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Barrios que buscan fondos (VII) | Jinámar

Una canasta entre malas hierbas en Jinámar

Los vecinos de la Fase III del Polígono afirman sentirse «abandonados» en un barrio con espacios libres en ruinas y carreteras repletas de baches

Una canasta entre malas hierbas

Una canasta entre malas hierbas | JOSÉ CARLOS GUERRA

Entrar en coche en la Fase III del valle de Jinámar, perteneciente al municipio de Las Palmas de Gran Canaria, significa cruzar un mar de baches, socavones y parcheados. Los jardines sin podar y la suciedad se suceden un bloque detrás del otro. Así hasta llegar al final de la calle, donde una canasta entre hierbajos se levanta en mitad de la nada. “Nos tienen abandonados, antes esta parte del Polígono estaba mejor que la de Telde, pero ahora es al revés”, señala tajante Zeneida Hernández mientras conversa con dos amigas a la sombra en un parquillo. Después de años con escasas inversiones en la zona, el Ayuntamiento capitalino ha incluido esta urbanización fronteriza en el plan de rehabilitación de nueve barrios de la ciudad que ha remitido al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, y con el que espera poder captar 66 millones de euros de fondos europeos.

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Barrios que buscan fondos (VII) | Jinámar José Carlos Guerra

Los edificios de la Fase III de Jinámar, en el mismo límite entre los municipios de Las Palmas de Gran Canaria y Telde, fueron entregados en 1982 y desde entonces sus vecinos pocos cambios han visto. «Necesitan ya un arreglo», afirma Hernández, «mira ese bloque, tuvieron que mallar la esquina porque empezó a caerse a trozos», comenta mientras señala la cornisa del inmueble a sus espaldas, cubierta por una red. Cerca de allí, una vieja pileta de lavar la ropa, entre otros residuos, adorna el parterre junto a la solitaria canasta de baloncesto.

La canasta es un «símbolo», señala José Antonio Medina Alemán, otro vecino de la Fase 3. Icono de la dejadez y del paso del tiempo. Una zona deportiva peligrosa para los niños, sin sombra, sin bolardos de seguridad, baldosas en mal estado, un tablero rumbiento y con la red apunto de caer, en un espacio minúsculo -apenas hay seis metros hasta el bordillo de la calzada- y con las líneas de juego delimitadas con tiza en el suelo. «Allí ya no juega nadie, antes los chiquillos sí lo hacían», indica Medina. Cerca de allí se encuentra el otro equipamiento deportivo de la fase III: una pista de skate cuyo pavimento de caucho ha sido en parte arrancado y desperdigado por la zona.

El proyecto propuesto por la concejalía de Urbanismo prevé invertir en esta zona de Jinámar cuatro millones de euros en la rehabilitación de las viviendas, de los espacios libres y mejoras en la accesibilidad. En 2019 el Ayuntamiento amplió el parque de la urbanización, tras derribar el colegio Europa -cerró sus puertas en 2015 después de sufrir los efectos de unas fuertes lluvias-, pero las zonas verdes de los bloques están deterioradas y la calzada repleta de socavones. Los edificios, aunque en mejores condiciones que en otros barrios de casas sociales de la ciudad dada su menor antigüedad, presentan pequeños desconchones y desperfectos.

Josefa Peña y Juana Rodríguez a la sombra en un parquillo de Jinámar. José Carlos Guerra

«Allí ya se ven las zapatas de los cimientos del bloque», resalta Medina. «Los pisos están como cuando nos los dieron, no los han vuelto a pintar nunca», añade mientras le da un repaso a su coche. A su juicio, las administraciones han tenido al barrio «en la indigencia», y es que a los socavones en la calzada que tacha de «vergüenza» hay que sumarles la basura que se acumula en los parterres y los laberintos de escaleras con apenas rampas accesibles. «Dicen que somos unos guarros, deja de limpiar Las Canteras dos semanas para que veas que pasa», apunta. «Si alguien pone una lata, en pocos días tienes 10, la basura atrae más basura», indica.

El historial socioeconómico de los habitantes de esta antigua vega agrícola es un lastre. Con tan solo 18.270 euros de renta anual, la zona que conforma la Rambla y la Fase III de Jinámar es el barrio más pobre de Las Palmas de Gran Canaria. Y lo cierto es que, después de 38 años viviendo en la zona, el sentimiento de muchos vecinos es el de «abandono». «Aquí nunca se hace nada», repite al paso ligero Saro Santana; a lo lejos, señala cómo sí han rehabilitado los bloques de la zona teldense del Polígono.

En unos pocos bloques, los vecinos han adecentado los parterres. En otros, las hojas de las palmeras amenazan con entrar en las viviendas. «Está todo lleno de basura, Jinámar está puerca», apunta Josefa Peña sentada a la sombrita en el mismo banco que Juana Rodríguez y Zeneida Hernández. «Fíjate si las carreteras están mal que ya me he caído dos veces por culpa de los agujeros, no me hice nada, pero una ya es mayor y acaba con el cuerpo dolorido», destaca Fefa, como la llaman sus amigas. Delante de ellas, un parquillo donde las malas hierbas brotan entre el pavimento; a sus espaldas, un solar entre bloque y bloque cubierto de plantas secas.

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