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El pasaje de las grietas y el abandono en la Vega de San José

Urbanismo prevé rehabilitar la mitad sur del Polígono, una zona donde la basura se acumula en los parterres y los bloques están rajados

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Barrio de la Vega de San José, en Las Palmas de Gran Canaria. José Carlos Guerra

A la altura del número 35 de la calle Córdoba existe un pasaje que es la viva imagen de esta zona de la Vega de San José: los bloques de viviendas presentan profundas grietas en sus muros y bajantes, la basura se multiplica en los parterres y la dejadez se ha adueñado de los jardines. «Abandono total», exclaman los vecinos. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ha incluido esta parte del conocido como Polígono de San Cristóbal dentro del plan de rehabilitación de nueve barrios de la capital que ha enviado al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana con el objetivo de captar 66 millones de euros de fondos europeos para poder hacerlo realidad. Un proyecto que incluye la mejora de viviendas y zonas comunes y en el que se incluyen, además de la Vega, el Grupo Sanz Orrio, en La Isleta; el Grupo R. Suárez Franchy, en Lomo Apolinario; El Batán; Escaleritas y Chumberas; Zárate; Lomo de los Chinches, en La Feria; la Fase 3 de Jinámar y La Paterna.

La concejalía de Urbanismo, que dirige Javier Doreste, quiere destinar cinco millones de euros a la rehabilitación del tramo de la Vega de San José comprendido entre la calle León -sobre el túnel- y el Hospital Insular. La otra mitad ya ha sido rehabilitada o está en vías de, pero en esta ocasión el edil subraya que el plan contempla también mejorar el entorno de las viviendas, tal y como requiere la Comisión Europea para poder incluir el plan dentro del Programa de Rehabilitación para la Recuperación Económica y Social de los entornos Urbanos.

Hay tramos de los pasajes con las baldosas levantadas y donde los muritos han desaparecido

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Los bloques de viviendas de esta parte del Polígono fueron entregados a comienzos de los años 80; a pesar de ser más nuevos que los de otras barriadas de casas sociales de la ciudad, nunca han sido rehabilitados, por lo que los desperfectos se han ido multiplicando, al tiempo que el escaso poder adquisitivo de sus propietarios hace que no puedan hacer frente a una reforma de envergadura. «Se está rajando toda la caja de escalera por fuera y tira hacia los lados», apunta Juan Melián Santana, residente en el citado pasaje de las grietas y el abandono de la Vega de San José.

«Esto es una vergüenza, hace un par de años con las lluvias se hundió el suelo en ese punto y se abrió un boquete enorme», resalta Melián mientras señala un parcheado de cemento que hay sobre el suelo, el cual tuvieron que poner los propios vecinos justo en ese punto que describe.

«Pusimos todos los bajantes por fuera del edificio para que no siguiera filtrándose el agua y rompiendo todo», apunta este vecino. Aún así, en algunos puntos se observan caídas de cascotes y el armazón de hierro de las vigas, con varios puntos donde hay goteras. Las grietas se han multiplicado por toda la base y avanzan por los muros, en algunos puntos con varios centímetros de ancho.

«Esa parte del muro exterior se cayó y tuvimos que echar un encofrado», señala Melián. Mientras, a su alrededor, la desidia se ha adueñado de este y de los demás pasajes de la zona. A sus espaldas la basura se amontona en forma de botellas, vasos de plásticos y demás desperdicios propios de un botellón, «ahí vienen a fumar y beber, siempre hay follón», denuncia otro vecino.

Damero de bloques de cuatro alturas

Los árboles y plantas de estos pasajes no corren mejor suerte que la de los edificios. Por no decir que están en peores condiciones. Las palmeras llevan años sin podarse y las malas hierbas cubren los parterres, salpicados eso sí por basura de todo tipo y por las palmas muertas que caen de las washingtonianas. «En el Ayuntamiento dicen que son zonas privadas, pero por aquí pasa todo el mundo», comentan Melián y Pedro Santana Cruz.

La Vega de San José está compuesta en esta zona por un damero de bloques de cuatro alturas comunicados por un laberinto de pasajes y escaleras, en su mayoría con un aspecto muy degradado. Hay tramos donde las baldosas están levantadas y los muritos que delimitan los parterres han desaparecido, con los materiales a veces mezclados entre las malas hierbas. Aunque no es esta la estampa en todos los jardines. De hecho, muchos vecinos hacen vida en los portales de sus edificios, donde habitualmente bajan sillas de playa y se sientan allí a echar la mañana o la tarde o, incluso, hay bloques donde han hecho pequeños huertos.

«La mayoría están muy abandonados, el nuestro más o menos está bien porque entre varios del bloque lo limpiamos», indica Petra Corujo, vecina de otro pasaje de la calle Córdoba. «La zona necesita un arreglo», comenta, mientras reconoce el «buen trabajo» que se ha hecho en la mitad norte del barrio. Gracias a esta rehabilitación impulsada por el Ayuntamiento varios edificios tienen ascensor por primera vez. Según el edil Doreste la idea es hacer lo mismo en la mitad sur, «allá donde sea posible».

"Hay vecinos que desde su casa ven las ratas que anidan en las palmeras", indica Melián

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«Son tres pisos y llego arriba asfixiada», apunta Consuelo, vecina de 82 años de la calle Córdoba. «Encima no hay barandilla en la escalera, tengo que agarrarme de quien pase cuando me canso», explica. Solo en la zona delimitada por las calles Málaga, León y Córdoba hay más de 50 bloques de cuatro alturas sin ascensor.

«Tengo 70, no soy tan mayor pero la edad ya se va notando», apunta Petra Corujo mientras conversa con Consuelo, «encima padezco de las cervicales», añade. Pedro Santana Cruz, otro vecino que también supera las ocho décadas de vida, sufre el no tener ascensor en su bloque. «Tengo que descansar siempre en el segundo, mirar un rato por la ventana y luego seguir», señala.

Una ventana desde la que ve unas palmeras sin podar desde hace años. «Milagro no le han pegado fuego como en otros sitios», comenta. «Hay vecinos que desde su casa ven las ratas que anidan en lo alto de las palmeras», añade Juan Melián Santana a la conversación. «Aquí los troncos no tienen la cinta metálica para que no suban, así que son todo nidos de ratas en las copas», detalla resignado ante la dejadez y a la espera de esos millones llegados de Europa.

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