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Urbanismo
Elsa Guerra Jiménez Arquitecta y urbanista

Elsa Guerra: «Hay que repensar la ciudad para hacerla más verde y más inclusiva»

Elsa Guerra Jiménez

Elsa Guerra Jiménez

La arquitecta y urbanista Elsa Guerra Jiménez (Las Palmas de Gran Canaria, 1959) habla en esta entrevista de la necesidad de repensar las ciudades para hacerlas más verdes e inclusivas. Resalta que el urbanismo de género, el que se hace pensando en las mujeres, permite revisar la forma en la que se entiende y se proyecta la ciudad y el objetivo es alcanzar ciudades más inclusivas que benefician todas las personas.

¿Cómo se diseña una ciudad para todos y todas, qué es el urbanismo con perspectiva de género?

Cuando hablamos de urbanismo con perspectiva de género o urbanismo feminista estamos pensando en las mujeres, pero ello ha permitido revisar la forma en la que se entiende y se proyecta la ciudad pensando en todas las personas y su fin es alcanzar ciudades inclusivas y para todos. Cuando analizamos la ciudad con perspectiva de género, ponemos el foco en aspectos que tienen que ver con la vida cotidiana y con lo que no es tan productivo. Nuestras ciudades y nuestra cultura están bastante connotadas por lo productivo y la funcionalidad del espacio público se ha concebido como el lugar del recorrido del intercambio de mercancías o el movimiento hacia trabajos remunerados, pero la vida es mucho más que eso. Es la cantidad de cosas que hay que hacer para cuidarte a ti misma, de tu vivienda, de la manutención y la atención a colectivos dependientes y todo eso son aspectos que no estaban articulados y no se tenían en cuenta a la hora de planear las ciudades.

¿Cuáles son las consecuencias de ese planeamiento?

Eso ha significado que tenemos un espacio público, un bien común esencial, que está conformado por calles que básicamente son asfalto para el paso de vehículos o para el aparcamiento y sin embargo no contamos con suficientes espacios peatonales y verdes. La inclusividad y lo verde van absolutamente de la mano y son las dos líneas con las que se está abordando y se pretende afrontar la transformación de las ciudades.

«La ciudadanía quiere tener los servicios cerca, en su barrio y tener espacio para respirar»

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¿Cómo es la ciudad que necesitan las mujeres para desenvolverse con más seguridad?

Es la ciudad que necesitan todas las personas. Cuando analizas con perspectiva de género la seguridad en el espacio público, ves que las mujeres están sujetas a determinadas violencias y que por tanto somos expertas en inseguridad. La percepción de inseguridad ya es suficiente para que una persona no sea libre y el espacio público no sea de ella. En Canadá han trabajado con el tema desde hace varias décadas y empezaron a hacer marchas exploratorias con mujeres que iban transmitiendo donde se sentían inseguras, donde la ciudad no las acompañaba. Se dieron cuenta de que cuando atraviesas una manzana enorme de una ciudad sin bajos comerciales, ni ventanas ni actividad de ningún tipo, eso crea un área de inseguridad muy importante. Por tanto, hay que evitar esos espacios. Otro tema importantísimo es el de la iluminación del espacio público, pero cuando trabajamos en esos temas y se resuelven y se incorporan a la ciudad,contribuyen a la mejora del bienestar y la calidad de vida de todas las personas, porque colectivos vulnerables son también las personas mayores, las personas con cualquier tipo de problema y, sobre todo, los niños y las niñas. Desde la perspectiva de género se ha ido desarrollando una instrumentación que ya se está incluyendo en la legislación urbanística y en las normas y beneficia a todas las personas. Esto ocurre también en la vida cotidiana, porque en la actualidad la mayor parte de las labores de cuidados las realizan las mujeres. Por tanto,las mujeres se han convertido de alguna manera en expertas en esa parte de la vida que no es productiva y que nadie ha atendido y cuando recorres con ellas la ciudad, te van ayudando a conseguir ciudades más accesibles, que permitan el juego y el esparcimiento de las niñas y de los niños o que atiendan a las personas mayores. Los equipamientos o lugares de atención a personas mayores deben situarse cerca de sus viviendas y espacios públicos donde se puedan sentar, con sombra, donde el aire sea respirable y ahí volvemos otra vez a enlazar con la calidad de vida y la mezcla del verde y la inclusividad.

«Con la pandemia nos topamos con el asfalto y echamos en falta un mayor espacio peatonal»

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¿Qué limitaciones y problemas tiene en ese sentido Las Palmas de Gran Canaria?

Los mismos que todas las ciudades, las cuales están abordando en estos momentos el cambio en la mejora de la sostenibilidad, que implica tanto el aspecto medioambiental como la inclusividad y que son los dos corazones de la sostenibilidad. Las ciudades tienen que rebajar sus emisiones y están haciéndose planes para la mejora del transporte público y reducir el vehículo privado. Esta ciudad ha apostado por la metroguagua, un proceso que va acompañado de una transformación urbana que rescata espacio peatonal. En esa vía se está caminando y eso va a ayudar a la inclusividad. Es importante que el espacio que se rescate sea peatonal y además esté diseñado adecuadamente y que la articulación del transporte tenga que ver no solamente con que las personas van y vienen del trabajo sino con que se mueven para adquirir un servicio cualquiera o para ir a los colegios.

¿Qué hay que hacer para que el transporte público responda a las necesidades de todos los colectivos?

Es importantísimo que antes de cualquier desarrollo o transformación urbana se cuente con una participación pública muy amplia, porque cada barrio tiene un montón de connotaciones. Hacer partícipes a las personas es lo más que nos va a ayudar. El transporte tiene que posibilitar que desde cualquier barrio puedas relacionarte con facilidad en cualquier horario y acceder a todos los servicios necesarios. No solo esa franja horaria que tiene que ver con ir o volver al trabajo. Como en las ciudades hay que caminar hacia la peatonalización y el uso básico del transporte público, va a ser esencial contar con aparcamientos en el exterior de la ciudad donde se puedan aparcar el coche y te puedas mover con transporte público, andando o en bicicleta en los ámbitos urbanos. Es la única forma de rescatar una parte del espacio público que es necesario.

«Abandonamos en su día a día a un montón de gente, a la que la ciudad no ayudaba a vivir»

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¿En qué consiste la ciudad de proximidad?

La ciudad próxima es uno de los temas en los que se ha trabajado desde la perspectiva de género. Hay ciudades en Finlandia, por ejemplo, donde llevan muchísimo tiempo de desarrollo y aplicación. Pero es verdad que ha cobrado en los últimos tiempos mayor difusión y con la pandemia todavía más. La pandemia ha acelerado algunas reflexiones y procesos en relación con la ciudad que estaban en marcha, como el de la atención a la ciudad próxima, que tiene que ver con la vida cotidiana. No sólo se puede ver la ciudad como un sistema sobre un plano, donde los barrios están organizados y hay una geografía y unas vías rápidas de movilidad. Cada barrio hay que verlo en la escala y tiene que contar con la tienda de productos diarios, con el equipamiento de cuidado para personas mayores o para niños y para niñas o colegios de primaria o con lugares de juego y esparcimiento. Tiene que haber pequeñitas zonas verdes y tenemos que atender los trayectos a pie, a pequeña escala. 300 metros es lo que recorre una persona mayor que tiene dificultades para caminar, pues en esos 300 metros tiene que poder acceder a un lugar de personas mayores o a un sitio verde al que a lo mejor va con un niño o una niña y lo cuida. Se trata de que miremos la ciudad en el funcionamiento peatonal, en ese que, cuando llegó la pandemia y apenas podíamos recorrer un trocito alrededor de nuestra casa, nos encontramos con aceras de un metro y un montón de asfalto. La ciudadanía se ha dado cuenta de que es importante su barrio, el ámbito cercano a su vivienda, donde quiere encontrar los servicios cotidianos y tener espacio suficiente para respirar, para charlar con las vecinas y para que las niñas y personas mayores tengan lugares para vivir y para respirar. Eso es la ciudad próxima. Hay quien habla de 15 minutos o 20 minutos. Lo de los 15 minutos es importante porque se incorpora el tiempo y el tiempo es una variable que hasta ahora no se utilizaba en la ordenación de la ciudad y es muy importante.

¿Por qué?

Lo importante es el tiempo que inviertes en los trayectos y hay que pensar en ello y siempre en función de las personas que tienen mayores problemas. Si pensamos en accesibilidad, en cercanía, en calidad de vida, en los equipamientos desde la perspectiva de los colectivos que lo tienen más difícil, lo que hacemos es mejorar la ciudad para todas las personas.

En cualquier caso, se trataría de un diseño de la ciudad totalmente opuesto al que se ha hecho hasta ahora, con barrios aislados y sin apenas servicios

El tema de la zonificación cuando se hablaba del ámbito residencial y se hablaba de ciudad dormitorio. En realidad no es una ciudad dormitorio, porque allí vivían un montón de personas que se quedaban allí todo el día y que no tenían a donde ir y cuando se programaba el transporte público casi no llegaba o tenía una frecuencia que hacía inviable que esas personas se movieran. Estabas abandonando a un montón de personas en su día a día, a las que la ciudad no estaba ayudando ni cuidando para vivir. Cualquier ámbito tiene que contar en su cercanía con equipamientos y servicios suficientes para que en la proximidad de tu vivienda y luego en diferentes tipos de proximidad las personas puedan vivir con una calidad adecuada.

«El urbanismo que se hace pensando en las mujeres beneficia a todas las personas»

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¿Cómo se puede romper con la gran dependencia del coche que ha contribuido a deshumanizar nuestras ciudades?

Eso se consigue con estupendos sistemas de transporte público, rápidos y eficientes que permeen todo el territorio y con medidas que no incentiven a entrar en la ciudad con el coche. Lo que se está haciendo en todas las ciudades hoy. En todas se está demostrando que el cambio se produce solo si tienes buenos ámbitos peatonales, porque el transporte público funciona muy en relación con la capacidad de caminar y con la red de bicicletas.

¿Las calles tienen género?

Esa afirmación hay que entenderla como que nada es neutro. Cuando hablamos de calles en las cuales las aceras son estrechas, hay escalones o saltos que impiden la accesibilidad adecuada, esas calles están discriminando. Por tanto, caminar hacia una ciudad inclusiva significa crear una ciudad donde cualquier condición de sexo, pero también de edad o de salud no hace que te sientas discriminada.

«Es importante que el espacio público que se rescate sea peatonal y se diseñe de forma adecuada»

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¿Cómo se puede aplicar el urbanismo de género a la edificación?

Poco a poco. El género es una construcción social y la tenemos inserta en nuestra cultura. La llevamos en las tripas, en nuestros cuentos, nos las han ido dando como decía Juan Manuel Serrat con cada cucharita y con cada canción. Y lo llevamos dentro de toda nuestra cultura y por tanto debatir, ponerse las gafas violetas, significa mirar de forma crítica lo que tenemos y darnos cuenta de que puede ser mejor. Al final, la concienciación ciudadana es importantísima en el urbanismo y en todo. Todo avance hacia la inclusividad, que se está traduciendo desde el rescate de mujeres referentes que han sido olvidadas en la cultura, en arquitectura y en urbanismo también. En estos momentos estamos trabajando en la regeneración urbana, transformando la ciudad que ya existe. Cuando se transforma un área residencial, además de mejorar las instalaciones o pintar la fachada, es importantísimo que haya ascensores para facilitar la accesibilidad. O pensar como es la entrada a la vivienda y que no haya lugares oscuros o recovecos o muros cerrados que obliguen a transitar por un ámbito inseguro. Que haya un lugar con verde para que se pueda jugar muy cerca de casa y eso lo podemos ir haciendo con pequeñas intervenciones, a partir de una ciudad que tiene capacidad de transformarse en lo que necesitamos. Por tanto hay que trabajar en estas pequeñas cosas, pero en paralelo con las grandes. Eso significa que hay que volver a repensar las ciudades en su conjunto, no podemos seguir trabajando con los planes anteriores. Tenemos que volver a pensar en la ciudad en global, ver como es esa infraestructura verde que arma nuestras ciudades, a volver a mirar cada barrio con participación ciudadana y con la escala próxima, en actuaciones de pequeña o mediana escala. Esto es un poco lo que se está haciendo en todas las ciudades. Es importante que la norma establezca como se aplica la igualdad. La densidad alta es también importante en suelos como el canario, porque no podemos estar ocupando el territorio como una mancha de aceite. Todo eso hay que combinarlo con un espacio público con un montón de verde, muchísimo más del que tiene ahora, con mucho más espacio peatonal y esa vida a todas las escalas de la ciudad, con la que tampoco cuenta.

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