975 Velleman & Tas (luego adquirida por Fyffes) entra en una sociedad estratégica con la cooperativa colombiana Uniban; en 1986 Fyffes es adquirida por Fruit Importers of Ireland (FII) bajo el liderazgo de Neil McCann y pasa a llamarse Fyffes plc.: en 1995 David McCann, el hijo de Neil, se convierte en director ejecutivo en 1995 y presidente en 2006; en 1997 la empresa presentó su “Código de prácticas” que debían cumplir sus empresas y socios contractuales. El Código establece a estándares en relación con el producto, las personas y el medio ambiente; en1998 Fyffes se centró en la producción orgánica y llevó sus primeros plátanos orgánicos al Reino Unido; en 1999 se convirtió en miembro fundador de EurepGAP (ahora GlobalGAP) como parte de su compromiso con el comercio justo y un enfoque en los estándares internacionales de certificación; en el 2000 trabajó con Fairtrade para llevar las primeras bananas etiquetadas Fairtrade al Reino Unido (la empresa pronto se convierte en el mayor importador de bananas Fairtrade en el Reino Unido y luego en Europa); en el 2005 suscribe una alianza estratégica con Uniban SA (la principal cooperativa exportadora de banano y plátano en Colombia) a través de una propiedad al 50% en Turbana Corporation con lo que se convierte en el quinto mayor proveedor de banano del mercado estadounidense; en el 2007 ingresa al negocio del melón de invierno en los EE. UU; en el 2008 entró en el cultivo de la piña con la adquisición de Anexco en Costa Rica; en el 2015 compró su primera finca bananera Finca Frutas de Escocia en Costa Rica; en el 2016 Turbana Corporation se convirtió en Fyffes North America; el 17 de febrero de 2017, la propiedad de la empresa pasó a Sumitomo Corporation; en el 2018 diseñó su primera estrategia de sostenibilidad global, alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU; en el 2019 Fyffes lanzó los Principios de conducta empresarial responsable; el pasado año Helge Sparsoe se convirtió en CEO, el máximo ejecutivo de la empresa e inició una revisión estratégica de la misma y este año Fyffes lanzará un Informe de sostenibilidad integral que describa los objetivos, compromisos y métricas para las mejores prácticas futuras para los años tras la pandemia

Todo ello superaría los sueños y expectativas del Fyffe fundador.

Edward Wathen Fyffe falleció en 1935 en su Gloucestershire natal cuando ya su criatura era mucho mayor de lo que él pensara nunca. Pero seguro que él seguía comiendo plátanos de Canarias.

En 2020 Helge Sparsoe se convirtió en CEO, el máximo ejecutivo de la empresa e inició una revisión estratégica de Fyffes.

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